Bambi te kiero o la verdadera historia de un ciervo de cola blanca que se perdió en un laberinto al mirar por la ventanilla del vagón hacia la ciudad que dejaba atrás. Por desgracia, Bambi se convirtió en lobo. No hay historia que termine bien.
martes 30 de noviembre de 2010
lunes 29 de noviembre de 2010
Don Alonso renuncia a las novelas de caballerías junto a críticos fatigados y noticias de nuestro Quijote
Siempre me ha dado la impresión de que muchos de los estudiosos del Quijote llegan al final de la novela fatigados por los análisis realizados de tantas aventuras y con las ideas demasiado fijadas desde capítulos antes. En concreto, las últimas líneas contienen una fina ironía cervantina en la que pocos parecen haberse parado a pensar. La crítica ha insistido, hasta la saciedad, en una de las afirmaciones que contienen:
y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que, por las de mi verdadero don Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna.
Con la lectura directa de esta frase encaja que don Alonso recupere la cordura, abomine de las novelas de caballerías y ordene a las albaceas de su testamento que averigüen si el futuro marido de su sobrina sabe de este tipo de literatura antes de dar su consentimiento, aparte de la última alusión a Avellaneda pidiéndole perdón por haberle dado lugar a escribir su novela.
Hay un matiz moral en esta interpretación, arrastrado de la tradición crítica. Por una parte, el Quijote se había concebido como parodia de las novelas de caballería para acabar con ellas, tal y como textualmente se afirma en el libro y, en especial, con los aspectos más fantasiosos que hacen que los lectores escapen de la realidad problemática de su época y sueñen aventuras, dado que soñar siempre les ha parecido mal a los moralistas. Por otra, Cervantes no podía dejar morir loco a su personaje, sino sensato y con todos los trámites de un buen cristiano y mejor español, dejando todo ordenado: es decir, un hombre no sólo bueno sino correcto según los cánones de la época.
Curiosamente, en este camino sin matices están incluso los críticos que dudan de la locura de don Quijote. Por eso mismo, les desconcierta que Cervantes se afanara en una última novela, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional (1617), que pertenece a un género que contradice la lección narrativa del Quijote propugnando un argumento propio de las novelas idealizadoras del estilo de las que, según parece, querían acabarse con la historia del hidalgo lector. Para muchos, el Persiles es un paso atrás del autor o una cesión a la moda literaria de la época o un desesperado intentento por ganarse fama como autor de una modalidad narrativa seria ya que el Quijote era leído en su época mayoritariamente como una obra de humor o una mezcla de todas estas razones. Pero quien escribiera el Quijote no puede olvidarlo todo en pocos meses por muy anciano y necesitado que se encuentre.
En efecto, don Alonso muere poniendo especial cuidado en dejarlo todo ordenado según correspondía a un buen católico español: ante la muerte, como hemos dicho en la anterior entrada, no hay burlas y Cervantes deja ir al personaje con la dignidad que, en otros casos, le había negado.
Pero la historia no se cierra con la muerte del hidalgo y ni siquiera le corresponde al Cervantes autor ni al Cervantes personaje-narrador hacerlo. Repito que algunos críticos parecen tomar a título de inventario la última página y se olvidan de que Cervantes ha jugado con los lectores desde la primera. No es Cervantes quien pronuncia las últimas frases: deja la voz narradora en manos del prudentísimo Cide Hamete. Como sabemos, Cide Hamete es un narrador poco fiable y, además, es al que se debe la continua confusión entre novela e historia.
Con lo anterior no se niega que Cervantes quisiera terminar con las historias de caballeros: pero no con todas, sino con aquellas que se apartaban de la ficción verosímil (véase de nuevo el escrutinio de la biblioteca). De hecho, el Quijote es el mejor ejemplo de la posibilidad de una novela de caballerías verosímil. No se termina con las historias de caballeros: se les da nueva vida. Y se permite que se sueñe y juegue en la vida real. Una nueva lección para la historia de la narrativa posterior. Por eso, el narrador Cervantes cede la voz al verdadero autor de la historia, Cide Hamete.
Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.
También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.
Noticias de nuestro Quijote
El Sr. de la Vega continúa con la publicación del verdadero último capítulo del Quijote. Lo hace con sutileza cervantina y apostando por continuar con la ambigüedad en muchos puntos. No os perdáis esta entrada.
Firvulag vuelve sobre la locura de don Quijote e introduce elementos interesantes en el debate.
Antonio Aguilera quijotea en la entradilla de su escrito en el que propone la sana solución de reírse de uno mismo.
Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, sigue atrapada por los secundarios y, como Marcela no tuvo oportunidad, viene ahora a hacernos ver que es libre.
Antonio Aguilera quijotea en la entradilla de su escrito en el que propone la sana solución de reírse de uno mismo.
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Vale.sábado 27 de noviembre de 2010
Enjaulados
Nos dejamos encerrar y recorrimos felizmente anestesiados el parque temático en el que se había convertido la vida. Con la misma mansedumbre aceptamos ahora el miedo y cedemos por temor a perderlo todo. Curioso el camino de la crisis actual que recorre gran parte del mundo: que los mismos que nos hicieron entrar en la jaula nos esperen a la salida más ricos, más seguros, más cínicos a nuestra costa.
viernes 26 de noviembre de 2010
El Cid bombardea con pan la ciudad de Valencia
El jueves revisé, con mis alumnos, la película El Cid (1961) dirigida por Anthony Mann, producida por Samuel Bronston y protagonizada por Charlon Heston y Sofía Loren.
La verdad es que no sabía cómo resultaría la experiencia: es una película que está muy lejos de lo que hoy se hace con este tipo de cine histórico tanto en el tratamiento de la trama como en la actuación y en la posición de la cámara. Por otra parte, películas como ésta han desaparecido de la programación televisiva, como casi todo lo que tenga más de veinte años, confinado a canales temáticos minoritarios, y las generaciones más jóvenes han perdido la costumbre de verlas y aceptar sus ritmos. Por supuesto, hubo algunos momentos que resultaron tan distantes del gusto de mis alumnos que les provocaron la risa o la extrañeza: la forma en la que el joven Rodrigo Díaz de Vivar lucha en su primer combate les pareció impropia de un héroe; algunas situaciones trágicas, por excesivamente impostadas y evidentes, causaban el efecto contrario del buscado. Supongo que también les afectaría el hecho de que los efectos especiales, la actuación de los especialistas de las escenas de acción y los recursos de maquillaje para representar heridas quedan muy pobres en comparación con los actuales: esto era inevitable. Sin embargo, la película les gustó por la mezcla de tratamiento de la historia y romance y por el indudable aliento épico que tiene. El balance fue positivo para ellos en general.
Recuerdo haber visto esta película en mi infancia, en la televisión en blanco y negro de mis padres y un par de veces después: me perdí el Tecnicolor de niño y para mí siempre ha sido más fuerte el impacto de aquella primera vez quizá por eso.
Mis sensaciones esta vez han ido por la perspectiva académica del curso en el que trato la literatura de contenido histórico y, en concreto, el uso de la figura del Cid en este tipo de obras. Tras la apertura del régimen franquista ante la necesidad de sacar al país del fracaso de la política de autarquía que había prolongado irresponsable e intencionadamente la miseria provocada por la Guerra civil, Franco se había convertido en un buen aliado de los intereses de los EE.UU. en su lucha contra el comunismo. Se ratifica la nueva situación con las ayudas norteamericanas y la entrada del país en la ONU en 1956. En este sentido, desde finales de la década de los cincuenta, el régimen franquista favorece el turismo y otras industrias con proyección internacional: también el cine. Y ahí aparece la figura de Samuel Bronston, hombre clave de grandes producciones rodadas en España con repartos de lujo y directores de prestigio (Rey de reyes, El Cid, 55 días en Pekín, La caída del imperio romano).
Samuel Bronston necesitaba el apoyo de las autoridades franquistas para sus proyectos y el régimen de Franco necesitaba una presentación internacional adecentada y adecuada a su nueva situación estratégica. Pero el itinerario volvía al consumo interno del país y esto se pone en evidencia, sobre todo, en El Cid. Es interesante analizar cómo se manipula la historia para lograrlo y ver qué lectura del personaje se hace en la película: Rodrígo Díaz de Vivar, en ella, es un pacificador cuyo objetivo es unir España. Sus guerras lo son con un único fin: lograr la paz definitiva (por eso la película termina con la batalla ganada por el héroe después de muerto y no se menciona la pérdida de Valencia poco después de conquistada) y ceder todo lo ganado a su rey, puesto que él no quiere una corona. El camino hacia la paz sólo puede lograrse, según el guion, con la unión de todos los españoles frente al invasor almorávide, Ben Yussuf. Y así, en la película, El Cid une sus fuerzas a varios emires musulmanes con ese objetivo. Es curiosa una secuencia en la que todos, cristianos y musulmanes, están bajo la protección de la cruz: revela que, en realidad, sólo se propone una lectura de la convivencia en la que una parte no tiene verdaderos derechos frente a la otra.
Para comprender mejor todo esto, habrá que recordar que unos pocos años antes de ser rodada la película, se había fortalecido la identificación del Rodrígo Díaz con la figura de Franco. No sólo se llama a éste segundo Cid, sino que explícitamente el dictador se apropia del legado del héroe medieval con motivo de la inauguración del momumento al Cid Campeador de Burgos el 24 de julio de 1955. Curiosamente, el guion de la película, tristemente avalado por un anciano Ramón Menéndez Pidal, reutiliza toda la propaganda política en la que Franco aparece como Caudillo y visionario histórico tocado por una misión divina: hombre de paz que sólo recurre a la guerra para obtener un bien supremo para la nación, gobernante a la fuerza que sólo quiere fortalecer la corona de su rey legítimo, hombre de familia que tiene que sacrificar el binestar de los suyos y un sueño de vida tranquila por el sentimiento de deber que le impone su patria, figura que aglutina a todos por muy diversos que sean con el único objetivo de luchar contra un enemigo común que quiere destruir España, etc. Quizá a esas alturas Franco ya se veía como el Cid, ganando batallas después de muerto y dejando la historia de España atada para siempre.
En su recepción internacional quizá todo esto pasara desapercibido y no se contemplara necesariamente esta identificación: posiblemente no pasara de ser una película de aventuras más en la que el tratamiento de la historia pudiera estar lleno de inexactitudes, lo que no importa demasiado para su valoración estética, puesto que en el arte ha de prevalecer la verosimilitud al verismo. Quizá también para mis jóvenes alumnos, para los que Franco no es más que un capítulo en su libro de historia.
Pero había una dimensión buscada por los guionistas al servicio de Samuel Bronston que favorecía la alianza con las autoridades franquistas que a ambas partes interesaba: la lectura interna que se haría de la película en España.
En la España de los años sesenta todo esto no podía pasar desapercibido: era lo mismo que repetían a diario los periódicos y los discursos oficiales desde el final de la Guerra civil. Además, por si resultaba poco claro, hay una escena muy significativa que lo aclara definitivamente. Con la ciudad de Valencia asesiada y hambrienta, el Cid ordena un bombardeo con pan mientras grita una soflama que llama a los soldados y ciudadanos valencianos a abandonar a sus dirigentes y abrir las puertas de la ciudad. La escena y la proclama recuerdan demasiado a los bombardeos franquistas en la guerra civil con pan de Alicante y Madrid: un pan blanco de excelente calidad que caía envuelto en octavillas que, poco más o menos, decían a la población asediada y hambrienta lo mismo que grita el Cid ante las murallas de Valencia en la película. Demasiado evidente: no convenía que los españoles que se habían sentado en la sala de cine para disfrutar de una película de aventuras históricas sobre un héroe medieval olvidaran la historia reciente.
En la España de los años sesenta todo esto no podía pasar desapercibido: era lo mismo que repetían a diario los periódicos y los discursos oficiales desde el final de la Guerra civil. Además, por si resultaba poco claro, hay una escena muy significativa que lo aclara definitivamente. Con la ciudad de Valencia asesiada y hambrienta, el Cid ordena un bombardeo con pan mientras grita una soflama que llama a los soldados y ciudadanos valencianos a abandonar a sus dirigentes y abrir las puertas de la ciudad. La escena y la proclama recuerdan demasiado a los bombardeos franquistas en la guerra civil con pan de Alicante y Madrid: un pan blanco de excelente calidad que caía envuelto en octavillas que, poco más o menos, decían a la población asediada y hambrienta lo mismo que grita el Cid ante las murallas de Valencia en la película. Demasiado evidente: no convenía que los españoles que se habían sentado en la sala de cine para disfrutar de una película de aventuras históricas sobre un héroe medieval olvidaran la historia reciente.
jueves 25 de noviembre de 2010
El testamento del hidalgo.
A la hora de la muerte, para Cervantes se acaban todos los juegos: deja ir a su personaje con toda la dignidad posible y las formalidades de la época que lo certifican. Tras tantos infortunios, Cervantes se sienta a la cabecera de la cama en la que muere don Alonso y lo respeta.
Don Alonso ha recuperado la cordura demasiado bruscamente y, aunque era creencia popular y médica en la época que el sueño reparador en alguien que se muere puede obrar ese efecto, no deja de ser un cambio demasiado sustancial y rápido: una transición forzada que refuerza la ambigüedad de la locura de don Quijote pero que tiene la virtud de no demorar demasiado el tránsito. Ya de por sí había sido demasiado larga la vuelta a casa tras la derrota en la playa de Barcelona. Cervantes, al fin, deja descansar a su personaje.
Tras la confesion -observemos cómo Cervantes respeto su secreto-, don Alonso hace testamento con una fuerte dosis de sentido común y sin permitirse ningún juego porque ya no es tiempo de aventuras ni de juegos y debe dejar ordenada su casa. Tras las formalidades preceptivas, deja claro su cariño por Sancho Panza, al que no se le pedirán cuentas pero ya no se le prometen ínsulas; a su sobrina la nombra heredera pero con dos albaceas que certifiquen si su futuro marido lee o no caballerías; finalmente, pide que se pida perdón de su parte a Avellaneda por darle motivo para escribir la falsa segunda parte. Es precisamente en estos dos últimos puntos cuando vemos que don Alonso muere dignamente, pero no deja de hacer un guiño a quien fue, como veremos en una próxima entrada.
Don Alonso quiere irse como bueno, dejando sentada opinión de cuerdo y buen hombre. Y Cervantes se lo permite después de tan ajetreadas salidas.
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Vale.miércoles 24 de noviembre de 2010
La verdad del otoño
Yo no sabría vivir en un lugar en el que no hubiera otoño: la luz no miente ni ciega. El paseante se echa al camino, las manos a la espalda, la cabeza llena de sus cosas y del ruido de una nueva guerra lejana ya conocida y el constante bullicio de un mundo en el que ya ni siquiera se guarda el espejismo de la confianza. Mientras tanto, el sendero huele a tierra y hojas mojadas y nada distrae el pensamiento de su tristeza. En el horizonte, el invierno.
martes 23 de noviembre de 2010
Diego Fernández Magdaleno Premio Nacional de Música 2010
Diego Fernández Magdaleno ha sido galardonado con el Premio Nacional de Música 2010 en la modalidad de interpretación. Todos los que conocemos a Diego lo queremos por su forma de ser, disfrutamos con su calidad como escritor y admiramos su entrega a la música en todos los campos: investigación, gestión e interpretación. Como intérprete es especialmente relevante su cultivo de la música contemporánea española -en la que es uno de los grandes expertos-. Además es amigo y su blog está enlazado con La Acequia desde hace mucho tiempo, como conocéis los más antiguos lectores de este espacio. Hace tiempo que hablé de mis sensaciones al oírlo tocar y de su faceta de escritor de diarios. Traigo aquí, ahora, una fotografía en disolución luminosa de veriticalidad, como homenaje.
Un premio más que merecido, sin duda.
lunes 22 de noviembre de 2010
Soledad Puértolas y los personajes secundarios del Quijote, un retrato quijotesco de Montserrat Sala y noticias de nuestra lectura.
La escritora Soledad Puértolas tomó posesión ayer domingo 21 de noviembre del sillón g de la Real Academia Española. No dejan de señalar los medios de comunicación que hace el número siete de mujeres que se sientan entre los académicos (sólo cinco en la actualidad): por desgracia, aun es noticia.
Su discurso se tituló Aliados. Los personajes secundarios del Quijote. Parte de que el Quijote es una fuente inagotable para el aprendizaje de cualquier escritor porque Cervantes se atreve a todo, en especial a opinar sobre la misma obra al hilo de la trama. Le honra a Puértolas esta afirmación, entre tanta pose de escritores pisaverdes que desprecian a los clásicos mientras los plagian descaradamente: lo peor es que suele incurrirse en el plagio por ignorancia y soberbia al pensar que uno es tan bueno que crea el arte según traza las palabras o que, como todo está ya hecho, se tiene derecho al pastiche de mala calidad.
Afirma Puértolas que, entre los muchos temas del Quijote, eligió el de los secundarios por su predilección por este tipo de personajes tanto en la vida como en la literatura, tema que tanto hemos abordado en nuestra lectura. Su discurso fue contestado por el también novelista José María Merino.
Son muchos los que han seguido la lectura del Quijote en silencio, sin comentar en las entradas pero esperando cada jueves y cada lunes las aportaciones de todos los que han colaborado en el proyecto. Se ha usado en colegios, universidades y centros de enseñanza del español como recurso del profesor y como apoyo del estudiante. Pero me gusta saber de aquellos que lo han leído para ellos mismos, semana a semana, como un reto personal. Ha servido para que muchos se hayan visto motivados para releer la novela con más calma y profundidad o hacerlo por primera vez. Una de las cosas que echo de menos es no poder leer el Quijote por primera vez. Lo he leído unas cuantas, por gusto y por necesidades profesionales, completo o fragmentariamente, pero jamás he sentido lo que me ha aportado esta primera lectura colectiva y virtual del texto cervantino. Algunos de estos lectores silenciosos se han puesto en contacto conmigo a través del correo electrónico y sus palabras las guardaré siempre en la memoria.
Su discurso se tituló Aliados. Los personajes secundarios del Quijote. Parte de que el Quijote es una fuente inagotable para el aprendizaje de cualquier escritor porque Cervantes se atreve a todo, en especial a opinar sobre la misma obra al hilo de la trama. Le honra a Puértolas esta afirmación, entre tanta pose de escritores pisaverdes que desprecian a los clásicos mientras los plagian descaradamente: lo peor es que suele incurrirse en el plagio por ignorancia y soberbia al pensar que uno es tan bueno que crea el arte según traza las palabras o que, como todo está ya hecho, se tiene derecho al pastiche de mala calidad.
Afirma Puértolas que, entre los muchos temas del Quijote, eligió el de los secundarios por su predilección por este tipo de personajes tanto en la vida como en la literatura, tema que tanto hemos abordado en nuestra lectura. Su discurso fue contestado por el también novelista José María Merino.
Retrato quijotesco de Montserrat Sala
Son muchos los que han seguido la lectura del Quijote en silencio, sin comentar en las entradas pero esperando cada jueves y cada lunes las aportaciones de todos los que han colaborado en el proyecto. Se ha usado en colegios, universidades y centros de enseñanza del español como recurso del profesor y como apoyo del estudiante. Pero me gusta saber de aquellos que lo han leído para ellos mismos, semana a semana, como un reto personal. Ha servido para que muchos se hayan visto motivados para releer la novela con más calma y profundidad o hacerlo por primera vez. Una de las cosas que echo de menos es no poder leer el Quijote por primera vez. Lo he leído unas cuantas, por gusto y por necesidades profesionales, completo o fragmentariamente, pero jamás he sentido lo que me ha aportado esta primera lectura colectiva y virtual del texto cervantino. Algunos de estos lectores silenciosos se han puesto en contacto conmigo a través del correo electrónico y sus palabras las guardaré siempre en la memoria.
Montserrat Sala, autora de varios blogs interesantes que os invito a conocer y comentarista habitual de La Acequia, es una de estas personas que se han visto movidas a leer el Quijote: aun no lo ha terminado, pero no le falta mucho. Me manda ahora este entrañable regalo: su retrato quijotesco. Lo publico porque me ha resultado emotivo saberla leyendo el Quijote con el mismo talante con el que hace sus entradas o sus comentarios y como ejemplo de tantos que se han decidido a tomar entre sus manos la novela de Cervantes y que nos han acompañado en la lectura atenta. Muchas gracias, Montserrat.
Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.
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Noticias de nuestro Quijote
Cornelivs da una inteligente vuelta más a la pregunta sobre la locura de don Quijote: de la respuesta dependerá el enfoque del lector.
Manuel de la Rosa, Tuccitano, continúa con sus reflexiones sobre la lectura. Como muchos de nosotros, constata cómo llegó a convertirse en una sana obsesión y costumbre. En él se convirtió en la necesidad de crear un blog específico que, como sabéis, se ha convertido en el agregador de esta iniciativa, una excelente idea.
Luz del Olmo, que tanto bueno nos ha regalado con el Sanchico, nos convoca en verso a la comida del día 4 de diciembre.
Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, reflexiona sobre la relación de Cervantes y el Quijote con la imprenta y como no se le escapa ni una, se da cuenta de que a don Miguel lo han metido de nuevo en la cárcel.
El Sr. de la Vega se hace haches y jotas y de camino encuentra un nuevo manuscrito quijotesco que hace traducir a una mora de Lavapiés, pero no sé si con tanto trajín podrá darnos a conocer el texto de este hallazgo que nos alarga la lectura. Como cervantino, seguro que le pondrá estilo: estamos todos pendientes.
Antonio Aguilera explica las razones de su amor por el Quijote y cómo encontró esta lectura. Una entrada que está escrita desde el corazón, no os la perdáis.
Myriam recoge el guante que le lanzó Cornelivs y analiza la locura de don Quijote. No os perdáis esta entrada.
El Sr. de la Vega se hace haches y jotas y de camino encuentra un nuevo manuscrito quijotesco que hace traducir a una mora de Lavapiés, pero no sé si con tanto trajín podrá darnos a conocer el texto de este hallazgo que nos alarga la lectura. Como cervantino, seguro que le pondrá estilo: estamos todos pendientes.
Antonio Aguilera explica las razones de su amor por el Quijote y cómo encontró esta lectura. Una entrada que está escrita desde el corazón, no os la perdáis.
Myriam recoge el guante que le lanzó Cornelivs y analiza la locura de don Quijote. No os perdáis esta entrada.
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Vale.domingo 21 de noviembre de 2010
En la muerte de Carlos Edmundo de Ory
El pasado 11 de noviembre falleció Carlos Edmundo de Ory en Thezy-Glimont (Francia). La España que le tocó en suerte tanto en lo histórico como en lo estético, su apuesta por la vanguardia en un momento en el que todos huían de ella y su marcha a Francia a mediados de la década de los cincuenta, le apartaron del gran público, en especial de aquellos que sólo leen lo que está de moda, pero dejó siempre honda huella en varias promociones de escritores, sobre todo en aquellos que no se encontraban satisfechos con el cultivo único de la poesía social y otras corrientes del momento como el clasicismo. Pero había que apartarse de los caminos trillados para encontrarlo.
Fundó el Postismo, que muchos ven como el broche de las vanguardias de entreguerras, pero yo prefiero ver como el inicio anticipado de la postmodernidad, de ahí que fuera reivindicado en los años setenta. El movimiento no tuvo éxito pero dejó una significativa huella para quien quisiera entenderla. Más adelante lanzó el manifiesto del Introrrealismo, una reflexión artística sobre el ser humano al final de la modernidad.
Lo conocí gracias a la publicación de Metanoia. Antología de poemas en 1978. Aun conservo aquel ejemplar. Es curioso, leído hoy, es más actual que la obra de aquellos que estaban de moda en su tiempo.
Contiene su obra una honda mirada sobre el artista y la poesía, con juegos irónicos y alturas dolorosas. De aquella primera lectura se me quedaron dos poemas escritos en Chosica (Perú) el 20 de febrero de 1958 que, en su día, fueron publicados como uno solo:
CELOSÍA CRISTATA
Querría echarme al suelo y dormir para siempre
Me arrastro sobre la tierra como un montón de estiércol
Nada puede hacerse con mis heces
Cada semana lloro menos los domingos
Llorando por las calles menos en verano
Busco este mes las patas de un caballo
para agarrarme a ellas y llorar todo el año
ARROJADME UN ATAÚD NEGRO
Volvamos a la tierra
Bastante expuse mi esqueleto a la risa de las lechuzas
cuando encerrado bajo llave en el sueño
huí hacia el más allá
Soy una perla caída en el fango
Estoy cansado cansado querría estar muerto
Graniza nieva sopla el viento
Estoy frío como el frío
Los ríos corrientes de mi cerebro se han congelado
Que la tierra le sea leve.
Me arrastro sobre la tierra como un montón de estiércol
Nada puede hacerse con mis heces
Cada semana lloro menos los domingos
Llorando por las calles menos en verano
Busco este mes las patas de un caballo
para agarrarme a ellas y llorar todo el año
ARROJADME UN ATAÚD NEGRO
Volvamos a la tierra
Bastante expuse mi esqueleto a la risa de las lechuzas
cuando encerrado bajo llave en el sueño
huí hacia el más allá
Soy una perla caída en el fango
Estoy cansado cansado querría estar muerto
Graniza nieva sopla el viento
Estoy frío como el frío
Los ríos corrientes de mi cerebro se han congelado
Que la tierra le sea leve.
viernes 19 de noviembre de 2010
jueves 18 de noviembre de 2010
Los narradores en la muerte del hidalgo.
El narrador llamado Cervantes -que se presentó, como sabemos, en el prólogo de la Primera parte y que no debemos confundir con el Cervantes autor para disfrutar mejor de todo lo que supone esta construcción narrativa-, nos guía por las horas finales del hidalgo tras una breve reflexión moral sobre el final de todas las cosas, pero cede la voz a Cide Hamete al final del capítulo.
Ni siquiera cuando pone el punto final a su novela, Cervantes deja de jugar con la figura clave de toda narración, la que nos cuenta los hechos. Cuestionable el primero al trabajar con material de segunda o tercera mano -se nos afirmó que daba forma a la traducción hecha por un morisco de unos papeles encontrados-, cuestionado el segundo por los mismos personajes dado su origen y condición religiosa.
No cesa de bromear con esta cuestión: los epitafios que se dejan de poner para copiar acto seguido el de Sansón Carrasco (que, además, son nuevos, como expresamente se dice, porque hemos de recordar que ya al final de la Primera parte se dio cuenta de otros, con lo que Cervantes es consciente de que está enterrando a su personaje dos veces en un guiño al lector atento que no dejaría de reprochar las incoherencias entre los dos finales), la parodia de elogio de la pluma del escritor, etc. Y tampoco pierde ocasión para despedirse con otra alusión a Avellaneda que refuerza la originalidad de la propia obra pero culmina, a la vez, el ambiguo camino de desprestigio de la falsa continuación junto a su paso a la gran historia literaria al ser tantas veces tomada como referencia para contrastar la narración verdadera. A Cide Hamete también le corresponde alabarse por la victoria conseguida en la batalla contra la proliferación de los libros de caballería -ya hemos visto que su decadencia no se debió tanto a la obra cervantina como parodia como al cambio de gusto que reforzó el Quijote-, lo que consiguió durante tiempo un efecto peligroso: aquellos que sólo leen los libros por encima insistieron en la condición paródica cervantina en exclusiva tanto que no comprendieron la obra.
Y algo más que ejemplifica la capacidad del autor para captar toda la recepción de su obra y la continuidad hacia el futuro: en época de Cervantes ya debió excitarse la polémica sobre el lugar natal de don Quijote. Cervantes quiso fomentarla, pues comprendía todo el potencial del arranque del primer capítulo (En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme) y refuerza aquella primera frase con otra que, además, contiene la conciencia que tenía sobre la condición de su obra, a la que entre bromas y veras compara con el primer clásico de la literatura: Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero. En el fondo, esta afirmación nos confirma algo que intuía Cervantes, aunque lo diga en tono paródico: don Alonso muere, don Quijote vivirá en la mente de todos los lectores.
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También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.
Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
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Vale.miércoles 17 de noviembre de 2010
Peluquería Karina
A veces a uno le entran ganas de cortarse el pelo aunque no lo necesite. Mi madre me acostumbró a visitar las peluquerías según el ritmo escolar: a principios de septiembre, para que los profesores me vieran -por lo menos al inicio del curso- presentable; no antes de Navidad, por el miedo a pillar un catarro en período escolar -sigo asociando el primer catarro de la temporada con un corte de pelo reciente y jamás voy a una peluquería si sé que va a cambiar el tiempo-; en Semana Santa, para prepararse para la primavera; a principios de verano, para estar cómodo en vacaciones. He sido fiel a varias peluquerías cercanas a mis distintos domicilios: de hecho, cambio antes de frutería o de quiosquero (otra cosa que me cuesta mucho) que de peluquero. Suelo ir con calma, antes de la hora en la que me han citado -esta es una novedad, antes las peluquerías masculinas jamás daban cita- y me dedico a leer el periódico y las revistas que jamás me compraría para casa. Cuando estoy fuera y necesito cortarme el pelo, no entro en el primer local que me sale al paso y dedico un buen rato a decidir dónde hacerlo. Algún día debería contar mis motivos para entrar en locales que parecían de mediados del siglo pasado (hay pocos que hayan sobrevivido a la especulación urbanística) o en otros que eran tan modernos que ni siquiera parecían peluquerías, sino cabinas de naves espaciales.
martes 16 de noviembre de 2010
La libertad de prensa en la actual situación del conflicto saharaui.
Un gobierno, cualquier gobierno, pierde todo credibilidad cuando al estallar un conflicto impide el trabajo de la prensa y filtra el contenido de la información: es decir, cuando convierte la información en propaganda. A pesar de que el ejercicio periodístico en la actualidad está seriamente cuestionado puesto que todos los grupos empresariales dedicados a la comunicación tienen intereses que van mucho más allá de lo confesado en la línea editorial, impedir desde el poder el libre ejercicio profesional del trabajo periodístico y atacar a los medios de comunicación que resulten contrarios a la versión oficial es un insulto a la inteligencia, una censura intolerable y una irresponsabilidad que se termina volviendo contra los mismos que la cometen. Es la diferencia fundamental entre un régimen democrático y uno autoritario. En esas circunstancias, que el mismo gobierno que impide la libertad de información cuestione la versión de la otra parte en conflicto es una muestra de hipocresía. Que la otra parte, sea cual sea, manipule la información, no autoriza a ningún gobierno a hacer lo mismo, salvo que pretenda anular los últimos siglos de progreso social.
Una de las cosas que nos enseña la historia contemporánea es que todos los gobernantes que abusan del control de la información acaban provocando más conflictos y terminan por hacerse inviables, no sin provocar largas situaciones de dolor a la sociedad que gobiernan.
La situación actual del conflicto saharaui pone de manifiesto que el gobierno de Marruecos usa medios no legítimos en el tratamiento de la información y esta actuación le resta toda credibilidad: mientras no deje manar la información libre y contrastable sobre los acontecimientos recientes, aun en el caso de que tuviera razón, su versión no sería aceptable ni siquiera respetando la peculiaridad marroquí como país. Marruecos no es un país cerrado al mundo -ni en ese caso sería tolerable-, sino un socio preferente de la Unión Europea y aliado estratégico de los Estados Unidos: por lo tanto, su actuación política necesita cierta homologación con las democracias occidentales.
Sólo una situación como la actual, presidida por un gran temor a la extensión del integrismo islámico en el norte de África, condicionada por la crisis económica y afectada por la progresiva pérdida de derechos y conquistas sociales de los ciudadanos incluso en los países más avanzados en estos campos, explica que los gobernantes marroquíes se hayan sentido con la fuerza suficiente para tomar las decisiones recientes y que la comunidad internacional tarde tanto como lo hace en dar una respuesta coherente.
La inestabilidad se ha asentado en la zona. Posiblemente, los gobernantes marroquíes piensen que pueden controlarla, pero hay impulsos que son difíciles de detener una vez iniciados con unos u otros fines. El conflicto irá en aumento en los próximos tiempos si no se busca una rápida y consensuada solución. Y lo peor que puede hacer el Gobierno marroquí es impedir la labor de los periodistas occidentales y arremeter contra el mensajero.
Mientras tanto, el pueblo saharaui, que ha mantenido una posición de pacífica exigencia desde hace años, puede tener la tentación de caminar de nuevo hacia un conflitcto bélico que tampoco le aportase soluciones reales y que le acarrearía, a medio plazo, la pérdida del apoyo de muchos sectores de la población occidental que admiran su férrea voluntad y afirmación como pueblo, especialmente en España. Pero en los campamentos de refugiados y en las mismas zonas urbanas del Sáhara, hay una nueva generación de jóvenes que no recuerdan los conflictos bélicos pasados, que se ven impotentes ante la falta de soluciones y a los que se les antoja muy difícil su horizonte. Por lo tanto, pueden caer en una salida desesperada por las duras condiciones de su situación actual y la información manipulada y simplificadora puede provocar que sean vistos como unos integristas islámicos violentos sin más a los que hay que combatir, lo que acarrearía su extinción en la práctica como nación.
Por eso mismo, es más necesaria que nunca la información libre, diversa y contrastada. Y eso no está en manos de los saharauis, sino de Marruecos: no es a un pueblo privado de su tierra a quien debemos exigir lo que corresponde a un país estructurado. Y está también en las manos de los países que son aliados preferentes suyos, claro.
lunes 15 de noviembre de 2010
Los testigos de la muerte del hidalgo y noticias de nuestro Quijote
Una de las grandes aportaciones cervantinas a la novela moderna es el perspectivismo. Como ya vimos con ocasión del baciyelmo, la muerte del hidalgo es un ejemplo de fina observación de las reacciones de los personajes para construir a partir de su suma la realidad de los acontecimientos, asumiendo todas las miradas. Lo que en una primera impresión puede parecernos una posición común de todos ante la muerte del viejo hidalgo, en una lectura más atenta se desenvuelve con matices más significativos. Desde que se anuncia el final, el cura es el primero que toma en serio lo que le ocurre a don Alonso Quijano -entre otras cosas, porque tendrá que asistirlo en su confesión-, mientras otros personajes todavía insisten en mantenerlo vivo con la ilusión que le mataron en las playas de Barcelona. De hecho, en Sansón Carrasco puede apreciarse cierta mala conciencia. No se le escapa a Cervantes ni siquiera la reacción ante la herencia, en la que se mezcla tristeza y alegría.
Todo ello es una lección más de realismo: cada personaje tiene su carácter y reacciona a partir de él. Además, acierta en algo que marcará la impresión del lector: todos rodean con cariño al pobre hidalgo que se muere en su cama. Ya no hay parodia.
Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.
También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.
Noticias de nuestro Quijote
Asun, que era de las que no pensaban en leer el Quijote, ha cumplido con creces su asignatura pendiente y nos explica lo aprendido en la lectura.
Myriam, que tantos buenos análisis ha hecho de la psicología de los personajes cervantinos para nuestra lectura, hace balance y coincide, con muchos, que una de las mejores cosas ha sido el lazo de amistad y cariño que se ha establecido entre los participantes.
Cornelivs cuenta lo que el Quijote había significado previamente para él y cómo en esta lectura ha estrechado amistad. Tiene razón este amigo nuestro: no hay que refrenar la emotividad en una lectura compartida. Aprendemos y mejoramos todos.
Antonio Aguilera, que con tanto ingenio nos ha ayudado a comprender muchos aspectos del Quijote, considera esta lectura como lo más importante que le ha sucedido en su vida literaria. Que sólo sea el punto inicial de otras muchas aventuras.
Pancho pone de relieve una de las virtudes de esta lectura: la aportación entusiasta de gente de muy diversa procedencia que ha permitido esta tecnología. Además de expresar todo lo que ha supuesto esta locura, nos dedica un video que no podéis dejar de ver (entre otras cosas para que me veáis con el sombrero que me regaló aquellos que no me hayáis visto antes así).
Jan Puerta propone un capítulo 75 y tiene razón, todos hemos quedado tocados por este proyecto al que él tanto ha aportado. Y pone de relieve un hecho más que significativo: todos hemos desarrollado un sentido quijotesco en la vida del que no podremos desprendernos fácilmente.
Merche Pallarés nos cuenta pormenorizadamente todo lo que la lectura nos ha aportado, pero se olvida de todo lo que el proyecto le debe a su entusiasmo, como le hago ver en mi comentario a su entrada.
Manuel de la Rosa, Tuccitano, comenta cómo buscó el ángulo más cercano a él para aportar luz a la lectura, pero también la constatación de que todos hemos quedado quijotizados por la aventura.
Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, cuenta su incorporación a la lectura y su pasión quijotesca previa. Da en una de las claves: cómo hemos podido desarrollar la imaginación con cada párrafo. Sus entradas son todo un ejemplo.
Paco Cuesta cuenta cómo se embarcó en esta locura con un blog recién creado y mucha juventud en su mirada. No oculto que su incorporación al proyecto es una de las cosas que más me han satisfecho.
Firvulag, una de las últimas incorporaciones al proyecto y que ha aportado significativa mirada a la lectura, nos enlaza a todos en una emotiva entrada que debemos agradecer por el cariño que destila.
Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.domingo 14 de noviembre de 2010
El final (IV)
Todo en la vida del paseante han sido segmentos. Ni siquiera es tan vanidoso como para pretender que pertenezcan a una línea coherente: eso queda bien en las autobiografías, que son la mejor exactitud de la mentira. Se crece como se vive, no como dice el relato de nuestra vida. Como se vive por dentro, claro, porque la vida externa es una realidad paralela. Sin embargo, al llegar al final muchos intentan ordenar las cosas: el testamento, la casa, la familia. Sienten urgencia: dejar constancia de sí mismos y explican su pasado desde ese punto final. Si viven un poco más, tendrán que corregirlo. Algunos autores de memorias van el resto de su vida con ese punto final como con una cruz. El paseante piensa, mientras vuelve a la estación para reanudar su viaje, que es mejor asumirse en todas las contradicciones porque dentro de uno hay más líneas que la recta.
viernes 12 de noviembre de 2010
El final (III)
Sin embargo, al paseante no se le cura la sensación de final de recorrido ni cuando desciende, con las primeras luces del día, en la estación de su destino. Queda un rato desconcertado, de espaldas al tren que reanuda la marcha. Es el único viajero que ha apeado en esta estación. La cafetería no ha abierto, así que el viajero toma su mochila, sale de la estación y busca un bar cercano, uno de los pocos que abren a estas horas, en el que se juntan los últimos trasnochadores con los primeros madrugadores que acuden al trabajo: él no pertenece exactamente a ninguno de los dos grupos, salvo en la encrucijada. Por un momento, el tiempo diferente de cada uno se da la mano: al paseante siempre le ha atraído la meditación sobre el territorio de frontera. Se acoda en la barra mientras decide si el café que ha pedido lo puede contabilizar como el último de la jornada anterior o el primero de la nueva. En el fondo, da lo mismo, le despeja la cabeza lo suficiente hasta el próximo café que será, decididamente ya, del nuevo día.
jueves 11 de noviembre de 2010
Un brindis de Jan Puerta
Jan Puerta ha ilustrado buena parte de los capítulos de nuestra lectura -como Javier G. Riobò hizo con la primera parte o Mª Ángeles Merino con todo el texto, cada uno a su manera, además de muchas otras aportaciones menos constantes de otros, por no referirnos por ahora a la publicación de ilustraciones quijotescas que habéis aportado muchos-. Sus entradas se han compuesto de un comentario en el que incidía en una aguda mirada personal sobre cada capítulo, una fotografía quijotesca que ampliaba la documentación gráfica sobre el personaje y mostraba su universalidad y la publicación de recursos virtuales y grabados referidos a la creación cervantina. En algún momento nos ha regalado autorretratos quijotescos de excelente calidad. Este brindis que me envió hace unos días es tan extraordinario como el texto que lo acompaña y que, con su permiso, publico a continuación.
Apreciado Pedro…
El tiempo parece perseguirme sin mucho sentido. Por mucho que lo intento, no encuentro la manera adecuada de gestionarlo.
Sigo igual que siempre más o menos. La salud me acompaña a pesar que este invierno ha sido muy, pero que my dura. La chimenea ha estado prendida más de quince horas al día. Mucho frio con temperaturas muy por debajo de la media de otros años, según contaban los que envejecieron por aquí. Las mañanas eran frías, con el cero defendiéndose de los embates del tímido sol austral. El resto del día, había que cortar leña y preparar buenas sopas para calentar el estomago al tiempo que lo alimentaba. El vino tinto, eterno whisky de los poetas, pobres y otros marginados sociales, era un excelente elixir mediante el cual me sentía renacer al saborear su bouquet en mi paladar cada vez menos exigente.
Una tarde, con la noche cerniéndose sobre las lomas cercanas, se me ocurrió realizar este autorretrato para ilustrar una de las entradas, que precisamente estaba preparando, pero al verla, decidí enviártela en su momento para que la publicases en tu espacio si lo creías oportuno. Quizás sea una manera de brindar con todos vosotros por estos momentos tan especiales que he pasado, quijote en mano y pensamiento.
Pero después de esta semana… ¿qué? Me empiezo a sentir como un recién jubilado quien el día siguiente de su liberación laboral, sale a la calle y se da cuenta que el tiempo hay que llenarlo con algo más que simples paseos, idas y venidas de nuestra propia circunstancia.
Ojala podamos entrar en un nuevo proyecto, tan colosal como este.
En fin, te adjunto la fotografía y te agradecería que en mi nombre, el día del yantar quijotesco, alces la copa en mi nombre y brindéis por los buenos momentos que hemos compartido a pesar de la distancia.
Un abrazo
Uno de los mejores logros de esta lectura colectiva del Quijote es el lazo de amistad y cariño que se ha establecido entre los que han participado en ella. Gracias, Jan.
Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.
También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.
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Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
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Vale.miércoles 10 de noviembre de 2010
El final (II)
Dicen que todas las historias tienen un final. Sólo en el arte, claro, porque todo final implica un inicio. Ahora hay una curiosa costumbre de cerrar las estaciones por la noche, para ahorrar costes: pero siempre hay un tren nocturno al que uno llega en una fría noche de otoño a través de andenes desolados sin poder tomar algo caliente en la cafetería de la estación. Subir a un tren de este tipo, en una parada intermedia del recorrido, le crea al paseante una sensación de extraño y procura no llamar la atención, acomodarse con rapidez y sigilo en el silencio y la oscuridad y molestar a los otros viajeros lo menos posible. Uno sube al tren casi con la misma fatiga metálica con la que se ha detenido la máquina, como quien cierra un día: ya no da más de sí. Pero en la penumbra de los compartimentos vislumbra cabezas de durmientes que se preparan para llegar, al amanecer, a otras ciudades y emprender un nuevo día, ajenos a los pensamientos de quien acaba de entrar.
martes 9 de noviembre de 2010
El final (I)
Uno llega, tras mucho caminar, hasta el fin del mundo y se da cuenta de que sólo es el inicio. Del siguiente paso dependerá su vida. O su muerte.
lunes 8 de noviembre de 2010
Sin amor no existe un hombre gigante (interpretación final de Bipolar sobre el personaje de don Quijote), cómo don Alonso mata a don Quijote y éste le sobrevive y noticias de nuestra lectura, con una coda sobre la comida quijotesca
Sin amor no existe un hombre gigante
Bipolar ha ido desgranando, a lo largo de sus comentarios en la lectura, una visión muy personal del personaje don Quijote que culmina en esta interpretación gráfica tan suya que me envió hace unas semanas para publicar al final de la aventura. Todo un regalo para los que participamos en la lectura: gracias, querida amiga, por tu constancia y por tu mirada nueva sobre esta obra clásica.
Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.
También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.
Cómo don Alonso mata a don Quijote y éste le sobrevive
A la hora de poner el punto final a su obra, Cervantes ya debía ser consciente de que don Quijote sobreviriría a don Alonso Quijano: si no, no lo habría matado para impedir su continuación. Como hemos visto, en gran medida, su segunda parte viene dada por la forma en que Cervantes decidió trabajar sus emociones tras la aparición de la segunda de Avellaneda. También la muerte del personaje: ¿lo hubiera matado sin Avellaneda?
Quien muere en la novela es don Alonso, no don Quijote: el hidalgo recupera o hace que recupera la cordura y don Quijote queda atrás, en la niebla de un sueño de seis horas. Don Alonso renuncia voluntariamente -o por el proceso de lucidez que acompaña a la agonía- a su creación caballeresca, la que le ha permitido vivir unas aventuras que, de otro modo, no le hubieran estado reservadas nunca dada su edad y condición: renuncia a don Quijote.
Quizá Cervantes quiso mantener la idea original de la obra y coherentemente devolvió el protagonismo al viejo hidalgo de aldea. Es curioso: con este capítulo, el lector se ve en una difícil elección por la que debe decidir si para él el verdadero protagonista de la obra es don Alonso o don Quijote. La opción tiene más enjundia de lo que parece: ir hacia una u otra señala diferentes lecturas del texto y una respuesta a la pregunta que nos hemos hecho permanentemente sobre si don Quijote es o no verdadero loco.
Como la mayor parte de los lectores no hacen la elección -ni tienen por qué hacerla- racionalmente, optan por don Quijote, el personaje con el que han compartido tan buenas horas de lectura. Yo siempre he optado por el viejo hidalgo como protagonista de la obra. Pero tras el punto final es innegable que la fuerza de don Quijote como personaje supera a la de don Alonso de cara a su fama póstuma: de ahí que haya lecturas del texto cervantino en el que sólo hay don Quijote y nada de don Alonso. Son posibles, pero insuficientes: construyen un don Quijote que no coincide con el de Cervantes. Pero esto es lo que tienen las grandes construcciones culturales de la humanidad, que una vez dadas a todos, toman caminos diferentes a los queridos por los autores. Pero a mí me sigue llamando la atención la historia de un viejo hidalgo de aldea que de repente -loco o no- quiere salir al mundo a vivir aventuras.
Noticias de nuestra lectura
Myriam, que recientemente ha celebrado de manera bien quijotesca el segundo cumpleaños de su excelente blog, culmina su colaboración en la lectura con tres entradas que no os podéis perder bajo ningún concepto. En ellas (1) (2) (3) lleva a cabo un magistral y ameno análisis psicológico de la perspectiva con la que Cervantes afronta la publicación de la obra de Avellaneda y cómo transforma sus emociones en texto literario. Un análisis que aporta mirada nueva a los estudios cervantinos.
Jan Puerta halla la verdadera tumba de don Quijote a través de su prodigiosa mirada. Acierta al comentar el capítulo desde el claro sabor de fama que llevará la obra a título clásico de referencia literaria. No os perdáis los comentarios que salpica entre los grabados.
Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, redacta un comentario sobre el capítulo final que convierte su entrada en bien cervantina, dando voz a otro secundario suyo que más que secundario es la herramienta que los permite a todos. No os perdáis el juego con las imágenes que sirven para ilustrarlo. Gracias a ella sabemos también que el Sanchico -por obra y gracia de Ele Bergón- se despide de nosotros para volver al libro.
Kety Morales culmina su excelente trabajo de poner en verso el Quijote con un poema que es todo un balance de su visión del personaje y de la mirada cervantina.
Merche Pallarés muestra su alegría por sobrevivir a la aventura quijotesca: y bien viva y lozana que sale de ella, com podréis comprobar con la lectura de su comentario sobre el último capítulo.
Manuel de la Rosa, Tuccitano, acierta al decir que este capítulo final es el que no quisiéramos que hubiera llegado. Tras su balance de esta aventura, publica un enlace muy útil, sin duda, para los que vuelvan al capítulo primero.
Paco Cuesta analiza las claves del capítulo final desde la plasticidad de la escena. Finalmente, dedica un balance de su lectura a la pluma cervantina, que os recomiendo leer con calma.
Pancho revisa minuciosamente -y con precisión- en su entrada los pasos cervantinos para preparar la muerte del héroe y la ilustra de forma excelente, como siempre.
Cornelivs nos regala un texto muy suyo para terminar la lectura, en el que reflexiona sobre la verdadera causa de la muerte de don Quijote. No dejéis de ver el video que enlaza ni, por supuesto, la carta abierta al verdadero héroe cervantino: el hidalgo, no el caballero.
El Sr. de la Vega escribe entrada directa sobre esta lectura en la que tanto ha participado con agudeza en La Acequia y en los blogs de los otros participantes. Ya era hora, por otra parte: además, promete ordenar todo lo dicho por él sobre el Quijote y completar los capítulos que no ha comentado. Me regala un soneto, prodigio de parodia inteligente. No os lo perdáis.
Asun, que hace tiempo no publicaba entrada quijotesca, compensa ahora comentando el capítulo final y una resurrección del héroe encarnado en un descendiente suyo.
Antonio Aguilera, que nos ha dado un buen susto, se ha recuperado lo suficiente para saber que con humor se vence todo, como demuestra en su buen comentario del capítulo 72. En él hallaréis un enlace a una vieja entrada suya sobre la muerte de don Quijote que os recomiendo leer pues tiene mucho de lo que hemos visto en esta lectura.
Jan Puerta halla la verdadera tumba de don Quijote a través de su prodigiosa mirada. Acierta al comentar el capítulo desde el claro sabor de fama que llevará la obra a título clásico de referencia literaria. No os perdáis los comentarios que salpica entre los grabados.
Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, redacta un comentario sobre el capítulo final que convierte su entrada en bien cervantina, dando voz a otro secundario suyo que más que secundario es la herramienta que los permite a todos. No os perdáis el juego con las imágenes que sirven para ilustrarlo. Gracias a ella sabemos también que el Sanchico -por obra y gracia de Ele Bergón- se despide de nosotros para volver al libro.
Kety Morales culmina su excelente trabajo de poner en verso el Quijote con un poema que es todo un balance de su visión del personaje y de la mirada cervantina.
Merche Pallarés muestra su alegría por sobrevivir a la aventura quijotesca: y bien viva y lozana que sale de ella, com podréis comprobar con la lectura de su comentario sobre el último capítulo.
Manuel de la Rosa, Tuccitano, acierta al decir que este capítulo final es el que no quisiéramos que hubiera llegado. Tras su balance de esta aventura, publica un enlace muy útil, sin duda, para los que vuelvan al capítulo primero.
Paco Cuesta analiza las claves del capítulo final desde la plasticidad de la escena. Finalmente, dedica un balance de su lectura a la pluma cervantina, que os recomiendo leer con calma.
Pancho revisa minuciosamente -y con precisión- en su entrada los pasos cervantinos para preparar la muerte del héroe y la ilustra de forma excelente, como siempre.
Cornelivs nos regala un texto muy suyo para terminar la lectura, en el que reflexiona sobre la verdadera causa de la muerte de don Quijote. No dejéis de ver el video que enlaza ni, por supuesto, la carta abierta al verdadero héroe cervantino: el hidalgo, no el caballero.
El Sr. de la Vega escribe entrada directa sobre esta lectura en la que tanto ha participado con agudeza en La Acequia y en los blogs de los otros participantes. Ya era hora, por otra parte: además, promete ordenar todo lo dicho por él sobre el Quijote y completar los capítulos que no ha comentado. Me regala un soneto, prodigio de parodia inteligente. No os lo perdáis.
Asun, que hace tiempo no publicaba entrada quijotesca, compensa ahora comentando el capítulo final y una resurrección del héroe encarnado en un descendiente suyo.
Antonio Aguilera, que nos ha dado un buen susto, se ha recuperado lo suficiente para saber que con humor se vence todo, como demuestra en su buen comentario del capítulo 72. En él hallaréis un enlace a una vieja entrada suya sobre la muerte de don Quijote que os recomiendo leer pues tiene mucho de lo que hemos visto en esta lectura.
Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.Coda sobre la comida quijotesca
Al final, la comida quijotesca en la que nos encontraremos todos los participantes en la lectura se celebrará el sábado 4 de diciembre en un pueblo cercano a Burgos. Algunas cuestiones personales me han impedido escribiros a los que me habéis manifestado vuestra intención de acudir. Lo hago en las próximas horas, indicando lugar exacto y otras circunstancias.
domingo 7 de noviembre de 2010
viernes 5 de noviembre de 2010
Trampantojo
La vida entera es un trampantojo. A veces ni siquiera miramos porque ya hemos renunciado a desvelar el truco: error comprensible, pero error.
jueves 4 de noviembre de 2010
La muerte de don Alonso Quijano (Cap. 2.74)
Don Alonso Quijano, conocido por sus costumbres como el Bueno, dice a todos los que le rodean en el lecho de muerte, que ha recuperado la cordura, que abomina de los libros de caballerías que le condujeron a comportarse como un loco y muere. Como sobre la muerte de don Alonso hablaremos en varias entradas, digamos por ahora, lo evidente.
Cervantes construye con cuidado la muerte del hidalgo: para matarlo, primero era necesario que volviera a lo que era al inicio de la historia, antes de que construyera su fantasía caballeresca. Sin este regreso, no hubiera tenido verdaderamente efecto el final de la historia, puesto que muerto como don Quijote se hubiera perdido el planteamiento inicial de la obra que aquí está expresado reiteradamente en los párrafos finales: parodiar los libros de caballerías para acabar con ellos. Al final, el autor se jacta de que gracias al éxito de la novela, se ha conseguido este objetivo: pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que, por las de mi verdadero don Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. De haber vivido como don Quijote, hubiera sido inevitable que futuros escritores sintieran la necesidad de continuarlo, cosa que Cervantes ya no podía consentir tras la segunda parte de Avellaneda. De haberlo dejado vivir como don Alonso, además de posibles continuaciones, se hubiera adelgazado el efecto final de la historia tanto en el propósito teórico literario como en la fuerza argumental. El único final posible es, precisamente, el mejor de todos, el que eligió Cervantes.
El cierre narrativo es perfecto: la obra termina como comenzó, cumpliendo su propósito y envaneciéndose de haberlo efectivamente logrado al terminar con el tipo de literatura parodiada.Qué mejor moraleja para ello que sea el mismo protagonista quien abomine de lo que antes admiraba. Sin embargo, sabemos que la última afirmación cervantina no es del todo cierta, que ya la literatura caballeresca daba síntomas de fatiga antes de que se escribiera el Quijote y que los restos continuaron vivos durante mucho tiempo hasta influir en la construcción de la literatura fantástica a partir del XVIII -que, inevitablemente, también se verá contaminada por la novela de Cervantes: sobre esto también hablaremos- que ha llegado hasta nosostros.
Hay que añadir un matiz: la experiencia vivida no le devuelve al hidalgo exactamente al punto de partida, sino a una abominación absoluta de los libros de caballería, como quien sabe que cualquier contacto con ellos podría provocar una recaída al no controlar sus efectos en la mente del lector.
En segundo lugar, lo hace morir como un español cristiano ejemplar según todos los requisitos cuyo tiempo marca con precisión: en plena conciencia de su estado, con serenedidad y aplomo ante la muerte, rodeado de sus amigos y la única familia que tiene, confesando y haciendo testamento. Sólo después, puede morir don Alonso. Ni en esto se atenúa la mirada crítica cervantina: don Alonso muere como deben morir los españoles del momento en lo tocante a la moralidad y la religión católica, pero no como ha vivido: había abandonado el cuidado de sus propiedades y rentas, decidió vivir una aventura extravagante por mucho que ahora abomine de ella, no se preocupó en vida de casarse y formar una familia ejemplar -de hecho, se había enamorado de una mozuela de un pueblo vecino a la que sacaba muchos años-, se refugió en la lectura de novelas moralmente cuestionadas en la época, y nunca lo vemos asistir a misa o acudir verdaderamente a las normas de la religión católica hasta el momento de pedir confesión y hacer testamento. Posiblemente, como sucedía con muchos españoles del momento, que vivían la religión más como afirmación de identidad nacional que como constante diaria.
En tercer lugar, en su testamento se recoge la extremada conciencia que ha tenido de todo lo vivido como don Quijote: singularmente apreciable es la cláusula sobre los dineros de Sancho Panza, lo que puede hacernos cuestionar la locura pasad de quien recuerda todo con tanta claridad y se permite jugar irónicamente con ello en un documento notarial.
En cuarto lugar, el proceso médico de los últimos días de don Alonso se describe de forma muy medida para darlo realismo verosímil: recuperación de la cordura tras un largo sueño, euforia momentánea, fortaleza moral y aceptación del tránsito, agonía última. Se hace expresa mención de todo el proceso de forma que no sea excesivamente dolorosa para el lector -porque no lo es para el protagonista-, al que le consuela la serenidad última del personaje y la compañía de los personajes más queridos por éste.
En quinto lugar, ni a la hora de la muerte se olvida Cervantes de Avellaneda. De hecho, se pide expresa certificación de la muerte de don Alonso para que nadie pueda resucitarlo y continuar sus aventuras (entre otras cosas, porque sólo Cide Hamete es el verdadero autor, como se dice en su intervención final) aparte de la ingeniosa, irónica y envenenada petición puesta en boca de don Alonso: Ítem, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos. Pero al lector le surge una inevitable pregunta: ¿hubiera matado al hidalgo si Avellaneda no hubiera aparecido en escena o hubiera dejado la obra pendiente de una nueva salida?
Como esta entrada es ya larga, seguiremos en otras. El lunes, volveremos a valorar, desde otro ángulo, la muerte de don Quijote, además de resumir las aportaciones de todos y disfrutar de un regalo que Bipolar nos hace a todos los participantes en la lectura. El jueves próximo, con la primera recepción de la muerte de don Alonso: la de los personajes presentes en el capítulo final.
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