jueves, 7 de octubre de 2010

Conversaciones de alcoba (2.70)


A través de Cide Hamete, el narrador nos relata el cruce de dos intenciones opuestas en el final pero coincidentes en el medio: Sansón Carrasco, guiado por la información del paje que llevara la carta a Teresa Panza, buscó a don Quijote y Sancho en el palacio de los Duques con el mismo objetivo que le llevó finalmente hasta Barcelona. Frente a frente, los Duques y el bachiller confrontan historias y se ríen juntos de la extravagancia del caballero y la simplicidad del escudero. Coinciden todos en introducirse en el juego caballeresco de Don Quijote, pero difieren en sus intenciones: Sansón Carrasco busca el retorno del vecino para que se cure de su mal y los Duques sólo buscan un bufón que les divierta en sus momentos de ocio. Curiosamente, el lector siente una extraña sensación puesto que comprende las razones del primero a pesar de que significan el final del personaje que tanto le hace disfrutar, mientras que rechaza las de los segundos a pesar de que prolongan ese disfrute.

Es una inteligente confrontación que se juega también dentro de la cabeza del lector: el sentido común que le ata a la realidad le hace estar de parte de quien procura el bien del hidalgo y, por lo tanto, el fin del caballero; el placer de la lectura le susurra al oído que comparta la crueldad de los Duques a pesar de no estar de acuerdo con ella, porque sólo así podría seguir la historia de don Quijote. Cervantes nos enfrenta con un dilema que cada uno debe resolver y de su posición o de su ambigüedad dependerá la lectura personal de cada receptor de la obra. Cide Hamete lo tiene claro, como manda la razón:

Y dice más Cide Hamete: que tiene para sí ser tan locos los burladores como los burlados, y que no estaban los duques dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahínco ponían en burlarse de dos tontos.

De paso, este encuentro entre Sansón Carrasco y don Quijote sirve para dar verosimilitud al capítulo anterior. El presente, se decanta pronto por la aceleración en los acontecimientos y el argumento se nos da en forma de cuatro breves diálogos desarrollados en el aposento en el que descansan don Quijote y Sancho. Como es el mismo que ocupó don Quijote en su anterior estancia, la cómica situación provocada por la reiterada invasión del cuarto mientras el protagonista está en la cama, nos devuelve inmediatamente a la imaginación el encuentro entre el caballero y doña Rodríguez.

El primero, entre amo y criado, vuelve al usado motivo de la forma en que tienen ambos de conciliar el sueño: las ganas de dormir de Sancho frente a la necesidad intelectual de don Quijote de comentar lo que ha sucedido o meditar sobre ello; el segundo, es la entrada de Altisidora con intención de prolongar la broma y su relato de lo visto a las puertas del infierno (que se aprovecha para un ataque directo a la continuación de Avellaneda, cuya obra es pateada por los diablos); el tercero, se da con el poeta y se aprovecha para un ataque conta la poesía a la moda, tan plagada de plagios; el cuarto, para cerrar todos y despedir a los Duques.

El hilo conductor de todos ellos es, de nuevo, el amor: la fidelidad de don Quijote a Dulcinea, a pesar de todo; la burla amorosa de Altisidora que provoca el fuerte contraste barroco (démonos cuentas de que tanto el amor sublimado y literario de don Quijote como el de Altisiodora son falsos, pero sólo éste es fingido, por lo que se le castiga al final), el tratamiento del amor en la poesía de la moda, que lo banaliza por poco original. Citar aquí a Garcilaso, el origen de la fórmula poética triunfante desde el principio del siglo XVI ,es todo un  manifiesto de intenciones que procura el necesario retorno a las fuentes primeras en un contexto en el que la poesía había derivado hacia un combate de artificios basados en la agudeza.

Se cierra así, definitivamente, la estancia en tierras de los Duques. Veremos, el próximo jueves, cómo continúa la historia, al comentar el capítulo LXXI.

29 comentarios:

Cornelivs dijo...

Terminada la farsa de la resurrección de Altisidora, “cada mochuelo vuelve a su olivo”, es decir, cada protagonista se retira a su estancia. Sancho y D. Quijote al mismo aposento, cosa que no gusta a Sancho, que sabe que a D. Quijote le gusta la plática nocturna, y su temor sale verdadero: empieza D. Quijote a preguntarle sobre el tema de Altisidora, pero Sancho corta por los sano: quiere dormir. Bastante ha tenido ya con los alfilerazos y con las mamonas. Mientras duermen, Cervantes nos cuenta como se fraguó esta burla, y los pormenores del viaje de ida y venida a Barcelona de Sansón Carrasco, (con recalo en castillo de los duques incluido), causante, en definitiva, de todo esto. No haré mayor cometario sobre ello.
Lo que si quisiera destacar de este capitulo son estos cuatro puntos:
Primero. Vuelve Cervantes a sorprendernos (ya lo ha hecho varias veces) con el suceso del encantamiento de Dulcinea: Sancho mismo fue el encantador y artífice “desta máquina”, pero es tan simple el escudero que luego le hacen creer que verdaderamente está encantada: ¡y se lo cree el buen hombre!, ante el regocijo (imagino) de Sansón Carrasco cuando se enteró de ello, al contárselo los duques.
Segundo. D. Quijote se despide por fin de los duques. Cierra Cervantes de modo insuperable la presencia de los duques en la segunda parte de la novela. D. Quijote se va de allí y no volverá jamás. Pero antes de partir de allí, Cervantes se despide de los duques haciendo un juicio durísimo contra ellos, pues dice que Cide Hamete “…tiene para sí ser tan locos los burladores como los burlados, y que no estaban los duques dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahínco ponían en burlarse de dos tontos.” Yo creo que todos pensamos igual que Cide Hamete. Pero alabo la corrección, la prudencia y el comedimiento de Cervantes (“que aunque los agravios despiertan la cólera en los mas humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla”, nos dice en el Prologo de la 2ª Parte).
Tercero. Cervantes vuelve a referirse al Quijote apócrifo de Avellaneda, y se nota su irritación y su desconsuelo. Dos demonios estaban jugando con el libro apócrifo en el infierno y lo mandan a los más profundos abismos del infierno. Los diablos hablan del libro: “¿Tan malo es?'', respondió el otro. ''Tan malo -replicó el primero-, que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara''. Y D. Quijote anticipa cual será el final de esa obra apócrifa: “Si ella fuere buena, fiel y verdadera, tendrá siglos de vida; pero si fuere mala, de su parto a la sepultura no será muy largo el camino. “ Y así será.
Cuarto. Y ahora, una pequeña y amistosa controversia. Ya dije en el capitulo anterior que en mi opinión, D. Quijote no era consciente (ni fue consciente) de que se los duques se burlaban de él (“que en esta casa todo es cortesía y buen comedimiento”, dijo D. Quijote cuando por segunda vez lo llevaron al castillo de los duques). D. Quijote se lo tragó todo y lo creyó todo.

Cornelivs dijo...

Pero algunas colaboraciones del grupo de lectura de La Acequia, quizás al ver que D. Quijote se reía cuando vió a Sancho con el vestido de llamas y con el capirote, supusieron que D. Quijote sabia o estaba al corriente de que todo era una farsa. Incluso nuestro maestro y querido amigo, Pedro Ojeda (a quien desde aquí mando un cordial abrazo), dijo en su siempre excelente análisis que como D. Quijote se ríe del vestido de Sancho, y éste dice que las llamas no le queman ni los demonios se lo llevan, nuestros protagonistas “…se relajan a través del humor puesto que han reconocido en todo lo que pasa una broma más”; o el propio Pancho, a quien envio otro cordial abrazo, insinúa que D. Quijote se retiró a “rumiar su cobardía por no defender a su escudero”.
Discrepo humildemente de vuestras muy autorizadas opiniones, amigos mios. Creo que D. Quijote se ríe para desdramatizar los autos de fe, esa es la intención de Cervantes, no porque esté al corriente de que todo es una burla. Si D. Quijote hubiera presentido que aquello era una burla hubiera defendido inmediatamente a Sancho, recordemos como lo protegió cuando intentaron lavarle las barbas a Sancho, capitulo 2.32. (-“¡Hola, señores caballeros! Vuesas mercedes dejen al mancebo…tomen mi consejo y déjenle, porque ni él ni yo sabemos de achaque de burlas”).
Yo me ratifico en mi punto de vista: creo que D. Quijote no fue consciente de que los duques se reían de él. Creyó que todo pasó verdaderamente como el lo vió, y que Altisidora murió y resucitó, y así nos lo indica el propio Cervantes: “Altisidora -en la opinión de don Quijote, vuelta de muerte a vida-…”, o sea, que creyó integramente que quien hablo fueron real y verdaderamente los genuinos jueces del infierno Minos y Radamanto, y no otros; por ello no defendió a su escudero, pero no por cobardia: ¡es que aquello estaba pasando de verdad, es que D. Quijote no podia hacer nada! (Insisto, fijaros como defendió a Sancho con lo del lavatorio de barbas: cobarde no era D. Quijote precisamente). Oigamos a D. Quijote: "Ten paciencia, hijo, y da gusto a estos señores, y muchas gracias al cielo por haber puesto tal virtud en tu persona, que con el martirio della desencantes los encantados y resucites los muertos..."
D. Quijote se lo creyó todo, de cabo a rabo. Incluso hablando con Altisidora D. Quijote demuestra estar convencido de que esta chica está enamorada de él, no se da cuenta de que todo es una burla, y vuelve a frenarla: “Muchas veces os he dicho, señora, que a mí me pesa de que hayáis colocado en mí vuestros pensamientos… yo nací para ser de Dulcinea del Toboso … suficiente desengaño es éste para que os retiréis en los límites de vuestra honestidad, pues nadie se puede obligar a lo imposible.”
La respuesta de Altisidora (“¡Vive el Señor, don bacallao, alma de almirez…¿Pensáis por ventura, don vencido y don molido a palos, que yo me he muerto por vos? Todo lo que habéis visto esta noche ha sido fingido; que no soy yo mujer que por semejantes camellos había de dejar que me doliese un negro de la uña, cuanto más morirme”) “desteta” -por fin- a D. Quijote de sus falsas ilusiones, y nos demuestra que nuestro héroe creyó real y verdaderamente hasta ese mismo instante que Altisidora “moría de amores” por él.
Y menos mal que Altisidora le dijo la verdad: si no, nuestro pobre hidalgo aún lo estaría pensando.
Saludos.

pancho dijo...

Cide aprovecha que los dos protagonistas duermen para contarnos cómo Sansón Carrasco llegó al castillo en busca de DQ. Une elementos que parecían separados, haciéndolos narración. Cervantes se vale del historiador, Cide y del bachiller. El primero hace de narrador, y el último de hilo conductor de la trama, que con su intervención adquiere unidad. A pesar de que en el título parece enunciarse un capítulo intrascendente, en su interior nos encontramos con una explicación de Cide que es clave para entender la trama de la segunda parte, a modo de justificación del regreso al castillo de DQ y S. Se trata de un capítulo importante para la novela desde el punto de vista de su armazón y embridar definitivamente los flecos que quedaban sueltos. Cide termina su explicación afirmando “que tiene para sí ser tan locos los burladores como los burlados”, por el interés desmedido en la burla de los duques.

Con el día siguió la burla. Altisidora se presenta en la estancia de DQ y S, igual que por la noche, vestida de blanco. Pelo largo, suelto por la espalda y belleza insultante que turba el recato del caballero anciano. Se sienta a su cabecera para contarle que perdió la vida hace dos días de mal de amor no correspondido por la frialdad del corazón de mármol de DQ. Vuelve a la vida gracias al martirio de su escudero.

A continuación, una de las mejores muestras de la imaginación de Cervantes. Sólo unas pinceladas son necesarias para crear un ambiente infernal, una atmósfera inquietante de desasosiego en el lector.

A requerimiento de S, les relata que estuvo en las puertas del infierno. Observó cómo los diablos jugaban a la pelota con libros “llenos de viento y de borra” a los que golpeaban con palas de fuego donde “todos gruñían, todos regañaban y todos se maldecían”. Prosigue contando que los diablos lectores entretienen su condena de por vida con lecturas. Una de las visiones que recuerda es el golpeo del Quijote apócrifo. Un golpe certero de pala desventra las hojas intonsas del lomo del libro, llenando de hojas volátiles el hall de entrada al infierno, luego aspiradas como en un remolino por los abismos densos de espesura del infierno para siempre.

Jesús Garrido dijo...

Jovernar = romper, término en desuso que proviene de desgobernar. Ni caso, conversación absurda entre compis de trabajo. Sí me he acordado en la charla de Sancho cuando próximo a este capítulo de hoy llega con más pinta de desgobernado que de gobernador ante Don Quijote.

Abejita de la Vega dijo...

A Sancho lo instalan en el mismo lujoso aposento en que alojan a don Quijote, en una “carriola”, algo así como una cama nido. No le hace gracia, bien sabe que su amo no le va a dejar pegar ojo, sin dejar de darle a la lengua. Y él está para pocas palabras, doliéndole todavía, como todavía le duelen, cachetes, pellizcos y pinchazos. En una choza, él solo, qué a gusto se sentiría.

Sus temores se cumplen. Apenas entra en el lecho, le pregunta su opinión acerca del suceso de esa misma noche. Don Quijote está maravillado de la poderosa fuerza del “desdén desamorado” que mató a Altisidora, sin espada ni venenos.

Responde Sancho, malhumorado. Lo que es por él, ya podría haberse muerto y él en su casita tan ricamente. Ni la quiso ni la dejó de querer. ¿Qué tendrá que ver la salud de esa antojadiza doncella con sus martirios? Le libre Dios de encantamientos y su merced le deje dormir. “Duerme, Sancho amigo”, duerme si el acribillamiento sufrido te lo permite.

A Sancho lo que más le duele es la afrenta de unos guantazos femeninos, dueñiles. Y avinagrados. Insiste en dormir, tanto alivia el sueño…Con Dios se duermen los dos y se cuela Cide Hamete a dar cuenta de algún detalle, cuya ausencia hace cojear esta historia.

El morisco narrador nos cuenta lo que movió a los duques a preparar la representación que hemos presenciado, con fúnebre túmulo, jueces mitológicos y doncella resucitada.

Al parecer, cuando Sansón Carrasco, como Caballero de los Espejos, es vencido, quiere intentarlo de nuevo. Se informa, a través del paje que lleva la carta a Teresa Panza, del paradero de don Quijote. Se prepara con nuevas armas y caballo. Ahora pone en el escudo una blanca luna y va acompañado, no del conocidísimo Tomé Cecial, sino de un labrador desconocido.

Llega al castillo del duque después de la partida de don Quijote. Es informado de lo del desencanto de Dulcinea, a costa de las posaderas sanchiles. También sabe de las mentiras de Sancho, las cuales dan a entender, a su amo, que Dulcinea ha sido metamorfoseada en labradora. Y conoce la mentira, la peor intencionada, la que remata las anteriores: la de la duquesa a Sancho, asegurándole que la del Toboso está encantada y bien encantada. El bachiller, divertido y admirado, ante un amo tan loco y un criado tan agudo como simple.

El duque no quiere perder ripio y le pide que no deje de informarle si lo encuentra, lo venza o no. Sale a buscarle, no lo localiza en Zaragoza: mas ya conocemos lo que pasó en Barcelona. Vuelve al castillo y se lo cuenta, junto con las condiciones de la batalla. Y expresa al duque su intención de curarle de su locura. Un añito en la aldea y como nuevo, allí lo espera. Así que se despide y se va a su lugar.

Abejita de la Vega dijo...
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Abejita de la Vega dijo...

.
El duque no quiere perder la oportunidad de preparar otra burla, de esas que tanto le gustan. Da órdenes de tomar los caminos y traer a don Quijote, por las buenas o por las malas. Lo hallan y avisan a su señor, el cual manda preparar el túmulo de Isidora, tal y como lo vimos en el capítulo anterior.

Al llegar aquí, Cide Hamete nos da su punto de vista personal, algo que no suele estar permitido en el mundo de los subnarradores. Para sí tiene el morisco que burladores y burlados participan de la misma locura. Y, en lo tocante al gremio de los tontos, no lo son menos los duques, puesto que ponen tanto empeño en burlarse de dos tontos.

Amanece para todos y para los “dos tontos”, aunque uno duerme a pierna suelta y el otro vela. Don Quijote va a levantarse con presteza, fuera las “ociosas plumas”. Pero ha de refugiarse tras las sábanas y las colchas, ante la invasión de la desvergonzada resucitada Altisidora, en su íntimo aposento. Guirnalda, cabellos sueltos, corta túnica blanca, flores de oro, bastón de ébano. Un lujoso disfraz para una efímera actriz.

El confuso y mudo caballero no acierta a hacer cortesía alguna. Altisidora se sienta junto a la cabecera, suspira y pronuncia un melifluo discurso de censura a las recatadas doncellas que publican los secretos de su corazón. Se confiesa como una de ellas, enamorada pero honesta, tanto que reventó su alma de tanto callar y perdió la vida. Tan riguroso y duro ha sido don Quijote de la Mancha con ella. Más “duro que mármol” a sus quejas, como aquella Galatea lo fue con Salicio, el de la égloga. Si no fuera por los martirios del buen escudero, muerta estaría…
(Sigue)

Fernando López Fernández dijo...

Hola Pedro:

No dejo de asombrarme por el trabajazo que estáis haciendo de la lectura de El Quijote.No lo sigo tanto como quisiera pero la mirada que ofreceis entre otras cosas nos permite conocer mejor la naturaleza humana y nuestra historia.

Gracias.

MIMOSA dijo...
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SRO dijo...

Lo más importante de este capítulo es el momento de acostarse. Vendría a ser como: "Sancho y Quijote en el motel a la hora de irse a la cama"
Para seguir con el cachondeo, a Sancho, después de lo que lleva el pobre, le ubican en el equivalente a una cama nido como apunta Abejita
Sancho quiere dormir, olvidar, resetear el cerebro. Es lo que haría un hombre después de un mal día
y Quijote necesita darle a la lengua. No puede dormirse sin aclarar las cosas en su cabeza, tranquilizar su espíritu...Sea lo que sea es lo que haría una mujer. Hay aquí una especie de asunción de géneros en el contexto de esta asombrosa relación entre escudero y amo.
Esta relación de amistad es la trama más importante de la novela no lo olvidemos ahora que estamos llegando al final de la aventura. Es la única que tiene continuidad durante todo el libro y en ella se basa, a mi entender, la grandeza de este libro,
como ya señaló Bloom el gran crítico estadounidense cuando aconsejó
leer el Quijote desde esa perspectiva

Hernando dijo...

Leyendo este capítulo me he acordado de Epi y Blas cuando estaban ya cada uno en su cama y Blas encendía unas cuántas veces la luz para preguntarle alguna cosa, y Epi, cada vez le contestaba con más iritación.
Físicamente Epi tiene algo de Sancho y Blas de Don Quijote. Curiosa coincidencia.

Merche Pallarés dijo...

Me ha hecho gracia lo que dice HERNANDO de Epi y Blas pero si nos ponemos a analizar existen muchos personajes basados en El Quijote. Unos de los más significativos que me vienen a la mente ahora eran el gordo y el flaco.
En este capítulo me ha encantado el vapuleo que Cervan da al Avellaneda de nuevo. Besotes quijotescos, M.

Señor De la Vega dijo...

...CONTINUACIÓN...
De lo dicho por gordo y flaco, antes del silencio precursor de la vela y sueño y de la continuación de la broma ducal de Altisidora, con sus fingidas y no fingidas reacciones, de ira, insultos, provocaciones y las escasas respuestas de Don Quijote (que no le dejan) e incisivas intromisiones de Sancho (que sí); así como el injerto del músico y panegírico (voz del Señor Cervantes), presencia de los Duques..., es un tirar del hilo para deshacer ovillo y evidenciar artificio frente lector lector y lector representado, con el objetivo de pasar al siguiente capítulo y hacer crítica, no solo a la poesía o al maltratado Avellaneda, sino a la incompatibilidad de la representación del amor, en uso en aquella época, en contraste de la profundidad como en los clásicos el amor se trata, o con lo sencillez de los sencillos que lo viven.

Y es ahí en mi opinión, donde encaja especialmente la frase del autor Cide Hamete, cuando considera a los Duques por dos dedos de parecer tontos (representando los Duques a lectores), pues tanto ahínco ponían en el gusto por la burla ( representación enrevesadas, pomposas y ficticias de los sentimientos) si estas se aplicaban sobre dos tontos con más fondo que ellos (que representan, uno, amor clásicamente platónico y otro amor de come y pincha.)

Y mucho deberíamos aprender destas lecciones los actuales multimedia tragaldabas, en una sociedad pegada a enredos televisivos o cinematográficos donde el sentimiento, amor y sexo, es cosa que se trata de forma tan odiosa, que si tonto el amor representado, más tontos los que por capítulos o en pantalla grande lo comemos.

Y como todo lo anterior iba en mi opinión dedicado a Lope, termina el Duque con el dicho:
Porque aquel que dice injurias, cerca está de perdonar.” o así lo espera, después de tanto esfuerzo argumental nuestro Señor Cervantes, y así será cuando se muera.
Nuevamente el futuro predicho por el primeramente dicho, moro y bicho.

Suyo, Z+-----

Señor De la Vega dijo...
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Señor De la Vega dijo...

¡Por todos los moros cristianos y nigromantes folloncicos! qué mareo de publicado y no publicado.
Calmaré mi SEND y esperaré enhorabuena, a revisar lo acontecido y bien grabado.
Z+

Señor De la Vega dijo...

Mi Señor Ojeda,

Me parece siempre el caso el recordar, pues otras veces ya lo hice, la entretejida maraña de narraciones. Pues Cide Hamete se representa claramente en este capítulo para explicarnos lo que piensan personajes de su segunda parte, que por ende son lectores de la primera y de sucedáneas secuelas, como mejor ejemplo los mismos Duques o en su boca Altisidora, y así para que en todo encaje la figura de Cervantes, escritor de la primera parte en base a traducciones de la obra del autor original Cide Hamete, debió encontrar otros manuscritos de la segunda, y nuevamente traducirlos y nuevamente narrarlos pues escribe Cervantes que siempre dice Cide Hamete “autor desta grande obra”, refiriéndose a la segunda parte que asume la primera y por lo tanto el autor Cide Hamete leyó la que escribió Cervantes basándose en su obra y ya debió preocuparse el andalusí Cide H.B., en su lengua árabe y fe musulmana, de ofrecerle facilidades al castellano Cervantes y cristiano, de escribir la segunda; concluyendo que además de ser historiador, debió ser un sufí importante y leer mentes y sentimientos de una forma iluminada y viajar astralmente en el espacio tiempo, en el caso de estar muerto como parece deducirse en la primera parte o más bien, resucitado y escondido en los cerebros como parece en la segunda, que vaya Alá a saber y Dios a conocer.

Altisidora podría ser parte de mis cuentos nevróticos con este párrafo de puertas abiertas “arrimada a un báculo de negro y finísimo ébano, entró en el aposento de don Quijote, con cuya presencia turbado y confuso, se encogió y cubrió casi todo con las sábanas y colchas de la cama, muda la lengua, sin que acertase a hacerle cortesía ninguna. Sentóse Altisidora en una silla, junto a su cabecera

Por supuesto la profecía y descripción de Don Quijote se sale del texto, nada extraño si la escribió el Sufí ya dicho, siendo sabedor de nuestras futuras lecturas en viajes astrales y jugando con su descriptiva extracorpórea y ambigua narrativa “Yo no me he alterado en oír que ando como cuerpo fantástico por las tinieblas del abismo, ni por la claridad de la tierra, porque no soy aquel de quien esa historia trata. Si ella fuere buena, fiel y verdadera, tendrá siglos de vida; pero si fuere mala, de su parto a la sepultura no será muy largo el camino” Cuatro siglos tiene ya la fiel y verdadera y los que le quedan.
...CONTINÚA...

Paco Cuesta dijo...

Sentimientos encontrados en el lector. El receptor es quien juzga, y adjudica "su" valor a la obra.

Myriam dijo...

Por lo visto, viéndolo asi tan en detalle, éste es un capítulo en el que Cervantes tiene varios objetivos bien concretos a alcanzar antes de finiquitar su Opus Magnum, de los cuales el que más me gusta, lo repito una y mil veces, es como hace puré al Aragones. ¡Es genial!

Asun dijo...

La habitación de DQ y S. parece un confesionario, van llegando de uno en uno.

También a mi me ha gustado la forma de Cervantes de patear a Avellaneda en este capítulo, como quien no quiere la cosa.

Muy graciosa la comparación de HERNANDO con Epi y Blas. No lo había pensado, pero si tiene su similitud.

Besos

Borgleone dijo...

Perdonad la intromisión.

Pedro, te he enlazado desde mi blog (El Diario Rojo del Caos) y no sé si te llega el aviso.

Tampoco sé como contactar contigo via mail.

En cualquier caso, gracias y disculpad la extemporánea intromisión.

Sigo leyendo

Abejita de la Vega dijo...

Tras unas palabras malhumoradas, en las que sale a relucir su maltrecho asno, Sancho pregunta, con curiosidad, a Altisidora, qué hay en el infierno, puesto que ella estuvo allí. La honesta enamorada no entró allí, que quien allí entra no sale. Se quedó en la puerta y vio un peculiar partido de pelota. Doce diablos, en calzas y jubón, con puños de encaje. Las palas son de fuego y unos libros hacen de pelotas. Allí nadie se alegra, aunque gane; allí todos gruñen, regañan y maldicen. Por algo es el infierno…

Entre aquellos libros hay uno muy nuevo, al que deshojan de un papirotazo. Un diablo quiere saber qué libro es ése y otro le responde que se trata de “Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha”, no la de Cide Hamete sino de uno que dice ser de Tordesillas. ¡Hasta aquí quería llegar Cervantes! Hasta llevar la obra de Avellaneda a los mismísimos infiernos.

A la pregunta de si es malo, al diablo lector opina que lo es tanto que ni a propósito. Pide que lo aparten de su vista y lo conduzcan al más profundo de los abismos. Altisidora dice recordar bien esta “visión”, puesto que nombraban a su amado…

Don Quijote protesta, visión debe haber sido; puesto que él es el único con ese nombre. Y no le importa lo que digan de alguien que no es él.

Ya te tiene dicho, Altisidora, que le pesa que pongas en su persona los pensamientos, puesto que él nació para ser de Dulcinea y es imposible que otra hermosura ocupe su lugar. Te pide que te retires honestamente…

Como un basilisco se pone la doncella. Le llama bacalao por lo delgadito, almirez por lo majadero y huesito de dátil por duro y desechable. Si le embiste, le ha de sacar los ojos, qué fiera.

Ahora, despechada, da la vuelta a su discurso ¿Qué se cree este terco? ¿Pensaba acaso que ella muere por él? ¿Dolerse ella? ¿Morirse ella? Todo fue fingimiento, entérate don Bacallao.

(Sigue)

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Lo bueno amigo Pedro de esta lectura son las idas y venidas en los pensamientos propios de la colaboración, aunque a veces pudiera ser que cualquiera quisiese ser especialista y ese sin duda eres tu... nosotros meros espectadores de tu crítica y explicación... nuestra colaboración bien entendida solo es una humilde conjetura, pero nunca sentar ex-catedra...saludos

vuelvo a llegar tarde....

Abejita de la Vega dijo...

Sancho da la razón a la chica, que cosa de risa es ese “morirse” que tienen los enamorados.

Platicando están cuando entra aquel músico que cantó las estancias, el cual expresa su admiración hacia las famosas hazañas de don Quijote. Al caballero andante le pilla despistado y no le reconoce. El mozo se presenta y don Quijote le alaba su buena voz; pero le pregunta qué tiene que ver Altisidora con las estancias de Garcilaso. El músico contesta, con gran desparpajo, que lo que se lleva entre los poetas jovenzuelos es la total libertad para hurtar de otros, venga a o no a cuento. Licencia poética llaman a su desvergüenza. Ay, el aragonés de Tordesillas.

Don Quijote se queda con las ganas de responder, porque entran a verle el duque y la duquesa. La plática es larga y dulce. Sancho deja admirados a los duques, por listo y por tonto a la vez.

Nuestro caballero pide licencia para partir, que a los vencidos no les conviene habitar palacios, vete a saber por qué. Se la dan de “muy buena gana”, ya les cansa este juguete caballeresco , tal vez.

Abejita de la Vega dijo...

La duquesa le pregunta por Altisidora y don Quijote le da su diagnóstico acerca de los males de tal doncella. Todos nacen de la ociosidad y el remedio es tener una “ocupación honesta y continua”. Este discurso tan tradicional, en torno a la conveniencia de tener ocupadas, a las doncellas, en minuciosas labores, para impedir el vuelo libre de su imaginación…ya se lo habíamos oído a Cervantes. Que “la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta”. Tal vez, el escritor esté pensando en las de su casa: hermanas, hija y sobrina. Las malas lenguas…

¿Y en qué ha de ocupar la duquesa a Altisidora? Puesto que ha dicho que se usan valonas con randas en el infierno, es que las sabe hacer. No la deje de la mano, póngala todo el santo día a menear los bolillos y su imaginación se estará quietecita.

Es su consejo y el de Sancho, que nunca vio a randera alguna morir de amor. Y el escudero aporta su experiencia: cuando está cavando no se acuerda de su querida Teresa. Así que, la duquesa, hará que Altisidora se ocupe de hacer labor blanca, que sabe hacerla muy bien.

Altisidora dice no necesitar ese remedio para borrar de la memoria al “malandrín monstrenco”. Y pide licencia para retirarse, que no desea ver su fea cara.

El duque sentencia que el que injuria, está cerca del perdón. Bueno, si su señoría lo dice. Altisidora se retira y Sancho proclama la mala ventura de esta doncella, por haberlas habido con su amo, “alma de esparto”. Si con él las hubiera, otro gallo le cantara. Un poco picarón se muestra este escudero. Sancho, Sancho.

Callan, se visten, comen y parten.

Un abrazo de María Ángeles Merino

Antonio Aguilera dijo...

Perversa pareja la formada por los duques y Sansón Carrasco. Confabulan para llevar de nuevo a don Quijote a su castillo; no querían deaprovechar los duques el camino de vuelta de don Quijote: "ya que pasa por aquí, riámonos otro rato", parece que pensaran.
Es cruel Altisidora con nuestro hidalgo, despreciándolo finalmente y diciéndole, entre otras cosas, que es un muerto a palos y de "fea catadura". ¡Pobre don Quijote!: pero él sigue fiel a su platónica Dulcinea.

PEDRO, esta semana no publicaré mi comentario; aunque tengo bien escuchado el capítulo en mp3, cosa que hago durante mis largas y obligadas caminatas murciélago-nocturnas: por mor de desengrasar mi cansado esqueleto.

Veré de comentar doble la semana que viene.

BIPOLAR dijo...

Sobre la crítica literaria

no sé si comprendo hasta dónde quieres llegar en este párrafo:

"Citar aquí a Garcilaso, el origen de la fórmula poética triunfante desde el principio del siglo XVI ,es todo un manifiesto de intenciones que procura el necesario retorno a las fuentes primeras en un contexto en el que la poesía había derivado hacia un combate de artificios basados en la agudeza"

si bien creo que cuando la modernidad aburre, los clásicos consuelan y reconfortan, mi pregunta es ¿aburría ya ese combate? ¿no podía haber derivado este estilo de poesía en teatro donde al fin y al cabo se dan cita este tipo de artificios? ¿se había pervertido la poesía hasta extremos insalvables? ¿es por eso que Cervantes la ridiculiza tanto en esta obra? (sólo leí un poema interesante en EQ)

BIPOLAR dijo...

Del capítulo:

-Sansón Carrasco nos pareció durante capítulos un bellaco y ahora es un santurrón, pero Cervantes dibujó también al tunante de su personaje en la primera parte, que ahora, éste chirría.

-Altisidora recupera de mi memoria a la niña de "El Exorcista"

-Cervantes clarividente vaticina la importancia de su texto frente a la copia (la buena perdura en el tiempo la mala muere) y la de la pintura venidera siendo objetos de bodegón Quijote y SP.

-Qué capacidad para tejer e hilvanar y unir y relacionar. En cuatro párrafos moldea toda la segunda parte explicando quién a dónde y por qué.

-"cuesco de dátil" he aquí el peor y más sonoro de los insultos.
:D :D

BIPOLAR dijo...

resalto de entre todas, esta frase:

..."el sueño es alivio de las miserias de los que las tienen despiertas".




(este capítulo fue ameno)

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

BIPOLAR: precisamente, como parte de esa guerra entre estilos literarios, unos y otros se echaban en cara Garcilaso para criticar al otro bando. Cervantes propugna un regreso al estilo natural de Garcilaso frente al combate de ingenio que se daba en la época: nada nuevo, sólo que Cervantes se apunta a uno de los bandos en conflicto.
De todas las formas, pone de testimonio que para todos Garcilaso era el modelo.