viernes, 27 de agosto de 2010

Círculo azul sobre blanco sucio.


Huella de los que sufrieron prisión antes que nosotros.

17 comentarios:

Lola dijo...

Pedro me pierdo en la entrada, no soy capaz de entender la relación imagen-texto.... Upsssss, lo siento....

BIPOLAR dijo...

Cal y olvido y otra vez cielo azul

Edgardo dijo...

Tantas marcas dejamos, en paredes que nunca terminan de caer, que siempre apresan.
Intentando por todos los medios crear lo que nos es prohibido, vedado, pintamos cielos en celdas oscuras, puertas en paredes clausuradas, esperanzas en presentes infernales.

Todos moriremos dentro de esta prisión, y seremos enterrados en cajones cerrados.

La cal quema, oculta, borra, olvida… y nunca abre cielos azules.

Un abrazo amigo.

HologramaBlanco

Edgardo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Asun dijo...

Buffff. No quisiera yo verme en ese espacio encerrada. Sólo de verlo me da claustrofobia.

rubo dijo...

Hay muchas cárceles, y no siempre de sólidos muros como la de la foto.
Saludos.

María dijo...

La peor cárcel es la de imposibilitarse uno mismo con el pensamiento, el encarcelarse sintiéndose impotente para seguir, para no poder hacer, para no saber...

Un beso.

María dijo...

Se me olvidaba decirte Pedro, que en el Reader, me sale otra entrada titulada "No dudes de que te ama" pero la estoy buscando y aquí no la veo.

Jan Puerta dijo...

Hay argollas que no vemos ni imaginamos que nos esclavizan sutilmente. Siempre nos damos cuenta demasiado tarde.
Un abrazo
No sé si es un erros pero no puedo acceder a la entrada del sábado.

Antonio Aguilera dijo...

Todos tenemos alguna mancha -más o menos de azul a negro- sobre nuestra alma...o conciencia: algunos dicen que nunca fue de un blanco limpio, que ya traía alguna "maculilla" desde el principio de los tiempos.

Merche Pallarés dijo...

Me pasa igual que a MARIA. Me sale otro link que no veo. Por cierto yo no lo veo azul sino negro. Besotes verdes esperanza, M.

Myriam dijo...

Al menos dejaron huella. No lo dudo.

Cornelivs dijo...

Disculpa por mi retraso, querido Pedro.

He aqui mi comentario semanal al Quijote, acabo de colgarlo en mi blog.

çDespués del paréntesis vacacional me reintegro de nuevo a esta amena y deliciosa lectura colectiva del Quijote, que dirige nuestro blogger y querido amigo Pedro Ojeda. Entramos en el capitulo 64 de la segunda parte en el cual Sansón Carrasco, por fin, vence a D. Quijote cumpliéndose sus objetivos (mitad “piadosos”, mitad “revanchistas” ) que le impulsan a reencontrarse con D. Quijote y a perseguirlo.

Os juro, amigos, que me ha costado muchísimo redactar este post. Tras varias intentonas no quedaba satisfecho con el resultado final; y os diré por qué. Parece como si Cervantes, en este capitulo, estuviera mudo, y me refiero a su corazón, a sus sentimientos. Ya sabemos que D. Miguel, tan irónico –hasta hiriente en alguna ocasión- con su personaje en la primera parte, llega a mimarlo y hasta a “amarlo” (permítaseme esta licencia) en esta segunda parte; y relata las cosas de tal modo que en infinitud de escenas se aprecia muy al vivo lo que Cervantes siente hacia su personaje. Al menos, yo he creído detectarlo.

Pero en este capitulo no: Cervantes cumple la velada amenaza que hace en el prologo de la segunda parte, los acontecimientos siguen su curso. Necesita al de la Blanca Luna, pero no porque le tenga mucho aprecio, sino simplemente porque la novela ha determinar, y D. Quijote ya ha llegado demasiado lejos. Sansón Carrasco es un mero instrumento, había que vencer a D. Quijote y llevarlo de vuelta a casa. Punto y final.

Aquí Cervantes parece ocultar sus sentimientos y nos relata los hechos en un frio, aséptico y desacostumbrado lenguaje: se limita a relatar los hechos como si fuera una crónica periodística, fría, y descarnada, y no se aprecia interno resquemor ni regocijo del autor hacia la penalidad de su personaje.

Es como si el corazón de Cervantes se hubiera parado...

Y ese atronador silencio me dio la pista. Llamadme imaginativo, romántico, sentimental, soñador, como gustéis: pero creo que Cervantes ha llegado a estimar tanto a D. Quijote, a amarlo incluso, que esta derrota le duele al novelista más que al propio D. Quijote. Por ello escribe sin pestañear, sin mover ni un musculo, casi me lo estoy imaginando; sin decir ni una sola palabra que deje traslucir sus sentimientos. Narra la derrota de D. Quijote casi con delicadeza, el de la Blanca Luna levantó la lanza, y dice que fue” de propósito”, obvio: no querían hacerle daño a D. Quijote.

Creo que Cervantes siente gran pena, porque si bien es cierto que a D. Quijote le habían tomado el pelo, se habían reído de él, lo habían manteado, apaleado, apedreado y maltratado en mil y una ocasiones, los encantadores perversos habían trastocado la realidad a su antojo, convirtiendo los yelmos en bacías y las putas en señoras de la alta corte (y contra la magia de los encantadores no hay nada que hacer) lo cierto y verdad es que nadie, repito, NADIE hasta ahora lo había vencido.
El cuerpo de D. Quijote estaba magullado con mil heridas, pero no así su animo ni su corazón: estaban enteros: ¡nadie había podido con el!

Pero ahora no.

El golpe moral es terrible, y Cervantes lo sabe muy bien… La pena de Cervantes es grande: por eso no se regodea con D. Quijote: cuéntalos hechos fríamente, y punto, oculta su pena y su tristeza. Es posible que una lagrima solitaria resbalase por el rostro de nuestro insigne novelista al terminar de redactar este capitulo.

Aldabra dijo...

parece una soga, esta imagen da miedo.
bicos,

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

seguramente somos prisioneros en nuestra propia vida y apenas nos damos cuenta.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios. La entrada fantasma que mencionáis algunos se debió a un error mío y la publicaré otro día. Un abrazo.

jg riobò dijo...

Excelsa.