miércoles 31 de marzo de 2010

Sed nocturna


Esta noche, la fiebre que tengo desde hace un par de días me despertó con sed. No pude encontrar el camino de la cocina de mi casa porque en el pasillo había crecido una selva. Bebí el agua de lluvia retenida en las hojas de las plantas por miedo a deshidratarme y, al volverme a la cama, me di cuenta de que, en demasiadas ocasiones, lo cotidiano se me enreda tanto que no hay sendero que me conduzca a la salida del bosque.

lunes 29 de marzo de 2010

Sobre el voseo y otros tratamientos en el Quijote, un rincón cervantino en Béjar y noticias de nuestra lectura.

A partir de su comentario del capítulo 2.41, prometí a Antonio Aguilera una breve explicación del tratamiento que don Quijote le da a Sancho en él. Como le comentaba a Antonio, no se trata del usted sino del vos:

-Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos, y no os digo más.

Dirigirse a alguien de vuestra merced (y sus variantes hasta la contracción final de la expresión en usted) significaba un tratamiento cortés y respetuoso entre iguales o de inferior a superior (por jerarquía social). Por supuesto que el uso irónico de esta fórmula podía destruir este respeto.

El tuteo, ahora tan generalizado, sólo se usaba entre iguales de mucha confianza y no siempre era recomendable, siendo frecuente que se evitara en casi todas las situaciones sociales públicas, excepto cuando se quería marcar esa proximidad. Entre el pueblo fue ganando terreno desde finales de la Edad Media.

El voseo, que es el usado en ese capítulo por don Quijote para dirigirse a Sancho, había cambiado mucho con respecto a su origen. Ya no implicaba ni respeto ni confianza como al principio del idioma (el vos, originalmente era una forma de tratar respetuosamente a alguien con el que no se tenía la complicidad necesaria para usar el tú) , sino la forma en la que un superior se dirigía a un inferior. En muchas ocasiones adquiría un matiz de desprecio. Desde el siglo XV, la literatura recoge ejemplos en los que se pone de manifiesto que dirigirse de esta manera a otra persona puede resultar ofensivo.

Por lo tanto, don Quijote usa el vos contra Sancho. Aparte de dejar claro que el escudero es su inferior, el uso del vos es ciertamente despreciativo. Posiblemente, Cervantes quiera trasmitir al lector cierta rabia del caballero al tener que pactar con Sancho al que, por mucho cariño que tenga -de hecho, en otras ocasiones lo tutea- no deja de considerar por debajo tanto en la jerarquía social como en la cultural.

Esto, por supuesto, en el español peninsular, en el que hoy, por esta razón, el vos dejó de usarse y hoy sólo suena a expresión anticuada. El uso de ustedes-vosotros en Andalucía puede considerarse una forma intermedia que tiene algo del antiguo voseo pero sin la connotación ofensiva: de hecho, sólo se conserva en plural.

Otra cosa es el voseo en América: se extinguió en las regiones en las que tenía la misma intención de tratamiento a un inferior, pero se conservó en aquellas otras en las que ganó la partida al tuteo. Curiosamente, en estas zonas, el uso del tú es más formal que el del vos.

En el Quijote, Cervantes juega continuamente con los tratamientos. En la obra hay un repertorio amplísimo de formas en las que dirigirse al otro, una verdadera escuela de cortesía. Atender a cómo se dirigen los unos a los otros y sus posibles matices cómicos y paródicos amplía la forma en la que podemos disfrutar de la lectura puesto que Cervantes, como buena parte de la literatura barroca, reflejó estos aspectos de la sociedad de su época y cómo el tratamiento podía implicar un insulto, respeto o provocar un altercado o incluso un duelo si alguien sentía que lo habían ofendido por un vos a destiempo.

Un rincón cervantino en Béjar


Dimos cuenta el pasado lunes de un rincón cervantino de Béjar relacionado con Pancho y Manolo -recordad que ya son varios los que hemos traído aquí gracias a los amigos de aquella bella localidad salmantina-. Completo la información con estas fotos que me han hecho llegar como muestra de lo que puede hacerse en todos los centros de educación para hacer útil un espacio de este tipo. ¡Gracias de nuevo, queridos amigos!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura

Antonio Aguilera se indispuso: y de allí salió una buena entrada en la que Harold Bloom compara a Shakespeare y Cervantes.

Paco Cuesta comenta el capítulo, desde la estratagema de Sancho hasta el listado de consejos de don Quijote. Aprecia el ascenso de Sancho.

Cosmo ve la inteligencia de Sancho para manejar la propuesta del Duque y los consejos de don Quijote como si se tratara de un libro de autoayuda, más un regalo de Kipling.

Pancho hace la ola a Cervantes tras leer el capítulo de los consejos, no es para menos. En su comentario veréis por qué este texto ha quedado tan grabado en la mente de los lectores. No os perdáis las imágenes.

Cornelivs enlaza su comentario del capítulo con la emoción que sintió al leerlo por primera vez: a todos nos ha pasado este deslumbramiento. Si aprendieran algunos...

Abejita de la Vega recupera su voz tras huir todos los secundarios y en la primera parte de su comentario nos habla del diálogo entre el Duque y Sancho. En la segunda, comenta los consejos de don Quijote y trae, muy bien traída, una referencia ilustrada a un instituto burgalés. Después publica las palabras del Sanchico, gracias a Ele Bergón: ya se ve hijo de gobernador y admira la inteligencia de su padre.

Manuel Tuccitano aprecia las características que han hecho que estos consejos se hayan mantenido tan vivos hasta hoy: total vigencia y expresión llana.

Asun también resalta la actualidad de los consejos, que deberíamos seguir todos incluso en nuestras relaciones personales.

Jan Puerta ve la relación cariñosa de don Quijote con Sancho en este capítulo, .como de un padre a un hijo. La foto de la semana corresponde a una harina muy quijotesca. Añade, además un grabado del XIX.

Merche Pallarés desespera de poder perder de vista algún día a los Duques. Luego comenta los consejos, incluido el apunte misógino. Pone una isla como ilustración: Sancho no sabe qué es una ínsula, el pobre, y no verá el mar por ninguna parte.

Antonio Aguilera comenta el capítulo, incluido un lavado de axilas de Sancho y un recuerdo a otros que dijeron que el poder no les cambiaría... No os perdáis cómo amplía los consejos.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
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Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

domingo 28 de marzo de 2010

sábado 27 de marzo de 2010

Puro teatro


Que la vida es puro teatro lo sabe el mundo desde el principio de los tiempos. Lo malo es que no a todos les toca ejecutar el mismo género de obra, aunque parezca consuelo que el final sea siempre idéntico. Vago consuelo. (Mutis.).

jueves 25 de marzo de 2010

Consejos para un buen gobierno (2.42).


Una vez visto que todo entre los Duques es burla, Sancho recela: de ahí que rechace el gobierno de la ínsula que tanto ansiaba pidiendo un imposible. La respuesta del Duque, que ha tenido que acelerar su decisión tras ser descubierto, no le da opción y Sancho acepta. Démonos cuenta de que ahora pone por encima de todo probar a qué sabe el ser gobernador. Con esta frase sutil, Cervantes no traiciona la evolución de su personaje que ya ha conocido la limitación de su estado y la función que tiene en esas tierras: de cualquier manera que vaya vestido seré Sancho Panza.

Algunos críticos han alabado el sentido de humildad que se aprecia en esta frase, pero esta valoración es insuficiente si no le añadimos lo que ya sabe Sancho de su condición de bufón en la corte de los Duques. No es tanto humildad como reconocimiento de que su rol social está definido y no podrá cambiarlo. Va Sancho al gobierno de su ínsula como quien recela dadas sus últimas experiencias pero con la última esperanza de que el viento cambie de dirección.

Después, don Quijote lleva a Sancho a su estancia y allí le aconseja sobre cómo debe comportarse en el ejercicio del gobierno. Estos consejos han sido muy estudiados por la crítica y puestos como ejemplo de buen gobierno, pero sacados de su contexto no sólo no se entienden correctamente sino que suelen tomarse por lo que no son.

Hay que hacer constar que no es el orgullo de ver ascendido a su escudero lo que le lleva a don Quijote a aconsejar a Sancho, sino el saber que es un don no merecido (contra la ley del razonable discurso) y que se encuentra en medio de un proceso de degradación burlesca de ambos ante la corte de los Duques. Por eso, don Quijote -que aquí abandona el vos ofensivo del final del final del capítulo anterior para pasar al tuteo cariñoso porque aunque le moteje de tonto, con sus consejos pretende protegerlo de más burlas dado que parte de lo que haga Sancho, además, puede afectarle a él mismo como ya le había advertido capítulos atrás- adapta el formato clásico del espejo de príncipes y otros géneros que contienen ejemplos para el buen gobierno a la cultura de Sancho (Tú que para mi, sin duda alguna, eres un porro) y lo concreta en su personaje (no te desprecies de decir que vienes de labradores): este juego paródico es brillante porque le permite, por una parte, construir un texto de una oratoria tan directa, sencilla y de sentido común que ha quedado grabado en la memoria de los lectores desde el siglo XVII; por otra, afrontar sin tapujos los grandes males de los gobernantes de su tiempo.

Apreciemos mejor esta última forma de leer estos consejos -y los que vendrán más adelente-. En gran medida, la segunda parte del Quijote contiene una propuesta ética de cómo debe ser un buen gobernante. Sobre todo desde que hemos entrado en territorio de los Duques apreciamos que hay algo que no funciona en una sociedad en la que todo está tan jerarquizado que conduce en exclusiva a la felicidad del gobernante -los Duques-. Si esto lo debemos apreciar de forma indirecta -sería impensable en una novela de este tipo una crítica directa a la gran nobleza española del momento-, estos consejos de don Quijote nos ofrecen una dura crítica directa a la administración habitual de la justicia y el gobierno en la España de principios del siglo XVII. Veremos, más adelante, cómo habrá más cosas de este cariz.

Demos la vuelta a todo lo que le aconseja don Quijote a su escudero y comprenderemos de qué pretende hablar Cervantes a los lectores de su tiempo más allá de categorías morales generales como ha pretendido fijar en exclusiva un sector de la crítica: temer a Dios (Cervantes aporta una reflexión cristiana que aquí, al referirse a la ética del gobierno adquiere un fuerte componente erasmista); no olvidarse de quién es uno y su origen cuando administra justicia para no envanecerse y evitar así los ataques que pueden venir de ocultarlo; actuar siempre de forma virtuosa (la virtud es un concepto clásico que los humanistas habían puesto como característica esencial del buen ciudadano y los erasmistas como guía del buen cristiano); debe tratar cuidadosamente a sus parientes y, en especial a su mujer, porque un gobernante se ve afectado por su comportamiento; debe tratar con justicia tanto a los pobres como a los ricos sin caer en sus trampas; debe actuar con misericordia y piedad antes que con avaricia o con pasión.

Muchas de las frases de este capítulo han quedado como ejemplos morales. El próximo jueves veremos qué más consejos le da don Quijote a Sancho en el capítulo XLIII.

miércoles 24 de marzo de 2010

martes 23 de marzo de 2010

De nuevo sobre la literatura infantil y juvenil


Con motivo de la celebración del IV Salón del libro infantil y juvenil en Burgos (del que viene informando con acierto el más que recomendable blog Burgostecarios), debemos plantearnos de nuevo cuestiones esenciales sobre el tipo de obras que se dirige a este sector de la población.

La literatura infantil en español pasa por uno de los mejores momentos en la historia. La ampliación del concepto de lectura a edades no consideradas hace poco y el hallazgo de un filón comercial en los productos dirigidos a sectores no atendidos antes como potencialmente consumidores, ha provocado la aparición de un amplio abanico de posibilidades y un número de escritores especializados en un sector en alza. Es extraordinario el crecimiento de la riqueza temática y de diseño, la introducción de conceptos propios de la vanguardia en el tratamiento del libro como objeto, los recursos sensoriales y visuales, las innovaciones en materias pedagógicas, los avances científicos en el conocimiento de cómo funciona la mente de los niños en sus edades más tempranas aplicados a lectura, etc. A todo ello se suma la cuidadosa formación de secciones especializadas en las bibliotecas públicas y las librerías que cuidan en exclusiva este sector.

No puedo decir lo mismo de la literatura juvenil en español. Aunque hay nombres sobradamente conocidos, se aprecia cierta desorientación en la producción propia.

El criticable abandono de la lectura de los clásicos españoles entre los jóvenes españoles tiene una primera causa en el sistema educativo en esas edades: cada vez hay menos hueco para la enseñanza de la literatura. En España se pasa en este campo de una cuidadísima educación infantil -a la altura de las mejores del mundo- a una deplorable realidad en la enseñanza media y en la secundaria.

El sistema educativo y el desinterés social han alejado del conocimiento de la literatura clásica en español a los jóvenes y llegan a la Universidad, incluso a los estudios humanísticos, sin el necesario bagaje de conocimientos y lecturas. Tampoco el contexto social y comercial lo favorece. Los jóvenes españoles, cuando leen (y aunque parezca lo contrario, leen mucho más que sus predecesores), leen literatura extranjera no siempre bien traducida y pensada demasiado como un producto comercial al que acompañan series de televisión y películas de las grandes multinacionales del cine. Es un tipo de literatura que no les exige nada más que el consumo, que suele tener unos arquetipos morales demasiado pobres, un estilo insustancial y que no les provoca otro deseo que seguir leyendo el mismo tipo de literatura. De ahí que estos jóvenes luego desechen lecturas más difíciles (pero también más enriquecedoras) que supongan algo más que sueños adolescentes sencillos y el único afán de pasar el rato sin plantearse mayores retos que les amplíe el mundo como lectores. De hecho, hasta Julio Verne o Salgari parecen ya escritores sólo para adultos.

Por eso cabe prestar atención a la celebración de atividades como este IV Salón del libro, en el que puede tomarse el pulso a la evolución de los futuros lectores. Aunque parezca cosa de niños, nos jugamos mucho en ello.

lunes 22 de marzo de 2010

De "cabrón" y "cuernos de la luna", Pancho y Manolo en un rincón bien quijotesco y noticias de nuestra lectura

Volvemos a tratar el asunto de los insultos y otras palabras entendidas hoy como fuera de lo aceptable en la literatura "seria" y que siempre nos sorprende encontrar en los clásicos. Como si hubiéramos cepillado en exceso lo que uno puede encontrarse en los libros dejándolos tan pulcros que ni tocarlos podemos.

En el diálogo entre el Duque y Sancho del capítulo de la semana pasada asistimos a un ingenioso juego de insultos indirectos entre ambos que delata que saben que se ha desvelado la mentira pero no pueden revelarlo sin echar abajo todo (el Duque su diversión y su prestigio y Sancho su gobierno y su caminar junto a don Quijote).

Por otra parte, está la sutileza cervantina: el más humilde labrador de una aldea perdida ajustando cuentas con un grande de España. Como ya he dicho en alguna ocasión, la literatura nos sirve, en ocasiones, para desahogos imposibles en la vida real. Cómo disfrutarían los lectores de su tiempo.

Pancho y Manolo en un rincón bien quijotesco


Dos buenos amigos de La Acequia vuelven hoy a ser protagonistas del retrato quijotesco: Pancho y Manolo se fotografían en un espacio cervantino de un instituto de enseñanzas medias de Béjar (¿no deberían tener todos uno?) construido con parte del material de la celebración de 2005. En los próximos lunes publicaremos imágenes con detalles del espacio. Como sabéis, no es la primera vez que se suman con entusiasmo a este proyecto. ¡Gracias de nuevo, queridos amigos!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura

Myr encuentra a Cervantes, al que yo disolví el lunes pasado, en Tel Aviv. Serán cosas de las microondas, seguro.

Paco Cuesta toma las fechas y hace falla de Clavileño: pero al revés que en las fallas, aquí son los poderosos los que se ríen del débil.

Manuel Tuccitano también toma el símil de la falla para comentar el capítulo de la semana. Y nos deja dos pinceladas claves para comprender el capítulo, en especial la última, con la complicidad entre amo y escudero.

Pancho ve la sutileza final del capítulo en su comentario, con Sancho, el hombre de pueblo, burlándose de quien ha fabricado la burla. Las ilustraciones, muy recomendables.

Jan Puerta, en su comentario, aprecia el protagonismo de Sancho en este capítulo. La imagen quijotesca de esta semana es impagable. Y muy oportunos los enlaces que propone.

Merche Pallarés comenta con ironía la burla de los Duques, a los que ya sabemos que odia. Y tiene razón, a Sancho ya no lo para nadie...

Asun también recurre al símil fallero. Comenta con acierto los momentos claves del capítulo y, en especial, la alianza final entre amo y escudero.

Cornelivs subraya cómo los Duques siguen tratando a don Quijote y Sancho como meros bufones al servicio de su diversión, aunque no se esperaran la habilidad para la mentira y el insulto de Sancho...

Cosmo se centra en un aspecto en el que habría que pronfundizar: cómo vence Sancho sus miedos. No os perdías sus deliciosos retratos en compañía.

Abejita de la Vega comenta el capítulo de la semana en varias entradas. En la primera, además de saber llamar a los ángeles, da voz de nuevo al mayordomo que se las ingenia para motivar al temeroso Sancho. En la segunda, toma recursos cinegéticos. En la tercera termina su comentario resaltando el juego de mentiras. No os perdáis las ilustraciones de ésta. Finalmente, nos publica la nota -me atrevo a decir que admirativa- que envía el Sanchico sobre su padre. Como viene de parte de Ele Bergón, aprovechamos para felicitarla.

Antonio Aguilera relaciona Clavileño con la invitación al juego infantil de tantos caballos. Es cierto. Y lanza una pregunta en relación con el tratamiento entre amo y criado que deberé responder.

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domingo 21 de marzo de 2010

viernes 19 de marzo de 2010

Sobre gente manipulable


Hay una creencia firme en que existe una conspiración para hacer a las nuevas generaciones gente manipulable por los que controlan el poder. Como prueba se alude al uso de la tecnología o a los nuevos planes de educación. Por lo general, quien afirma esto dice que a él no le pasa y que no sucedía cuando era joven: sus libros de texto escolares, los planes educativos que le tocaron en el colegio o en la Universidad eran más adecuados y la cultura de sus tiempos mozos le parece mejor.

Yo miro hacia atrás y en la Historia no veo otra cosa: una mayoría manipulable a la que le gusta serlo por sentirse cómodo y seguro y una minoría que manipula, con unos pocos que intentan pensar por libre sin arrastrar a nadie. Nosotros mismos fuimos manipulables, incluso por los nuestros. Especialmente por los nuestros.

Lo que sucede es que nos vamos haciendo mayores.

jueves 18 de marzo de 2010

Un caballo de madera para festejar mentiras y risas con una explicación final que lo desvela todo sin matar la ilusión (2.41).


En contra de lo que suele hacer, Cervantes no nos aparta, en esta ocasión, de la aventura propuesta por la Dueña Dolorida con alguna otra historia intercalada. Tras entretener su entrada para hacérnosla desear, todo lo que sucede conduce linealmente a su desenlace. No en vano, la aventura de Clavileño, el caballo de madera, es la parte central de la estancia en casa de los Duques y marcará un nuevo juego entre amo y criado que incluso correrán historias por separado.

En esta aventura todos mienten como parte del juego espectacular. Mienten los Duques, quienes han diseñado la burla para entretener su ocio mientras se divierten con don Quijote y Sancho como si fueran sus bufones; mienten todos los sirvientes para entretener a sus amos y lo hacen con habilidad, sin compadecerse de los burlados porque no son más que una parte del engranaje al servicio de una sociedad fuertemente jerarquizada; mienten los protagonistas, pero no pueden confesarlo so pena de que se venga abajo su propio juego o la esperanza del gobierno de la ínsula.

La mentira, externamente, toma carácter de juego escénico. Ya lo hemos dicho, varias de las cosas que pasan en casa de los Duques no son más que un reflejo literario de las costosas y espectaculares fiestas cortesanas de la gran nobleza del momento. Hay algo muy moderno en estas fiestas que queda reflejado aquí: el público es parte del espectáculo. No sólo dos espectadores -don Quijote y Sancho- son implicados en la trama, sino que todos los que allí se encuentran terminan actuando, como vemos en el desmayo fingido al final del viaje de Clavileño. Desde que don Quijote y Sancho se suben sobre el caballo de madera -antes, incluso-, toda la ilusión escénica consiste en hacerles creer a ellos que lo imposible está sucediendo para que sus reacciones y diálogos sean motivos de mofa para los presentes.

En el juego se parodia la literatura caballeresca, por supuesto, pero también cuentos folklóricos que relatan viajes mágicos. Incluso la referencia al caballo de Troya es oportuna porque, al fin y al cabo, dentro de Clavileño se esconde una sorpresa en forma de traca final. Aunque hoy no lo comprendamos, la escena resultaba muy divertida a principios del siglo XVII. Pero Cervantes, una vez más, no se conforma con esto y podemos apreciarlo, sobre todo, en la forma en la que reaccionan don Quijote y Sancho ante cada situación que se les pone delante.

Los protagonistas tienen miedo: Sancho lo exterioriza directamente porque va en su carácter y no le importa pasar por miedoso, pero don Quijote no puede hacerlo. El escudero debe ceder finalmente porque se lo viene a ordenar el Duque. Don Quijote manifiesta su temor cuando quiere mirar dentro del caballo como si sospechara lo que va a suceder, pero no puede llevar más allá el recelo sin pasar por cobarde o desenmascararse ante todos y calla finalmente.

Terminado el viaje sobre el caballo de madera, puede parecernos que ambos han caído en la trama de la burla y han terminado creyéndose, en su locura, la certeza de la aventura. Cervantes nos da la posibilidad de quedarnos con esa lectura, pero añade otra más inteligente en los párrafos finales del capítulo, que debemos leer con calma para comprender la razón de muchas ambigüedades en las que se basa el juego establecido entre don Quijote y Sancho y, desde hace tiempo, entre ambos y el resto de los que por su vida pasan.

Inesperadamente, Sancho se descuelga con un cuento que todos pueden identificar como mentira, pero a él no le importa. Sancho ha comprendido la sutileza del juego establecido por su amo con quienes quieren entrar con él en el mundo caballeresco y la practica a su modo, tosco pero efectivo: ninguno de los presentes puede decir que su historia celeste es mentira sin confesar que todo lo que sucede en casa de los duques es una broma pesada de la que ellos son los actores principales. La única forma que tiene Sancho de demostrar que no es tan tonto como lo creen y recuperar el timón de la narración es contando la mentira de su encuentro con las cabritillas y rematarla con una prueba tan extravagante que viene a poner todo en evidencia: el color que tienen las estrellas de esta constelación.

El Duque se ha dado cuenta de que Sancho le ha ganado por la mano y se burla del burlador. Su respuesta es muy elocuente y no deja dudas sobre cómo le ha molestado la actuación de Sancho:

-Decidme, Sancho -preguntó el duque-, ¿vistéis allá entre esas cabras algún cabrón?

Pero Sancho ya no está dispuesto a callarse y vuelve a ganarlo con habilidad en su respuesta, que supera el insulto indirecto anterior del Duque con otro del mismo tenor:

-No, señor -respondió Sancho-, pero oí decir que ninguno pasaba de los cuernos de la luna.

No puede ir a más la conversación sin consecuencias y por eso se corta. Pero el capítulo nos regala una perla en las últimas líneas, el acuerdo entre dos mentirosos, propuesto por don Quijote a Sancho, con el que definitivamente conocemos que ambos son conscientes de todas las burlas -don Quijote del falso encantamiento de Dulcinea, Sancho de la mentira de la cueva de Montesinos, ambos de lo que está ocurriendo en casa de los Duques-, pero deciden seguir adelante con el juego, cada uno por sus razones:

-Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos, y no os digo más.

Éste es el verdadero significado de la aventura de Clavileño: sellar el pacto de silencio entre amo y escudero en un momento en el que todos se ríen de ellos. Difícil de superar el ingenio con el que Cervantes nos dice la verdad del cuento sin destruir la ilusión y consciente de que no todos los lectores comprenderán las claves y que cada uno disfrutará, lícitamente, con la parte que alcance a entender.

Veremos cómo continúa el próximo jueves, con el comentario del capítulo XLII.

miércoles 17 de marzo de 2010

Cuando el almendro anuncia la primavera


Ya no más. Ya no más.
Se hace la noche íntima
para madrugar blanca primavera.


No es sólo un rito (1, 2, 3): el invierno por estas tierras ha sido largo y ha degradado a gris los cielos. Me conocéis: no hay nada más frágil y certero que pese tanto en mí.

martes 16 de marzo de 2010

Demonios interiores


Dicen los que saben que los peores demonios son siempre los que llevamos dentro. Peor es, además, cuando nuestro demonio conquista mundos y acaba convirtiéndose en el fanatismo de los otros que ni siquiera llevaban un demonio dentro porque ni para eso tenían tripas propias. De todas las formas, a veces doy en pensar que los demonios tienen mala prensa y acaban como chivo expiatorio.

lunes 15 de marzo de 2010

Disolución cervantina en dos movimientos y noticias de nuestra lectura.



Como me habéis hecho ver algunos, es verdad que no había dedicado ninguna de mis disoluciones a la lectura del Quijote: sería imperdonable terminarla sin hacerlo. No encontré mejor ocasión para ello que la noche del viernes pasado, en el que murió Delibes, Premio Cervantes en 1993. Ambos supieron tratar el idioma para hacérnoslo mejor como verdadera patria de todos: la lengua nos hace más que la bandera. La imagen es la estatua de Cervantes que se encuentra en la Plaza de la Universidad de Valladolid.

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Noticias de nuestra lectura


Cosmo ve con acierto los trucos con los que se obliga Sancho a participar en la aventura de Clavileño junto a su amo.

Paco Cuesta, además de comentar la actitud de Sancho y los principales motivos argumentales, analiza el juego intertextual del capítulo a partir de la figura del narrador.

Pancho parte de una cita y un homenaje cervantino a Torrente Ballester -y bien merecido- para comentar el capítulo, en especial la alusión a Cide Hamete y las reticencias de Sancho. No os perdáis las ilustraciones. Después, nos recuerda un viaje muy quijotesco de Graham Greene relacionado con Salamanca.

Manuel Tuccitano comenta el capítulo -en especial la cuestión de las barbas-, pero os recomiendo que no os perdáis la anécdota que cuenta al final de su entrada.

Merche Pallarés hace un resumen ameno del capítulo. Y se ve que no aguanta a los vanidosos (además de a los Duques).

Jan Puerta lee el Quijote entre réplica y réplica del terremoto que se ha producido en Chile. Su entrada tiene doble valor, por lo tanto. Comienza por analizar las palabras sobre Cide Hamete para regalarnos un excelente retrato quijotesco de doña Oliva y una bella ilustración romántica. Nos os perdáis los enlaces del final de su entrada.

Abejita de la Vega comenta primero la cuestión del narrador, para ser interrumpida en seguida por el mayordomo que cuenta las cuestiones fundamentales del capítulo y que ya se gana una colleja por tomarse tan en serio la broma. No os perdáis la divertidísima ilustración de la primera parte del comentario ni de la segunda. En la tercera, también hay una bella ilustración, pero con el texto, el mayordomo no dejará de picar al Sanchico, que le responde en seguida, gracias a Ele Bergón, como corresponde a un buen hijo.

Cornelivs se centra en la perspectiva cervantina a la hora de afrontar la burla de los Duques y la cuestión de las dueñas barbadas...

Myr nos regala una documentada entrada sobre la depilación femenina al hilo de lo dicho por la Dueña Dolorida en el capítulo de la semana.

Antonio Aguilera comenta de una tacada dos capítulos (el de esta semana y el de la anterior), dejando ver sus muchos conocimientos de la naturaleza (la humana y la vegetal) y dejándonos una Dueña Dolorida que no sé yo si...

Juan Luis comenta el capítulo 17 de la Segunda parte (la aventura de los leones) desde la perspectiva de los que arriesgan su vida jugando con las de otros que pasaban por allí.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
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domingo 14 de marzo de 2010

Unamuno y la paradoja


De Unamuno se ha escrito mucho y se han podido afirmar cosas contrarias. Unamuno vivía en la paradoja: casi era su forma de sentir y de argumentar. Por eso fue, durante mucho tiempo, socialista pero, a la vez, tradicionalista; contrario al nacionalismo vasco pero amante de lo local y del nacionalismo español; creyente pero carcomido por las dudas que le impedían afirmar racionalmente lo que emocionalmente sentía; símbolo contra la dictadura de Primo de Rivera e impulsor de la II República pero defensor de los sublevados en 1936 contra el Gobierno legalmente establecido. Cuando le quedó claro su inmenso error fue de los pocos que tuvo el valor de decírselo a los culpables a la cara sin importarle las consecuencias: supo estar a la altura de su nombre y esos momentos lavan cualquier tipo de equivocación anterior.

Sus análisis sobre el ser humano y sobre España no servían ni sirven como forma colectiva de salvación ni de regeneración. Entre otras cosas, porque sus propuestas son siempre individuales en contradicción clamorosa con sus bases teóricas colectivas.

La intrahistoria no sirve, en realidad, más que para afirmar la radical soledad dolorosa del ser humano que busca refugio en el sentir del grupo como consuelo, como cuando el protagonista de su novela San Manuel Bueno, mártir, se calla al afirmar en la misa que oficiaba la creencia en la vida eterna.

En el fondo, su concepción de lo tradicional español es un imaginario inventado para ordenar el mundo tal y como uno amuebla su casa para estar cómodo y que no se le descabalen las cuentas de la compra diaria en un momento de crisis.

Quizá la mayor paradoja de Unamuno fue que quiso llevar la honda irracionalidad de su pensamiento como propuesta social en un momento en el que la irracionalidad superficial de tantos sólo podía causar centenares de miles de muertos. El problema que no supo apreciar Unamuno es que muchos piensan que sólo pueden solventar sus propias contradicciones destruyendo a los que no piensan como ellos y que, desencadenada la destrucción, ya nadie está en condiciones de escuchar otras palabras que no sean las que reclamen sangre. No se puede dar argumentos de alto irracionalismo filosófico a los que no piensan: y eso tardó en comprenderlo Unamuno.

Pero aunque no sirvan como solución colectiva, los textos de Unamuno profundizan tanto en la honda y permanente contradicción del ser humano que siempre es oportuno pasear leyéndolos en cualquier mañana.

sábado 13 de marzo de 2010

Miguel Delibes. El paseante del Campo Grande.


En la amanecida de ayer en Valladolid hacía frío y quería nevar. Sobre la ciudad pesaba la falta de noticias de la primavera. Miguel Delibes (1920-2010) murió a primera hora de la mañana a la manera de los viejos castellanos de antaño: en su casa y rodeado de su familia.

Tenía miedo Delibes al tránsito de la muerte: ya lo escribió en su primera novela, La sombra del ciprés es alargada (1947). En buena parte de su obra hay una profunda meditación sobre la muerte y, en especial, sobre cómo afecta a los otros, a los que lo sobreviven a quien se muere. Incluso escribió una obra entera sobre eso, Cinco horas con Mario (1966). Pero no se engañaba Delibes: sabía que hay que morirse. Siempre decía que desde la muerte de su esposa, Ángeles de Castro, en 1974, la muerte se hizo un horizonte más cercano. Y de hecho, esa conciencia lúcida aunque temida de la muerte y del deterioro de los años y la enfermedad está detrás de su abandono de la escritura después de dejarnos una de las mejores reflexiones que se han escrito sobre la libertad de conciencia y el fanatismo de la sociedad, en la novela histórica El hereje (1998). Su retiro fue tan firme que la falta de actividad pública hizo imposible la obtención del Premio Nobel, que se ha quedado sin poder galardonar a uno de los mejores escritores de todos los tiempos.

La obra de Delibes es la de un prosista que usaba el castellano con la precisión de quien lo ha sabido escuchar. Él decía que escribía de oídas y en gran medida es cierto. En ocasiones se tiene la impresión de que cuando se lee a Delibes se presencia el tesoro del testimonio de la palabra sin adornos de un idioma que viene de lejos sin dejar de ser moderno. Este rasgo salva incluso a sus obras menos logradas. Pero no hay que insistir sólo en la pulcritud de su estilo: la creación de personajes que se graban en la mente del lector y la temática en la que abordaba cuestiones esenciales y eternas del ser humano ambientadas en el territorio castellano para denunciar la situación de los desfavorecidos harán siempre atractiva su lectura. Bastarían dos títulos para hacerle un clásico: Las ratas (1962) y Los santos inocentes (1982). En su obra también hay mucho humor, aunque no suele hablarse de ello, el humor de la retranca castellana, entre tierna y ácida, a medias entre el recelo a los cambios y el realismo ganado con la experiencia de la vida propia y de los antepasados. De entre todos sus libros siempre habló con más cariño de dos: Señora de rojo sobre fondo gris (1991), que tanto tiene que ver con la evocación de su esposa muerta y una pequeña joya de la literatura española que no es de las que más se han leído de él aunque en ella está todo lo que representó, Viejas historias de Castilla la Vieja (1964).

Para mí, Delibes siempre será El Norte de Castilla que yo leía de niño. Un periódico que cuidaba el lenguaje y la precisión del dato. Era de gran formato, con un tipo de letra elegante y una tinta intensa, que yo abría sobre la mesa de la cocina para leer. Delibes, que no iba para periodista, se convirtió en uno de los mejores directores de periódico de aquellos tiempos y sostuvo una tensa relación con la censura franquista en especial al informar sobre la situación del campo castellano.

Delibes supo escuchar y mirar el paisaje y su gente. En él está el retato de una época en las ciudades de provincias y en los pueblos de Castilla quizá porque supo pasearlo con la zancada ágil que había perdido en los últimos años. A los que conocimos a Delibes cuando paseaba por su ciudad sabíamos cuánto le dolía no poder salir al campo o a dar su largo paseo diario por el Campo Grande.

Ayer, después de visitar la capilla ardiente junto a miles de sus vecinos que le dedicaron una expresión de admiración y respeto público como la que se concedía antiguamente a los escritores más queridos, decidí que el mejor de mis homenajes era pisar el albero de su parque, iniciar el recorrido en donde se hallaba el viejo quiosco de los helados y asistir allí al final de este invierno que ya comienza a ser muy largo. En las últimas horas de la mañana, aunque tímido, salió el sol.

viernes 12 de marzo de 2010

De pájaros, monstruos y margaritas sobre paisaje de egos.


Como caminar por el mundo.

Ha muerto Miguel Delibes

El Juan Gualberto empuja la media hoja de la puerta y ya en el oscuro zaguán se toca con un dedo el vuelo de la boina y dice formulariamente:
-Con Dios.

(De La caza de la perdiz roja.)

Esta mañana, en Valladolid, su ciudad natal, ha muerto Miguel Delibes. Que la tierra le sea leve.

jueves 11 de marzo de 2010

Un caballo de madera para rapar a unas dueñas (2.40)


Todo es chusco en este capítulo: desde su título, que no dice nada pero no engaña, parodiando la costumbre de títulos extremados, como ya había pasado con algún otro anterior.

La intención fundamental del capítulo es presentar la montura que Malambruno ofrece a don Quijote para combatir con él en las tierras de Candaya. Dado que la distancia es larga, nada mejor que recorrerla sobre Clavileño, un caballo de madera volador que se maneja con una clavija y augura un viaje cómodo y breve. No es algo nuevo: ya fue mencionado en una conversación sobre la literatura caballeresca al final de la Primera parte entre don Quijote y el canónigo; también se había aludido ya a los caballeros que recorrían largas distancias por el aire.

Pero las referencias caballerescas con las que se juega en el texto cervantino quedan completamente degradadas al introducirlas en la vulgar historia del embarazo de Antonomasia y las dueñas barbadas. Más grotesca no puede ser la broma de los Duques, por muy elaborada que sea su escenificación: muy apropiada para el gusto barroco de la época, al que tanto le gustaba el contraste feísta. La reutilización del material caballeresco por parte de los Duques (recordemos que son tan buenos lectores, especialmente la Duquesa, como el hidalgo, pero con diferente perspectiva lectora) tiene otro fin muy distinto que el que venía haciendo don Quijote. Para éste, era la realidad la que debía proyectarse hacia el idealismo de las caballerías; para aquellos, el mundo caballeresco se rebaja hasta las formas más toscas. El hidalgo leía para soñar cambiar el mundo; los Duques para entretener el ocio.

Todo en el capítulo continúa con la forma de entender la vulgarización de la historia de amores de Antonomasia y Clavijo. De ahí, por ejemplo, la referencia humorística a las formas de depilarse: lo caro de los barberos en estos casos, los parches pegajosos y las mujeres especializadas en quitar el vello que tanto recuerdan a la Celestina y cuya entrada, por lo tanto, no era bien vista en casas decentes (este escrúpulo de las dueñas contrasta con las facilidades dadas al caballero Clavijo para visitar a la infanta).

La misma intención tiene que Sancho se haga cargo del diálogo con las dueñas (puesto que don Quijote se limita a aceptar el reto y dar por zanjadas las dudas de su escudero) comentando el caso, pidiendo explicaciones, volviendo a sus ataques a las mujeres que prestan estos oficios y negándose a cabalgar a Clavileño en compañía de su señor y ocupando el lugar reservado para las mujeres sobre el caballo.

Y con la misma idea chusca se menciona a Cide Hamete al inicio del capítulo. Por una parte, con la alabanza exagerada (que es una forma de negar lo que se afirma) se critica la excesiva tendencia al detallismo de los narradores de las novelas caballerescas y similares; por otra, dado que la alabanza procede de otro de los narradores de la obra y se hace sobre alguien cuya autoridad ya se ha cuestionado por infiel y contrario a la religión católica y que todavía no nos ha dado los detalles verdaderos del nuevo engaño de los Duques, todo se convierte en un divertido juego de destrucción de la figura del narrador tradicional y omnisciente.

Veremos qué pasa con Clavileño el próximo jueves, en el comentario del capítulo XLI que, según su título, promete terminar con esta aventura.

miércoles 10 de marzo de 2010

De casualidades y ríos


A veces el espacio anula el tiempo: es una sensación extraña. Tu río, querido Javier, no llevaba el agua turbia de estos días últimos en los que tomé la fotografía, tan sólo unos pocos días antes de que tú publicaras la tuya pero años después de que la hicieras sin yo saberlo. Los ríos bajan ahora revueltos por este tiempo tan lluvioso: algunos días de este largo invierno sin sol he pensado que se nos venía encima la justa furia de los pecados de nuestra especie y en las sombras del lodo vi rostros que nos acusaban. Pero no es así más que en viejos relatos o en las películas de terror que remueven nuestros miedos más antiguos: en realidad, nunca lo ha sido más que como advertencia moral en las fábulas que ya sólo los niños creen. Los ríos sólo cumplen con las leyes físicas. Como mucho, sirven para que dos paseantes coincidan en la mirada: la mía, lo sabes, siempre detrás de la tuya. Y más triste.

martes 9 de marzo de 2010

Centenario de la incorporación plena de la mujer a los estudios oficiales en España (Real orden del 8 de marzo de 1910).

La Gaceta del miércoles 9 de marzo de 1910 publicaba la Real orden del 8 de marzo según la cual se anulaba de hecho toda limitación para que las mujeres pudieran acceder a los estudios universitarios regulados por el Ministerio de Instrucción pública y Bellas artes sin limitación alguna y sin el previo permiso de la autoridad que era preceptivo desde la Real orden de 8 de junio de 1888.

Aunque en los años anteriores a 1910 el cumplimiento del permiso previo era un trámite formal, y reconociendo que la regulación de 1888 era un paso positivo con respecto a lo que sucedía antes, la eliminación de la necesaria consulta que establecía la Real orden de 8 de marzo (y las sucesivas normas que la ampliaron) suponía una reforma social de gran calado puesto que dejaba de considerar a la mujer como un ser no comparable al varón y bajo la tutela de la familia, del cónyuge o del Estado, al menos en los asuntos relativos a la educación. Aunque había podido acceder a otros niveles, no es hasta este momento cuando puede hacerlo de forma libre y oficial a una carrera completa. Pocas habían sido las mujeres en España que accedieron antes a la Universidad y muchas de ellas tuvieron que pasar por situaciones grotescas para acudir a clase o examinarse de sus conocimientos.

A partir de ese momento, fue posible en España la plena incorporación de la mujer a la educación en todos los niveles y especialmente en el universitario. Durante los años siguientes y sobre todo en la época de la II República (1931-1939) la presencia de la mujer en las aulas creció, aunque no sea hasta medio siglo después cuando se pueda hablar de normalización.

Ha de reconocerse que, a pesar de que la normativa cambió, la actitud en las aulas tardó en aceptar a la mujer en condiciones de plena igualdad. Incluso cuando yo accedí a la Universidad, en los años ochenta, todavía había carreras consideradas de mujeres o de hombres. Hoy nadie discute lo que costó mucho esfuerzo conseguir: rindamos homenaje y reconocimiento a quienes lo hiceron posible pero sigamos vigilantes.

Por su relevancia y por el uso en aquel tiempo de ciertos guiños lingüísticos que sorprenden por su modernidad (alumnos y alumnas, en vez de alumnos solo), usados con certero instinto sin ningún oportunismo político, debe conocerse el texto de la orden, impulsada por el ministro Álvaro de Figueroa y Torres, primer conde de Romanones (que ya se había distinguido por otras reformas fundamentales en la educación, como la incorporación del sueldo de los maestros a los presupuestos estatales en 1901, durante su anterior estancia al frente del Ministerio de Instrucción Pública). Dice así:

Ilmo. Sr.: La Real orden de 11 de Junio de 1858 dispone que las mujeres sean admitidas a los estudios dependientes de este Ministerio como alumnas de enseñanza privada, y que cuando alguna solicite matrícula oficial se consulte a la Superioridas para que ésta resuelva según elc aso y las circinsutancias de la interesada.
Considerando que estas consultas, si no implican limitación de derecho, por lo menos producen dificultades y retrasos de tramitación, cuando el sentido general de la legislaciónd e Instrucción Pública es no hacer distinción por razón de sexo, autorizando por igual la matrícula de alumnos y alumnas.
S.M. el Rey (q.D.g.) se ha servido disponer que se considere derogada la citada Real orden de 1858, y que por los Jefes de los Establecimietnos docentes se concedan, sin necesidad de consultar a la Superioridad, las inscripciones de matrícula en enseñanza oficial o no oficial solicitadas por las mujeres, siempre que se ajusten a las condiciones y reglas establecidas para cada clase y grupo de estudios.
De Real orden lo digo a V.I. para su conocimiento y demás efectos. Dios guarde a V.I. muchos años. Madrid, 8 de marzo de 1910.
ROMANONES.
Señor Subsecretario de este Ministerio

lunes 8 de marzo de 2010

Juegos intertextuales, Anabel en Toledo encuentra el Quijote y noticias de nuestra lectura

Cervantes usó como ningún novelista hasta ese momento el juego intertextual con su propia obra. Ya sabemos que la novela se construye como parodia de las novelas de caballería, y que en el Quijote hay referencias a otras obras cervantinas y al mismo Cervantes, pero debemos fijarnos también en los guiños del relato hacia sí mismo en una estructura en espiral que parece volver sobre sus propios pasos para seguir después hacia adelante, lanzándose más allá de lo que había ido antes. En la segunda parte, además, este juego es parte del núcelo mismo de la narración porque el conocimiento de la primera parte por varios personajes -Sansón Carrasco, los Duques, etc.- es uno de los hilos conductores. Pocos autores han conseguido unos efectos tan sorprendentes.

La historia que nos cuenta la Dueña Dolorida trae a la memoria del lector el recuerdo de la princesa Micomicona de la primera parte: en ambos casos se requiere, con una elaborada historia y juego de disfraces, la ayuda de don Quijote para resolver un conflicto propio de los relatos caballerescos.

Así pues, la barbuda dueña parece devolvernos a un punto ya conocido, pero no lo hace de la misma manera que en el caso de la princesa Micomicona. Aquí todo se ha construido para reírse del hidalgo y su escudero y no para ayudarlos. Se refuerza su fantasía caballeresca, pero con fines completamente diferentes.

Curiosamente, aunque el engaño está más elaborado y adquiere formas espectaculares que no podían darse en lo tramado por el cura y el barbero, todo resulta finalmente más burdo: la historia de los amores de la infanta Antonomasia, según la relata la dueña Dolorida, parecería un suceso de barriada popular si no interviniera finalmente el gigante Malambrino. Recordemos que la elaborada procesión del bosque presidida por la figura de Merlín terminaba con una forma nada digna de desencantar a una dama (los azotes en el culo de Sancho). Ni siquiera la dueña es mujer, sino hombre barbado (como la Dulcinea de los azotes era un joven criado): en el travestismo hay también una degradación consciente de la parodia que se apuntó en la primera parte -recordemos que primero el cura y luego el barbero adoptaron inicialmente la caracterización de Micomicona- pero que allí fue rápidamente descartada gracias a la hermosa Dorotea.

Cervantes juega conscientemente con su propio relato para hacerlo crecer y llevarlo a sitios no explorados.

Anabel en Toledo encuentra el Quijote

Anabel, autora de un interesante blog lleno de literatura y reflexión enlazado hace unos meses con La Acequia, me remitió hace unos días unas fotografías que tomó en Toledo en el año 2005, en una exposición que conmemoraba el IV centenario de la publicación de la primera parte del Quijote que contenía muestras de su popularidad: portadas de ediciones de la obra, ex-libris y otros materiales. Elijo, entre las que me envía, ésta de una publicación italiana poco conocida en España. Es difícil viajar sin ver, en cualquier parte del mundo, la popularidad de la obra de Cervantes. Y ahora, que todos hemos caído en esta locura, menos. ¡Mil gracias, Anabel!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura

Merce Pallarés comenta el capítulo fijándose en especial en la intervención de Sancho y en una palabreja que se las trae: propincuo.

Jan Puerta -al que hay que agradecer el esfuerzo en las circunstancias chilenas actuales-, presta atención a cómo Sancho se ha crecido tanto que se atreve con todo. La foto quijotesca que publica testimonia un excelente trabajo en cobre repujado. Acompaña el comentario con una curiosa ilustración de una edición inglesa del siglo XIX.

Manuel Tuccitano acierta al mencionar el tufillo celestinesco del papel de la dueña Dolorida. No os perdáis los enlaces de su entrada.

Pancho llama la atención sobre el manejo del tiempo narrativo en estos capítulos: Cervantes juega con el lector, sin duda. Excelentes las ilustraciones con las que acompaña su entrada.

Paco Cuesta desentraña el truco del que saldrá el caballo de madera, tan importante dentro de poco. Y en la trampa-reto en la que debe caer don Quijote.

Juan Luis comenta el capítulo 16 de la segunda parte y acierta en la interesante lectura moderna que hace del personaje de Don Diego.

Asun comenta los capítulos 18, 23 y 30 de la primera parte: y así llega a la recuperación del burro de Sancho, que tan buenos recuerdos nos trae de aquellos momentos en los que Sancho se muestra tan contento con su rucio.

Cosmo reseña los pasajes más interesantes del capítulo y los ilustra: nos os perdáis su simpático perro, que también la acompaña en la lectura.

Abejita de la Vega sigue dando paso al mayordomo de los Duques que hizo de Merlín: y parece que no le cae muy bien Sancho... No os perdáis su graciosa ilustración. Después publica el comentario del Sanchico -gracias a Ele Bergón- en apoyo de su padre. Este chaval es un buen hijo, aunque quiera aparentar que no.

Antonio Aguilera promete comentar el capítulo de la semana junto al próximo pero, como quien no quiere la cosa, nos deja una cita de Alcalá-Zamora sobre los Duques que no podéis dejar de leer.

Corneliuvs comenta el capítulo de esta semana ajustándolo a dichos locales de su tierra y con la propuesta de que le gustaría leer alguna de las novelas de caballería leídas por don Quijote: tendré que dedicar entrada a esto. Y os envío, de parte de Cornelivs, un mensaje importante. Como sabéis, su blog ha pasado desde hace unos días a ser privado y sólo admite lectores por invitación. Me comunica que todos los que participáis en la lectura quijotesca estáis invitados. Para leer y comentar sus entradas debéis enviarle un correo a corneliusscipio.publiusgmail.com y aceptar después la invitación que os llegue a vuestra dirección de correo. Merece la pena, sin duda, no dejéis de hacerlo.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

domingo 7 de marzo de 2010

De papeles, archivos e investigación.


La información sobre el autor del Lazarillo que comenté en la entrada de ayer tiene una segunda lectura. Los archivos históricos españoles están llenos de documentos que esperan la mirada atenta del investigador. También decenas de archivos de las familias pertenecientes a la nobleza o a grandes políticos del pasado y muchos de los archivos de conventos y catedrales. No todo está leído como debe hacerse: a veces ni está leído. En los últimos años, además, se ha extendido un desprecio del trabajo de archivo entre los investigadores: los dedos se llenan de polvo, debe forzarse la vista y se paga mal esta investigación tan necesaria. Conozco famosos investigadores que han dejado este trabajo a becarios mal formados que casi nunca son conscientes de la importancia de lo que leen. Por suerte, como en el caso comentado ayer, todavía hay investigadores que a pesar de todo -incluso de la edad- conservan el amor por el trabajo atento y solitario en estos lugares consultando legajo a legajo.

Para valorar estos papeles primero deben leerse: hay documentos inaccesibles porque las instituciones los tienen guardados en condiciones lamentables de accesibilidad, catalogación, temperatura y humedad; hay otros que algunos investigadores y archiveros con acceso privilegiado guardan en cajas y cajones para cuando tengan tiempo de estudiarlos, considerándolos como algo suyo e impidiendo que otros investigadores los vean cuando no condenándolos a ser inencontrables (conozco casos de cajas abandonadas durante años tras morir el archivero que se las reservó para sí mismo); en España hay fondos documentales impresionantes que no sólo no han sido digitalizados y divulgados en portales de Internet sino que todavía no hay proyectos para hacerlo.

Hubo un tiempo -no tan lejano- en el que muchos papeles de gran interés, fondos bibliográficos, etc., fueron vendidos a peso y acabaron en instituciones extranjeras cuando no se perdieron: familias que se desprendían de sus archivos sin dar ninguna importancia a su valor histórico, archivos públicos que sufrían todo tipo de saqueos. Todavía en el siglo XX era frecuente que un mecenas norteamericano pudiera adquirir, a precio no muy alto, para la biblioteca de una universidad norteamericana ejemplares de libros que no se encuentran en las grandes bibliotecas españolas. España nunca ha tenido demasiado amor por su patrimonio: basta con pasearse por los pueblos de España y ver el lamentable estado de iglesias, ermitas, palacios, casonas, puentes y calzadas romanos, etc. Basta con comprobar el estado de muchos archivos municipales.

Hay algo grave en todo esto: entre lo que desaparece o no se lee está, muchas veces, lo que puede matizar gran parte de lo creemos saber sobre nuestro pasado y ya sabemos que no hay peor mentira que una verdad a medias. Por ejemplo, se encontraba el nombre del autor de la obra que revolucionó la forma de hacer novelas en el mundo. Cuántas conocimientos más se habrán perdido para siempre. Cuántos estarán a punto de perderse por desidia e ignorancia. Dotar económicamente a los archivos, las bibliotecas y los proyectos de investigación adecuados es una obligación, no un adorno cultural.

sábado 6 de marzo de 2010

A vueltas con el autor del Lazarillo, de Mercedes Agulló, con una nota impertinente al margen.

Hoy La Acequia no puede traer más noticia que ésta, que puede demostrar definitivamente que el autor del Lazarillo de Tormes, la primera novela moderna de la literatura universal, fue Diego Hurtado de Mendoza. La novela se publicó de forma anónima y desde el inicio se han propuesto diferentes autorías.

No he podido aun leer A vueltas con el autor del Lazarillo, el libro en el que Mercedes Agulló da cuenta de su descubrimiento, pero sólo la noticia de que un documento de este tipo se encuentre entre los papeles de Hurtado de Mendoza es importante para avalar la autoría de alguien que ya fue mencionado desde 1607 como el verdadero autor de esta novelita que revolucionó la forma de narrar: es difícil de rechazar una prueba de este tenor, más aun cuando existían ya otros sólidos indicios. Prometo reseña completa.

La verdad es que, de ponerse de acuerdo la crítica al respecto y aceptar la trascendencia del hallazgo de dicho documento, se haría justicia a una de las personalidades más interesantes de aquella apasionante época de la historia y la cultura española. Militar, diplomático, con una gran cultura, escritor -en el mejor ejemplo del cortesano renacentista-, fue un ejemplo de todo lo que potencialmente significaba España la primera mitad del siglo XVI.

Su autoría daría nueva luz a muchas de las cosas señaladas en el Lazarillo por la crítica, desde el estilo (la construcción del realismo psicológico del personaje protagonista), la mirada aguda a la realidad social de un reino que acababa de salir de las convulsiones de la rebelión de los comuneros (su hermana, María Pacheco, con la que tenía una excelente relación, fue la mujer del cabecilla comunero Juan de Padilla y dirigente ella misma de la rebelión), la crítica certera de las cuestiones más externas de la religiosidad católica sin romper con la ortodoxia y coincidiendo con la extensión del erasmismo en España, la mirada humanística, la reutilización del material folklórico, etc.

Todo ello llevado a cabo por un personaje perteneciente a una de las familias más importantes de la nobleza española, magnífico escritor, de gran formación y con una experiencia biográfica intensa: no todo lo que sucedía en este estamento en la primera mitad del siglo XVI es tan fácil de explicar como algunos pretenden y a él pertenecieron algunas de las más interesantes y contradictorias personalidades del momento. Sólo dos nombres bastarían para demostrarlo: el mismo Diego Hurtado de Mendoza y Garcilaso de la Vega.


Nota impertinente al margen: A pesar de sus detractores, la Wikipedia es un ejemplo de lo que se puede hacer hoy en Internet para facilitar la información más actual y el debate inicial sobre cualquier tema, que debe completarse después con estudios monográficos (como sucede con los manuales y enciclopedias tradicionales en papel).
Desde que las primeras noticias sobre este descubrimiento saltaron a los medios de comunicación hasta el momento en el que escribo esta nota se han redactado 19 versiones de
la entrada sobre el autor según fue extendiéndose la noticia y apreciando la recepción crítica. Todas estas versiones están disponibles en el historial del artículo (herramienta básica para poder afirmar cualquier cosa sobre un artículo de la Wikipedia y que debemos usar como se debe hacer con la fecha de edición de las enciclopedias impresas en papel -aun colea la falsa acusación de plagio que se produjo hace poco con la necrológica de Edward Schillebeeckx escrita por Juan José Tamayo por no tener en cuenta este aspecto-).
En resumen, los cambios introducidos en el artículo de la Wikipedia van desde la referencia a que algún testimonio del siglo XVII señalaba a Hurtado de Mendoza como autor del Lazarillo hasta que es el autor de la obra. Por el medio, la sugerencia de que el estudio de Mercedes Agulló lo señalaba como autor. Finalmente, se ha optado por una entrada menos tajante y, siguiendo lo afirmado por la misma Agulló, se apunta su autoría porque el decubrimiento confirma una de las hipótesis más válidas desde el siglo XVII. Es lo más correcto para una enciclopedia en el estado actual de la cuestión: el libro de Agulló acaba de salir y en la investigación debe darse opción al debate científico, que se producirá, sin duda, durante los próximos meses.
Igual de cauta es la redacción actual de
la entrada sobre El Lazarillo, que se limita a afirmar que el descubrimiento avala la hipótesis de que Hurtado de Mendoza sea el autor (su historial, aquí).
Supongo que la cuestión aun dará más vueltas en los próximos meses hasta que se asiente el consenso crítico al respecto, pero me alegro de que la Wikipedia actúe con esta rapidez y honestidad.