Todos los edificios deshabitados guardan los más delicados fantasmas: aquellos que desgarran con habilidad las entrañas de quien se aventura por las viejas escaleras y los desnudos salones porque los lleva dentro sin darse cuenta hasta que no hay remedio. Algunos de esos fantasmas tienen el nombre reconocible de la geografía más cercana.
domingo 31 de octubre de 2010
viernes 29 de octubre de 2010
La espera
En la espera, uno tiende a asomarse a la ventana, como si el alcance de la vista acortara la incertidumbre del que aguarda. Hay gente que decide echar a andar y que lo recojan por el camino, aunque no gane tiempo o disimular la espera como si ésta no existiera o no nos importa, aunque nos atenace por dentro. O salir a la esquina, a esperar el futuro de frente, aunque éste, traicionero, suela presentarse por la espalda, sin hacer ruido y justo en el momento en que nos descuidamos.
jueves 28 de octubre de 2010
Regreso a casa y final de la aventura caballeresca (Cap. 2.73)
Don Quijote está muy débil en el momento de entrar en su aldea: la decadencia física que hemos visto acentuarse en la segunda parte, sumada a la melancolía producida por la derrota de su ficción caballeresca, le hacen interpretar dos situaciones banales como malos agüeros (la jaula de grillos por la que pugnan dos muchachos y la liebre que se refugia a los pies del rucio para escapar de los galgos), en contradicción con el desprecio que le habían merecido al encontrarse con las imágenes talladas de los santos. Piensa que todo le anuncia que nunca volverá a ver más a Dulcinea: nueva contradicción, puesto que había afirmado antes que nunca había visto a Dulcinea -aunque sí a Aldonza Lorenzo- y tiene poderosas razones para suponer que las Dulcineas vistas en la segunda parte no lo son. Es tan evidentemente forzada la interpretación de los agüeros que parecería que el narrador quisiera dejar claro que don Quijote usaría cualquier pretexto para despedir a Dulcinea de la historia.
Esta debilidad le provoca a Sancho una reacción cariñosa: destruye todos los agurios, aclarándolos y entregrando a don Quijote tanto la jaula como la liebre. Curiosa inversión: el personaje que representa el rol popular se afana en romper con las creencias mientras que el que tiene formación y conocimiento literario, cae en ellas. Este papel protector de Sancho, que anima a su amo, explica el estado de la evolución de ambos. A este respecto, es de indicar la explicitación de estos cambios en la imagen del rucio y de Rocinante que, con la expresión ambigua adoptada por Cervantes, se puede aplicar a sus dueños: -Venid, mochachos, y veréis el asno de Sancho Panza más galán que Mingo, y la bestia de don Quijote más flaca hoy que el primer día. Curiosamente, don Quijote entrega la liebre a los cazadores sin más: es una expresa renuncia a su Dulcinea, por mucho que luego fabule historias pastoriles.
A Sancho y su rucio se lo llevan a casa su mujer Teresa y su hija la Sanchica, entre ilusionadas y decepcionadas por el aspecto de Sancho que no se corresponde con el de un gobernador pero satisfechas cuando saben que trae dinero: un buen consuelo para el sueño frustrado.
Don Quijote queda en la suya y comunica de forma inmedita al cura, el barbero y el bachiller su derrota y su propósito de imitar la vida pastoril, al que les invita a unirse. Como dijimos, es lógico que Don Quijote diera en esta nueva ilusión tras ver cortada la caballeresca: pertenecen al mismo ámbito de la literatura idealizadora y es una constante en el libro. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió cuando se propuso ser caballero, ahora -como ya hizo con Sancho- comunica las reglas del nuevo juego a sus interlocutores: es una mutación a telón abierto, que ya no se presenta hecha a los demás como sucedió con su trasformación en Don Quijote, sino que negocia las normas -la compra de ganado, el adopción de nombres y damas- y, desde el inicio, queda claro que es una imitación de la vida pastoril pero no la vida pastoril misma.
De su propósito, tan evidentemente falsificador de la realidad e imposible porque la misma novela Don Quijote hace inútil el recurso a una nueva parodia de la narrativa idealizadora, ya destruida desde la construcción del mismo personaje, le saca el sentido común del ama, que lo aterriza de golpe en la realidad:
Y ¿podrá vuestra merced pasar en el campo las siestas del verano, los serenos del invierno, el aullido de los lobos? No, por cierto, que éste es ejercicio y oficio de hombres robustos, curtidos y criados para tal ministerio casi desde las fajas y mantillas. Aun, mal por mal, mejor es ser caballero andante que pastor. Mire, señor, tome mi consejo, que no se le doy sobre estar harta de pan y vino, sino en ayunas, y sobre cincuenta años que tengo de edad: estése en su casa, atienda a su hacienda, confiese a menudo, favorezca a los pobres, y sobre mi ánima si mal le fuere.
Hasta este último sueño, tan endeble, es imposible y la realidad de las cosas entra de golpe para arrebatar las últimas fuerzas del personaje que pudieran arrastrarlo a un nuevo empeño de juego ilusionado y el cuerpo fatigado del que deja de ser caballero es recogido con cariño por el grupo familiar, satisfecho -por ahora -de recluirlo en el ámbito doméstico.
Veremos en qué para la fatiga del protagonista al comentar el capítulo LXXIV el próximo jueves.
miércoles 27 de octubre de 2010
El deseo en rojo puro
Hay sorpresas reservadas para quien aguarda un autobús urbano de madrugada en la periferia de la ciudad, en esa hora en la que no se sabe con certeza si el último ya pasó hace tiempo y la espera pudiera resultar inútil. Casi siempre, espejismos. Toca agachar la cabeza, levantar el cuello del abrigo y caminar hacia el destino, encogido.
martes 26 de octubre de 2010
Capacidad para ver
El gallo jugaba a las cuatro esquinas con el niño, que todavía podía verlo.
-Abuelo, hay un gallo.
-Hijo, siempre hay un gallo en cada esquina, pero dejarás de verlo algún día.
Acarició su pelo y le ofreció la mano cuando los ojos del niño le dijeron que no le comprendía.
lunes 25 de octubre de 2010
Cómo dar fama a un ladrón, foto quijotesca de Aldabra y noticias de nuestro Quijote.
Hay una pregunta que se han planteado muchos cervantistas desde el inicio de los estudios sobre el Quijote: ¿Hubiéra sido tan conocida la continuación de Avellaneda si Cervantes no la mencionara en la suya propia? El Quijote, alguno de sus personajes, pasajes y motivos, han generado una constante producción artística desde el mismo momento en que se publicó (en varios de los blogs que colaboran en esta lectura tenéis muy buenos ejemplos), pero ninguna otra obra ha conseguido la fama de la de Avellaneda precisamente por eso mismo, por la decisión de Cervantes de introducirla en su propia obra.
Evidentemente, la herida sufrida por Cervantes en su orgullo como autor y la certeza de que el ataque venía desde círculos literarios poderosos -se suele vincular, con razón, la continuación de Avellaneda con el grupo de Lope de Vega-, más el orgullo artístico de saber su producción superior a la del imitador y querer demostarlo, le llevaron a reaccionar como hizo. Por otra parte, era lógico y verosímil en el diseño inicial de la novela: el Quijote es una suma de parodias y de juegos intertextuales y en esta intención cabía perfectamente introducir la continuación falsa para superarla con el ingenioso golpe del certificado notarial de Álvaro Tarfe. (amén de lo que el Sr. de la Vega comenta en la entrada del pasado jueves). De hecho, es tan profundo el juego intertextual que establece Cervantes con ella que gran parte de lo que sucede en su continuación sólo se explica por contraste y paralelismo con lo que ocurre en la de Avellaneda. Algunos críticos han planteado -sin más datos que los que aparecen en ambas obras- una hipótesis interesante: sin duda, Cervantes habría comentado con su grupo de amigos escritores circunstancias de su propia continuación, aunque todavía no la hubiera comenzado a escribir y Avellaneda hubiera aprovechado varias de ellas para la suya, anticipándose. Al fin y al cabo, el circuito literario del momento era muy reducido y todos se conocían y sumaban amistades y enemistades. ¿Y si, además de llevarles a Zaragoza como era el plan cervantino inicial, además hubiera pensado en encerrar a don Quijote en un manicomio?
Pero, de paso, consigue que Avellaneda y su obra tengan un lugar en la historia de la literatura de la mano del Quijote. No es malo: por una parte, resalta las virtudes cervantinas y, sobre todo, la admiración por ciertos recursos narrativos que provoca la continuación falsa (y que no se hubieran dado así sin ésta, lo que convierte a Avellaneda en el motor de alguna de las innovaciones más modernas de Cervantes: en el estímulo que se da a partir de la rivalidad entre artistas está la creación de nuevos mundos); por otra parte, nos permite leer una buena novela, como es sin duda la obra de Avellaneda, aunque quede deslucida por la comparación y, sobre todo, al ser derrotada en el pulso que se echó con Cervantes. Todo ello no hubiera sido posible si Cervantes se hubiera limitado a ignorar al usurpador: quizá hasta el resultado de la segunda parte cervantina hubiera sido más previsible y menos innovador. Le dolería a don Miguel, pero los lectores hemos salido ganando.
Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.
También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.
Foto quijotesca de Aldabra
Con la lectura de las entradas quijotescas, Aldabra -que, como sabéis, sale de viaje en cuanto puede y ya colaboró en esta locura- recordó ciertas fotos que tomó en la Plaza de Zocodover de Toledo, un lugar que, como sabéis, es mencionado por Cervantes en su obra. Publico ésta, que pone de manifiesto la presencia quijotesca. ¡Gracias, Aldabra!
Noticias de nuestro Quijote
Ele Bergón busca a Cervantes y quizá sería bueno encontrarlo en estos tiempos que corren. Antes de que terminemos la lectura, para que nos dé consejos.
Antonio Aguilera comenta el capítulo 71 desde el poco entusiasmo de Sancho por sanar doncellas a costa de sus carnes. Tiene razón, Antonio, Sancho no ha nacido para eso.
Cornelivs comenta el salto de novela de Álvaro de Tarfe: una gran aportación la suya a partir de sus conocimientos legales. No os perdáis la entrada ni sus pregutas finales.
Fuentecillas constata que aun hay quien quiere vigilar a Don Quijote y a Sancho para que no se escapen. Podéis ver la estatua de su entrada aquí.
Manuel de la Rosa, Tuccitano, afina en su comentario del capítulo, sobre todo evidenciando la modernidad del enfoque cervantino.
Kety nos regala una nueva entrada de su Quijote en verso. No os perdáis el emotivo y acertado final.
Merche Pallarés comenta el capítulo, con acierto, desde el ataque cervantino a Avellaneda, que resalta, precisamente, lo que le separa del usurpador.
Paco Cuesta debate, con gran acierto, sobre la condición de la derrota de ambos personajes y la importancia, justo en ese momento, de la introducción de Álvaro Tarfe. Os recomiendo que no os perdáis la entrada.
Pancho hace un comentario excelente sobre la forma en la que Cervantes devuelve la jugada a Avellaneda. Tiene razón desde el título de su entrada, bien ilustrada, como siempre.
Jan Puerta hace una entrada bien quijotesca para aplazar su entrada con el comentario del capítulo semanal.
Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, nos regala un lujo de entrada: desde la perspectiva sobre la que la construye, la aparición de un Álvaro Tarfe reivindicativo y unas ilustraciones que vienen al caso y amplían el conocimiento. En esto, el Sanchico se ve desdibujado: no sabe que permanecerá bien dentro de la memoria de todos los que hemos participado en esta lectura, gracias a Ele Bergón.
Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.domingo 24 de octubre de 2010
H.2286
Algunas de las mejores personas que conozco tienen la misma función que un riel en las vías del tren: fijadas al terreno facilitan siempre que los demás viajen. Alegoría del maestro.
viernes 22 de octubre de 2010
Peluquería Selene
Helios y Selene, hermanos, dan vueltas desde hace años todos los días y noches a la manera de encontrar unos minutos para encontrarse en un cafetería a medio camino entre sus casas sin lograrlo. Su afán es el cotidiano: levantarse, hacer el desayuno para sus hijos, salir a la carrera casi sin despedirse de sus parejas, trabajar en algo que no les satisface mucho, recoger a los niños a la salida del colegio y comprobar si salen felices o con el aspecto de haber vivido un drama profundo que se le olvidará al día siguiente, comer casi de pie, recoger la casa, ayudar con las tareas escolares antes de las actividades extraescolares. Helios trabaja como conductor de autubuses urbanos desde que regresó a la ciudad tras aquella huida de casa que nadie comprendió. Selene abrió una peluquería que ha conseguido mantenerse con una clientela habitual que cuenta siempre las mismas historias. Un día, Selene se quedó pensativa mientras peinaba a una novia. Pidió a una aprendiz que la relevara y fue hacia el teléfono para llamar a su hermano:
- ¿Y si...?
- Yo también lo he pensado.
jueves 21 de octubre de 2010
Certificado a petición del interesado (Cap. 2.72)
La aparición del personaje llamado Álvaro Tarfe en este capítulo tiene tanta riqueza de matices y posibilidades de lectura que merecen un sosegado análisis.
Como el mismo Don Quijote aclara tanto con su intuición como con sus preguntas, Tarfe es el mismo compañero del caballero y su escudero en la novela de Avellaneda, en la que venía a representar un protector de ambos que decide, finalmente, el internamiento en un manicomio de don Quijote para que sane -la función del personaje, que no su caracterización, tiene interesantes puntos de contacto con Sansón Carrasco-. Argumentalmente, Cervantes lo usa para pagar con su propia moneda al usurpador de la historia a través de un giro ingenioso que culmina las alusiones y críticas que ha dejado caer desde la primera mención de la falsa segunda parte: toma un personaje de la continuación de Avellaneda, quizá el personaje más significativo de la historia aparte de los protagonistas, para introducirlo en la suya propia y certificar ante notario -obsérvese un cierto aire de parodia sobre la obsesión por el documento notarial en la España de tiempos de Cervantes, como si sólo ese acta pudiera corregir la realidad (la declaración se hizo con todas las fuerzas que en tales casos debían hacerse, con lo que quedaron don Quijote y Sancho muy alegres, como si les importara mucho semejante declaración y no mostrara claro la diferencia de los dos don Quijotes y la de los dos Sanchos sus obras y sus palabras)- que aquellos ante los que ahora se encuentran no son los mismos que él conoció y que, además, son bien diferentes en sus caracteres, lo que le lleva a negar lo que ha vivido (ver dos don Quijotes y dos Sanchos a un mismo tiempo, tan conformes en los nombres como diferentes en las acciones; y vuelvo a decir y me afirmo que no he visto lo que he visto, ni ha pasado por mí lo que ha pasado).
Hasta ahí no presenta dificultades el argumento y nos ofrece el cierre a la herida que recibió Cervantes cuando se vio robado por Avellaneda.
Pero cabe dar más pasos que profundizan en el juego narrativo propio del ingenio cervantino: si Álvaro Tarfe demuestra la falsedad de Quijote y Sancho de Avellaneda, también está, de una u otra manera, negando la suya propia o, al contrario, avalando todas las duplicidades; introducir a Álvaro Tarfe camino de regreso a su tierra tras haber dejado a don Quijote en el manicomino convierte la segunda parte de Cervantes en una continuación de la segunda parte de Avellaneda, a la que seguiría casi de forma paralela en la temporalidad de las acciones, aunque siempre un paso por detrás para superarla en esta escritura notarial.
Este juego permite una lectura muy moderna -y, en cierta manera, también barroca-: en realidad, a pesar de la insitencia de los críticos, Tarfe no niega que existan los Quijote y Sancho de Avellaneda, sino que afirma que son otros, muy diferentes a los que ahora se encuentra, hasta el punto de hacerle dudar de lo vivido, con lo que Cervantes introduce en la narración el motivo del doble, algo que no ha sido tan extraordinariamente tratado hasta la literatura del siglo XX, como si de la aldea salieran, al mismo tiempo, dos parejas de protagonistas que son y no son los mismos, camino de Zaragoza. No sé si Cervantes fue consciente de todo el potencial que introducía en la historia de la narrativa esta aparición de Tarfe, pero consiguió un efecto inagotable de creación y reflexión crítica y filosófica cuya realización vuelve a sorprendernos de nuevo en una novela que ya parecía agotarse.
Pero hay un elemento más, éste sí señalado insistentemente por los cervantistas con acierto: Álvaro Tarfe es morisco. Por una parte, por lo tanto, es tan poco fiable como el narrador Cide Hamete y cabe dudar de todo lo que dice y hace; por otra, es singularmente irónico que sea alguien que también se vio afectado por la expulsión -como Ricote- el que declare ante notario cuando debería andar escondido. Todo un ingenioso, irónico y divertido juego de matices.
Antes de entrar en su aldea, Sancho termina de cumplir, a su manera, con los azotes. Don Quijote -que ve que los golpes no afectan a su escudero- le deja hacer: la deuda se salda entre ambos en esta estrategia de engaños entre ambos en el que ninguno de los dos sale, en verdad, derrotado ni vencedor puesto que, además, la baza final aun no se ha jugado.
Finalmente llegan a su localidad. No es don Quijote -ya no está para nada, tras su último esfuerzo ante Tarfe-, sino Sancho quien parodia el regreso al hogar de los héroes. El diálogo entre ambos es ingenioso: Sancho se ecumbra a su estilo, como quien quiere demostrar lo aprendido en el viaje. Don Quijote -que aun piensa en la posibilidad de renovar el juego narrativo con la vida pastoril-, abrevia. El narrador, les hace entrar en la aldea en una sola y breve frase con la que se cierra la tercera salida, sin perderse en zarandajas de retórica caballeresca:
Veremos si entran o no entran el próximo jueves, al comentar el capítulo LXXIII.
-Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza, tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede. Dineros llevo, porque si buenos azotes me daban, bien caballero me iba.
-Déjate desas sandeces -dijo don Quijote-, y vamos con pie derecho a entrar en nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones, y la traza que en la pastoral vida pensamos ejercitar.
Con esto, bajaron de la cuesta y se fueron a su pueblo.
Veremos si entran o no entran el próximo jueves, al comentar el capítulo LXXIII.
miércoles 20 de octubre de 2010
Nuevos tiempos.
La caída del bloque comunista en la etapa central de la postmodernidad y la posibilidad de una refundación del capitalismo para favorecer su rostro humano por las mismas fechas fue el logro histórico más evidente de esa época, que propugnaba la superación de los conflictos ideológicos y sociales protagonistas de la historia desde el siglo XVIII. No conseguir una propuesta integradora, no fabricar un peso que equilibrara la balanza ideológica tras la caída del muro de Berlín con la consecuencia del avance de las ideas neolibarales de un fuerte componente conservador basado en leyes del mercado que más parecían fe ciega en que éste siempre puede regularse a sí mismo de forma escasamente traumática y el desarrollo del terrorismo internacional a partir de los antiguos focos de tensión justificados ahora con tintes de integrismo religioso -usados por algunos gobiernos para imponer medidas de seguridad extremas o desarrollar conflictos bélicos- como consecuencia de que el nuevo orden no podía satisfacer por igual a todas las regiones del planeta, su mayor fracaso.
La aparición de las claves del pensamiento postmoderno buscaba dar solución a la situación mundial de mediados del siglo XX, pero no ha servido para principios del siglo XXI. La ruptura de la dinámica de bloques y viejas ideologías que chocaban entre sí sin acoger al individuo más que como parte de un colectivo era una necesidad. Pero la consecuencia no buscada -aunque, en cierto modo, esperable- es la que vivimos desde hace una década puesto que la utopía postmoderna fracasó quizá por demasiado ingenua: un neoliberalismo triunfante y soberbio que se ha hecho con el sello de calidad, como si fuera la única opción viable y de sentido común y que se ha acogido a la ruptura de fronteras que ha implicado la globalización para tener más peso que los gobiernos nacionales a los que marca directrices de obligado cumplimiento a través de organismos internacionales y de grupos de presión so pena de destruir su tejido económico en caso de desobediencia; países que tenían una fragilidad social desde su fundación, muy alejados de la forma de entender la historia que predomina en occidente y que se han visto inmersos en guerras civiles en las que se han sumado conflictos económicos, sociales y religiosos y que han caído bajo el control de castas inflexibles que se sostienen a partir del integrismo y el fanatismo de parte de la población, del siempre peligroso victimismo histórico y de la internacionalización de los conflictos que no se proponen ni siquiera como soluciones globales sino como guerras de terror contra el enemigo que acaban sufriendo siempre la población civil de otros países y del propio que los origina; pérdida de peso de los organismos internacionales, excepto los que sirven a las grandes potencias como herramienta de control financiero, usados todos ellos casi siempre para servir intereses económicos; la práctica desaparición de cualquier ideología que sirva como propuesta equilibradora de todo lo que nos ha llevado a estos conflictos internacionales o a la presente y profunda crisis económica y cuyos restos en algunos países se parecen más a propuestas populistas con fuertes tendencias personalistas que a verdaderas claves alternativas, mientras que la llamada socialdemocracia -procedente de la evolución del antiguo socialismo de los países democráticos occidentales- no es más que una versión del liberalismo progresista decimonónico.
Viviremos una época convulsa hasta que surja una propuesta ideológica que aporte equilibrio frente al neoliberalismo triunfante por su adaptación a las nuevas circunstancias históricas y por su extensión en las sociedades occidentales. La sociedad civil occidental está ausente, por ahora: atemorizada ante la evidente tendencia al recorte de logros que habían constituido la llamada sociedad del bienestar, oscila entre el motín intermitente sin red que lo sostenga y le dé mayor alcance y la aceptación resignada de todo lo que se le viene encima por el miedo a que, de no aceptarlo, la vida más o menos cómoda que ha disfrutado hasta ahora, empeore. En las elecciones castiga a los gobiernos -sean de la ideología que sean- o se abstiene sin que esta abstención sea activa, con lo que aparecen con fuerza grupos extremistas que se aprovechan del temor generalizado con mensajes xenófobos y de exclusión del diferente de fácil digestión en las circunstancias actuales. Preocupante.
martes 19 de octubre de 2010
Manzacosas
Hoy, en el camino hacia la Facultad, la ciudad olía a castañas asadas. No podía ser cierto: no habían abierto los puestos que las asan, pero los sentidos tienen su propia apreciación de la realidad. Nunca han sido alimentos para el desayuno las castañas: en la postguerra -así nos lo cuentan- un cucurucho de papel de periódico con castañas asadas tenía dos funciones, calentar las manos heridas de sabañones, servir de cena para los que no podían tener otra. Es curioso: cuando un español dice la postguerra sólo puede referirse a una en concreto, a pesar de tantas guerras como ha vivido el país y del tiempo que ha transcurrido desde 1939..
El Espolón, en este octubre ya frío, pesaba en el recuerdo de otro otoño. Este paseante teje sus pensamientos de recuerdos para comprender mejor lo que le sale al paso. De pronto me acordé de él y de lo que supuso para el grupo inicial de blogs de la Burgosfera y de aquellos que se relacionaban con ellos.
Dos años sin tu palabra, querido Manzacosas.
lunes 18 de octubre de 2010
Colegio Cervantes y noticias de nuestro Quijote.
Google da 903.000 resultados cuando se hace una búsqueda con los términos colegio y Cervantes. Por supuesto que no tiene validez estadística ni responde exactamente a la realidad, pero nos documenta que Miguel de Cervantes ha sido un referente a la hora de poner el nombre a un centro de educación -colegios, institutos, universidades, academias, etc.
Como ya vimos con los locales teatrales, la circunstancia no deja de esconder una ironía: no sabemos con certeza la formación académica que tuvo Cervantes -aunque hay indicios certeros que lo sitúan dentro de círculos humanistas de educación antes de su marcha a Italia- y, durante mucho tiempo, ilustres académicos y escritores le negaron la erudición y el ingenio suficiente como para escribir las obras que escribió. Sin embargo, casi todos los países de habla española le han honrado poniendo su nombre a cientos de edificios dedicados a la educación desde el siglo XIX. En algunos momentos, a la vez que abrían centros con su nombre, los gobiernos de turno quisieron imponer una visión oficial sobre Cervantes y su legado que redujera el potencial crítico de su obra y su personalidad: se percibe este hecho en muchos centros abiertos en el franquismo, en los que se daba una versión edulcorada de su legado literario y una lectura reduccionista, en especial del Quijote. Aun así, ahí está Cervantes, como presencia constante de la cultura hispánica y, sean cuales sean las razones que llevan a poner su nombre a un colegio, el personaje obliga a quien traspasa cada día las puertas de las aulas a estar a su altura.
Traigo aquí, como ejemplo, la fotografía del Colegio público Cervantes de Miranda de Ebro, situado en la plaza del mismo nombre. Alguno de los que participáis en la lectura habéis aportado otros ejemplos.
Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.
También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.
Noticias de nuestra lectura
Aviso: circunstancias personales me han hecho retrasar la circular dirigida a los que habéis manifestado vuestra intención de acudir a la comida quijotesca. La enviaré a lo largo de esta semana. Espero que sepáis disculparme.
Como un juego de pícaros ve Jan Puerta la historia de los azotes del capítulo de la semana. No os perdáis la ilustración, que guarda sorpresa, así como los varios grabados que recoge su entrada.
Debemos incluir varias entradas de Firvulag para nuestra lectura, alguna de las cuales se me pasó en su día y por eso pido disculpas. En la primera, comentaba el inicio de la nueva burla de los Duques con su opinión sobre la participación en ella de los protagonistas, a los que ve moralmente superiores a sus anfitriones. En la segunda, trata del carácter y origen del personaje de Altisidora. Finalmente, presta atención a la sabiduría matemática de Sancho a la hora de calcular el precio de los azotes.
Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta la virtud del pícaro Sancho, que se afana en descortezar árboles. Y lo ilustra como en ella es habitual. Mientras tanto, el Sanchico (que en el capítulo anterior había dejado clara su opinión sobre Altisidora) se debate entre la alegría al saber que su padre vuelve a casa con dinero y poco azotado y la tristeza al saber que Ele Bergón dejará de darle voz: en esto se parece a nosotros.
Cornelivs -que, como sabéis, es patidario de que Don Quijote no era consciente del engaño de Sancho- desgrana la razón y precio de los azotes y las conversaciones posteriores entre ambos protagonistas.
Pancho propone la lectura del capítulo a partir de una apreciación de Unamuno que tiene mucha enjundia. No os perdáis las ilustraciones de su entrada.
En la entrada de Merche Pallarés encontraréis una buena acumulación de trucos y refranes sanchopancescos, dignos de enredar al bueno de don Quijote.
Paco Cuesta analiza minuciosamente el carácter de Sancho en relación con el asunto del encantamiento de Dulcinea y de los azotes. No os perdáis su entrada.
Antonio Aguilera hace un divertido y acertado análisis de la actitud de Altisidora y el comportamiento de Don Quijote, no os lo perdáis.
Como un juego de pícaros ve Jan Puerta la historia de los azotes del capítulo de la semana. No os perdáis la ilustración, que guarda sorpresa, así como los varios grabados que recoge su entrada.
Debemos incluir varias entradas de Firvulag para nuestra lectura, alguna de las cuales se me pasó en su día y por eso pido disculpas. En la primera, comentaba el inicio de la nueva burla de los Duques con su opinión sobre la participación en ella de los protagonistas, a los que ve moralmente superiores a sus anfitriones. En la segunda, trata del carácter y origen del personaje de Altisidora. Finalmente, presta atención a la sabiduría matemática de Sancho a la hora de calcular el precio de los azotes.
Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta la virtud del pícaro Sancho, que se afana en descortezar árboles. Y lo ilustra como en ella es habitual. Mientras tanto, el Sanchico (que en el capítulo anterior había dejado clara su opinión sobre Altisidora) se debate entre la alegría al saber que su padre vuelve a casa con dinero y poco azotado y la tristeza al saber que Ele Bergón dejará de darle voz: en esto se parece a nosotros.
Cornelivs -que, como sabéis, es patidario de que Don Quijote no era consciente del engaño de Sancho- desgrana la razón y precio de los azotes y las conversaciones posteriores entre ambos protagonistas.
Pancho propone la lectura del capítulo a partir de una apreciación de Unamuno que tiene mucha enjundia. No os perdáis las ilustraciones de su entrada.
En la entrada de Merche Pallarés encontraréis una buena acumulación de trucos y refranes sanchopancescos, dignos de enredar al bueno de don Quijote.
Paco Cuesta analiza minuciosamente el carácter de Sancho en relación con el asunto del encantamiento de Dulcinea y de los azotes. No os perdáis su entrada.
Antonio Aguilera hace un divertido y acertado análisis de la actitud de Altisidora y el comportamiento de Don Quijote, no os lo perdáis.
Aldabra no ha podido contenerse y usa el final del Quijote en su última entrada: no vayáis -por ahora- aquellos que queráis que os sorprenda Cervantes.
Manuel Tuccitano aprovecha el camino de regreso para continuar su lección de geografía quijotesca, algo que separa esta obra de las que parodia. Un acierto.
Kety, fiel a su proyecto del Quijote en verso, anuncia el regreso a la aldea. Es de apreciar cómo se conserva el espíritu cervantino en sus versos.
Manuel Tuccitano aprovecha el camino de regreso para continuar su lección de geografía quijotesca, algo que separa esta obra de las que parodia. Un acierto.
Kety, fiel a su proyecto del Quijote en verso, anuncia el regreso a la aldea. Es de apreciar cómo se conserva el espíritu cervantino en sus versos.
Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.sábado 16 de octubre de 2010
viernes 15 de octubre de 2010
Calle Arenal esquina Calle San Nicolás
Hacía frío en Miranda de Ebro, un frío húmedo de otoño. El río corría lento, entre aquende y allende, quizá corría por dentro, buscando ensimismado -desde tan lejos- desembocar en su mar.
jueves 14 de octubre de 2010
El precio de los azotes (2.71)
Era necesario rematar la historia de los azotes -y, en consecuencia, el desencantamiento de Dulcinea- antes del regreso a la aldea, inteligentemente anunciada en el capítulo, que supone el broche perfecto a este motivo, uno de los que han vertebrado la segunda parte desde que Sancho hubo de mentir para encubrir otra mentira de su anterior salida. Este motivo es también, de entre todos los de la novela, uno de los que mejor han ejemplificado la cambiante relación entre amo y criado: como hemos visto, desde que Sancho fue enviado a llevar la famosa carta de amor a Dulcinea cuando su amo quedó haciendo locuras en la sierra, hay una pugna silenciosa entre los dos que pone de manifiesto que ambos se conocen, aprenden uno del otro y rivalizan en un ingenioso combate para ver quién de los dos gana al otro en este enredo de medias verdades y falsedades descaradas que se teje en torno a la figura de Aldonza-Dulcinea y en el que intervienen para su propio divertimiento los Duques, enredándolo todo. El cierre del motivo era una necesidad argumental, pero también de la forma en la que están construidos los caracteres de D. Quijote y Sancho.
Don Quijote toma al vuelo la queja de Sancho: ser el médico de las doncellas encantadas y aparentemente muertas no le ha reportado nada más que problemas con su amo y molestias continuas. Además, la interesada Altisidora no ha cumplido su palabra de recompensarlo por haberla resucitado sufriendo mamonas y pellizcos. Don Quijote se da cuenta de que, lo que no consiguió a la fuerza ni con ruegos, puede lograrlo por la avaricia de Sancho y le pide que ponga precio a sus azotes (es decir, a su propio castigo por la mentira a las afueras de El Toboso) y se sirva del dinero que lleva en su poder (con lo que se da un uso peculiar al dinero restante de la cantidad que Don Quijote tuvo a bien llevar en esta tercera salida -recordemos el consejo del ventero en la primera). Sancho, tras un divertido cálculo -procendente de las narraciones folclóricas en fondo y forma-, se pone precio: 825 reales, aumentado en 100 por Don Quijote para que comience lo antes posible.
Observemos, con calma, la perversión del precio: por una parte, cifrar en una cantidad de dinero -a cuartillo el azote, luego doblado- la salvación de una doncella desmorona la bondad del recurso. El mismo Don Quijote muestra cierto escrúpulo inicial en la propuesta (no sé si vendrá bien con la cura la paga) para darse cuenta, en seguida, de que es la única forma de que Sancho proceda a azotarse, más aun porque la historia -y, con ella, el juego- se acaba. Por otra, el mismo Sancho, que sabe la verdad del asunto, pone tasa a su propia penitencia.
Ya sabemos que tampoco Don Quijote saldrá triunfante de este intento: Sancho lo engaña al darse cuenta del dolor que sufre tras azotarse un tiempo y golpea, en vez de sus posaderas, los árboles hasta descortezarlos. Lo importante es lo que sucede tras el nuevo engaño de Sancho, que se comporta con argucia de pícaro: Don Quijote -que tantas veces había golpeado su criado-, se apiada y termina deteniendo lo que él piensa ser un castigo excesivo para el engaño del mozo (el uso expreso de la palabra burla, en este contexto, aclara tanto la perspectiva de Sancho como la de Don Quijote puesto que ambos saben la verdad de lo acontecido) y, finalmente, renuncia de facto a llevar más allá su pretensión al posponerlo de tal forma que hará imposible cumplir el pacto (lo hemos de guardar para nuestra aldea).
La llegada a la venta refuerza lo que hemos percibido en el camino de regreso: por una parte, el final de la aventura, que se anuncia definitivamente al aclarar que Don Quijote tiene ya más juicio porque no confunde la venta con un castillo -cosa que sucedía desde mucho antes-; por otra, un nuevo ataque contra Avellaneda. En efecto, la contemplación de una tosca representación del robo de Elena y otra de la historia de Dido y Eneas -curioso testimonio de la popularización de temas clásicos- le sirve a Cervantes para varias cosas: en primer lugar, dar una vuelta más a la historia de Altisidora; pero, singularmente, para resaltar que si a su propio texto le espera la popularidad (-Yo apostaré -dijo Sancho- que antes de mucho tiempo no ha de haber bodegón, venta ni mesón, o tienda de barbero, donde no ande pintada la historia de nuestras hazañas), al de Avellaneda, el olvido puesto que pintó o escribió lo que saliere.
Veremos, el próximo jueves, qué les depara a nuestros protagonistas el capítulo LXXII.
miércoles 13 de octubre de 2010
Chapa oxidada
Se pule la persiana metálica, se adecentan las plantas, se limpia el ladrillo de la fachada. Luego, un paso atrás para contemplar el resultado del trabajo bien hecho y metódico: quizá un pellizco de orgullo y satisfacción, como quien se relaja feliz tras ordenar la mesa de trabajo antes de reanudar la tarea diaria. Pero es inevitable que la vida se empeñe en mostarnos esa esquina que nos dejamos sin ordenar, el polvo que no alcanzamos a limpiar o que, tras secarse del agua con el que intentamos devolverle el aspecto primero, reaparezca el óxido en esa tapa de chapa metálica que, con tanto esmero, elegimos en su día por su color adecuado para el conjunto y que alguien impulsivo eligió para escribir un fácil exabrupto del que se arrepentirá pasado el tiempo. No podemos gobernar nuestra vida más que cuando nos engañamos y hace tiempo que uno ha dejado de hacerlo para aceptarla.
La vida, queridos amigos, me obliga a no visitaros en estas próximas fechas
con la asiduidad de antes. Intentaré mantener el ritmo de publicaciones de
La Acequia. Espero que sepáis disculparme.
martes 12 de octubre de 2010
Cuatro años de La Acequia.
Ayer lunes se cumplieron cuatro años de La Acequia. Este espacio ha sido muchas cosas desde aquel día de octubre de 2006: no sólo mías -este blog responde a motivaciones personales y académicas, como sabéis los más antiguos lectores-, también de todos los que os habéis acercado a él y a los que tanto os debe. Hay días en los que pienso que La Acequia es más plaza de todos, lugar de encuentro en el que nos paramos un rato para hablar de los que nos preocupa o alegra. Gracias a todos vosotros.
lunes 11 de octubre de 2010
De nuevo sobre los últimos capítulos del Quijote, aviso para la comida quijotesca y noticias de nuestra lectura.
Observo, en los comentarios a las últimas entradas, que algunos de vosotros cuestionáis la pertienencia de los capítulos finales del Quijote. A los que así pensáis, como ya expliqué desde el inicio del camino de regreso a su aldea de los protagonistas, os avalan autores que han comentado lo mismo casi desde los primeros testimonios sobre la recepción de la novela.
Los receptores de un texto artístico tenemos derecho a mandar en nuestra forma de entender un texto artístico. Incluso la teoría literaria, en especial a partir de mediados del siglo XX, reconoce que es el receptor quien decide finalmente sobre una obra.
Sentada esta premisa válida para la mayoría, sin embargo, los receptores que quieren ir más allá de su propia recepción individual y comprender tanto las recepciones colectivas como las que se han sucedido históricamente en diferentes etapas o, incluso, las posibles intenciones de un autor a la hora de plantear su trabajo, deben ampliar su mira. Otra cosa es que, después de comprender todo esto, nos quedemos con una lectura propia o, incluso, parcial, válida para nuestra forma de entender la obra o para construir a partir de ella otra obra de creación: hay más don quijotes que Don Quijote por eso mismo, como también hay más meninas a partir de las de Velánzquea que las que pintó Velázquez. Y eso que ya, en sí mismo, el personaje creado por Cervantes es lo suficientemente ambiguo en muchas de sus características.
Es en ese contexto en el que se explican mejor estos capítulos finales. Por una parte, ya lo sabemos, Cervantes hubo de prolongar el viaje del protagonista al aparecer la continuación de Avellaneda. Este cambio enriqueció la obra con la extraordinaria estancia en tierras catalanas y, en especial, con la derrota en la playa de Barcelona. Pero también planteaba el reto de hacer volver a los protagonistas desde más lejos y en un juego paralelo de situaciones ida-vuelta.
Por otra, Cervantes se sintió profundamente herido por la falsa segunda parte y decidió que todo lo que pasara a partir del momento en el que decide introducir las noticias sobre ella fuera un juego intertextual con la novela de Avellaneda para contradecirla y superarla desde la misma esencia del producto narrativo: es un nuevo reto paródico dentro de una novela construida, en sí misma, como parodia. Por eso necesitó hacer volver con calma a los personajes, aunque menos que a la ida.
Pero siendo mucho ya lo expuesto, la razón principal para que existan estos capítulos es algo que no debe olvidársenos: antes del Quijote no existía el Quijote. Pedirle a Cervantes soluciones postcervantinas es rizar la exigencia del lector. Sólo a partir del Quijote pueden parecernos inútiles estos capítulos, pero para eso alguien debería haber escrito un Quijote antes de Cervantes.
En el fondo, esto es lo que sucede con muchos críticos de la novela (en general, de las obras artísticas del pasado), en especial a partir del siglo XX. Le exigen a Cervantes que escriba como si el Quijote hubiera sido publicado un siglo antes de su nacimiento y que invente soluciones narrativas imposibles de pensar en el siglo XVII, incluso para Cervantes que tantos nuevos caminos exploró con éxito. Ni siquiera muchos de los autores que plantean esta exigencia son capaces de hacerlo cuatro siglos después.
Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.
También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.
Aviso sobre la comida quijotesca
Esta semana escribiré a los que se han apuntado ya a la comida quijotesca proponiendo una ciudad y dos fechas posibles. Aquellos que no reciban el correo antes del domingo pueden ponerse en contacto conmigo para hacerme ver el olvido. Aquellos que no se han apuntado hasta ahora deben hacerlo en esta semana.
Noticias de nuestra lectura
Merche Pallarés, que no ha ocultado nunca sus sentimientos hacia los Duques, se alegra del fin de esta etapa. Tanto como de la patada a Avellaneda...
Kety versifica las horas finales en casa de los Duques y la salida de los protagonistas en su excelente trabajo del Quijote en verso.
Paco Cuesta analiza todo el proceso del encantamiento de Dulcinea hasta el presente capítulo, desde la perspectiva de Sancho y las pistas cervantinas.
Jan Puerta duda, con razón, sobre la cordura de los burladores y tampoco se le escapa la peculiar personalidad de Altisidora, la falsa muerta. Lo ilustra con una imagen bien quijotesca y varios grabados alusivos.
Abejita de la Vega enfoca su comentario desde la explicación de Cide Hamete y su intervención como narrador opinante. No os perdáis sus ilustraciones. También bien ilustrada la continuación de su comentario, que acierta en su enfoque desde el título.
Pancho analiza el capítulo, cuya necesidad para la comprensión de la evolución de los personajes resalta, además de ilustrarlo con acierto, como siempre.
Muy acertado el comentario de Manuel de la Rosa, Tuccitano, sobre todo cuando apunta a Altisidora.
Del buen análisis del capítulo que hace Cornelivs, quiero recomendaros que os fijéis en lo que dice sobre si don Quijote fue o no consciente de la burla de los Duques y sigáis el rastro de los comentarios en esta entrada.
Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Kety versifica las horas finales en casa de los Duques y la salida de los protagonistas en su excelente trabajo del Quijote en verso.
Paco Cuesta analiza todo el proceso del encantamiento de Dulcinea hasta el presente capítulo, desde la perspectiva de Sancho y las pistas cervantinas.
Jan Puerta duda, con razón, sobre la cordura de los burladores y tampoco se le escapa la peculiar personalidad de Altisidora, la falsa muerta. Lo ilustra con una imagen bien quijotesca y varios grabados alusivos.
Abejita de la Vega enfoca su comentario desde la explicación de Cide Hamete y su intervención como narrador opinante. No os perdáis sus ilustraciones. También bien ilustrada la continuación de su comentario, que acierta en su enfoque desde el título.
Pancho analiza el capítulo, cuya necesidad para la comprensión de la evolución de los personajes resalta, además de ilustrarlo con acierto, como siempre.
Muy acertado el comentario de Manuel de la Rosa, Tuccitano, sobre todo cuando apunta a Altisidora.
Del buen análisis del capítulo que hace Cornelivs, quiero recomendaros que os fijéis en lo que dice sobre si don Quijote fue o no consciente de la burla de los Duques y sigáis el rastro de los comentarios en esta entrada.
Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.viernes 8 de octubre de 2010
jueves 7 de octubre de 2010
Conversaciones de alcoba (2.70)
A través de Cide Hamete, el narrador nos relata el cruce de dos intenciones opuestas en el final pero coincidentes en el medio: Sansón Carrasco, guiado por la información del paje que llevara la carta a Teresa Panza, buscó a don Quijote y Sancho en el palacio de los Duques con el mismo objetivo que le llevó finalmente hasta Barcelona. Frente a frente, los Duques y el bachiller confrontan historias y se ríen juntos de la extravagancia del caballero y la simplicidad del escudero. Coinciden todos en introducirse en el juego caballeresco de Don Quijote, pero difieren en sus intenciones: Sansón Carrasco busca el retorno del vecino para que se cure de su mal y los Duques sólo buscan un bufón que les divierta en sus momentos de ocio. Curiosamente, el lector siente una extraña sensación puesto que comprende las razones del primero a pesar de que significan el final del personaje que tanto le hace disfrutar, mientras que rechaza las de los segundos a pesar de que prolongan ese disfrute.
Es una inteligente confrontación que se juega también dentro de la cabeza del lector: el sentido común que le ata a la realidad le hace estar de parte de quien procura el bien del hidalgo y, por lo tanto, el fin del caballero; el placer de la lectura le susurra al oído que comparta la crueldad de los Duques a pesar de no estar de acuerdo con ella, porque sólo así podría seguir la historia de don Quijote. Cervantes nos enfrenta con un dilema que cada uno debe resolver y de su posición o de su ambigüedad dependerá la lectura personal de cada receptor de la obra. Cide Hamete lo tiene claro, como manda la razón:
Y dice más Cide Hamete: que tiene para sí ser tan locos los burladores como los burlados, y que no estaban los duques dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahínco ponían en burlarse de dos tontos.
De paso, este encuentro entre Sansón Carrasco y don Quijote sirve para dar verosimilitud al capítulo anterior. El presente, se decanta pronto por la aceleración en los acontecimientos y el argumento se nos da en forma de cuatro breves diálogos desarrollados en el aposento en el que descansan don Quijote y Sancho. Como es el mismo que ocupó don Quijote en su anterior estancia, la cómica situación provocada por la reiterada invasión del cuarto mientras el protagonista está en la cama, nos devuelve inmediatamente a la imaginación el encuentro entre el caballero y doña Rodríguez.
El primero, entre amo y criado, vuelve al usado motivo de la forma en que tienen ambos de conciliar el sueño: las ganas de dormir de Sancho frente a la necesidad intelectual de don Quijote de comentar lo que ha sucedido o meditar sobre ello; el segundo, es la entrada de Altisidora con intención de prolongar la broma y su relato de lo visto a las puertas del infierno (que se aprovecha para un ataque directo a la continuación de Avellaneda, cuya obra es pateada por los diablos); el tercero, se da con el poeta y se aprovecha para un ataque conta la poesía a la moda, tan plagada de plagios; el cuarto, para cerrar todos y despedir a los Duques.
El hilo conductor de todos ellos es, de nuevo, el amor: la fidelidad de don Quijote a Dulcinea, a pesar de todo; la burla amorosa de Altisidora que provoca el fuerte contraste barroco (démonos cuentas de que tanto el amor sublimado y literario de don Quijote como el de Altisiodora son falsos, pero sólo éste es fingido, por lo que se le castiga al final), el tratamiento del amor en la poesía de la moda, que lo banaliza por poco original. Citar aquí a Garcilaso, el origen de la fórmula poética triunfante desde el principio del siglo XVI ,es todo un manifiesto de intenciones que procura el necesario retorno a las fuentes primeras en un contexto en el que la poesía había derivado hacia un combate de artificios basados en la agudeza.
Se cierra así, definitivamente, la estancia en tierras de los Duques. Veremos, el próximo jueves, cómo continúa la historia, al comentar el capítulo LXXI.
miércoles 6 de octubre de 2010
martes 5 de octubre de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















































