lunes 31 de agosto de 2009

El Quijote y la lectura en clase y noticias de nuestra lectura.


¿Se debe poner el Quijote como lectura en el aula?

La pregunta, vista la reducción brutal de horas de clase dedicadas a la literatura en el sistema docente español -también en otros países-, suena casi ridícula. En estos momentos, la lectura de textos literarios no es la prioridad de nuestra escuela, según parece. Y muchas de las horas se dedican a textos de escasa calidad con la justificación de que hay que llegar a los alumnos con la literatura que les gusta: siempre me ha parecido la misma justificación que expresan los programadores de televisión para llenar los horarios de telebasura.

La escuela debe ser algo más que la venta de mercadería que ya por sí ofrecen las grandes superficies y la publicidad masiva. Nunca debe renunciar a su misión orientadora y educadora. Si en la escuela se usan prioritariamente las populares colecciones de usar y tirar escritas expresamente para ser recomendadas en las aulas, no vamos bien. Conozco, por experiencia, cómo las editoriales presionan a las direcciones de los centros y los profesores para colocar sus productos. El lote se completa con un circuito por el que se hace viajar a los escritores de estas mismas editoriales. La mayor parte de estos textos no son más que imitaciones de otros escritos con una finalidad comercial. Eso sí, todo avalado por expertos en pedagogía que, en muchos casos, ni han visto el libro recomendado, me temo.

El resultado es que se ha alejado a los clásicos de las aulas: pocas horas y dedicación a textos prescindibles.

El Quijote ha sufrido las consecuencias. Pero no sólo él: si a los jóvenes no les acostumbramos a un esfuerzo lector, muy pocos saldrán del producto literario de éxito. Es lectura, por supuesto, pero no lectura de calidad.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestra lectura

Kety nos ofrece, de nuevo, la oportunidad de leer su poema sobre el Quijote publicado hace unos días por Juan Luis, así que no os lo perdáis.

Manuel Tuccitano se pone al día con dos capítulos en una entrada. Vuelve con fuerza y revisando los conceptos claves de los dos últimos capítulos.... aunque casi se le escapa decir quién es el Caballero del Bosque. Inés, en su ilustración, contextualiza a nuestro personaje en estos días.
Antonio Aguilera también da una nueva lección de cómo abordar desde lados personales la lectura. En esta, advierte con razón cómo don Quijote crea escuela y también cómo aparece el primer poema de la Segunda parte: bien visto, sin duda. Y le saca punta a los sombrosos árboles. Sería que había una buena luna... Eso sí, en la ilustración se ha puesto clásico...

Myr sigue con sus investigaciones sobre el Quijote como Ars amatoria. No os perdáis lo que dice en su última entrada y, sobre todo, la consideraciónd el harén como algo más que un lugar de placer.

Desplazados al Paraíso, que la semana pasada demostraba cómo se podía leer el Quijote en la playa, nos da la noticia de que ha terminado con buen éxito la Primera parte y que ya está a punto de alcanzarnos. Cómo me ha gustado leer su entrada.

Abejita presta atención a los tres núcleos del capítulo: los árboles sombrosos, la pareja de hecho y la aparición del caballero, al que, por cierto, ha conseguido fotografíar en el centro de Burgos...
Pancho hace un más que correcto análisis del pensamiento del capítulo de esta semana: la meditación sobre la muerte y la amistad y la aparición del nuevo caballero. Y no os perdáis la curiosidad de sus imágenes.

Jan Puerta se fija, con gran acierto, en los detalles como claves para desentrañar cómo conduce la narración Cervantes. No os perdáis sus ilustraciones, en las que, además, os recomiendo que prestéis atención a las frases que resalta como núcleo del capítulo.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

jueves 27 de agosto de 2009

El Caballero del Bosque (Cap. 2. 12)


Cervantes parte la noche posterior al encuentro con el carro de la Muerte en dos, según una técnica de distribución del material narrativo de los capítulos ya comentada y que persigue el juego con el lector.

Don Quijote y Sancho meditan sobre la aventura con los farsantes y, al hacerlo, explican su significado: la acción de los comediantes no se diferencia demasiado del teatro del mundo, salvo en lo fingido. Por eso don Quijote le pide a Sancho respeto para la comedia, porque no es más que una metáfora de la vida humana:

-Pues lo mesmo -dijo don Quijote- acontece en la comedia y trato deste mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y, finalmente, todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; pero, en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura.

Esta parte del diálogo le sirve a Cervantes para aclarar el significado del encuentro con los farsantes. Las respuestas de Sancho sirven también para afianzar el proceso de su evolución, del que hasta el mismo don Quijote ya es consciente (-Cada día, Sancho -dijo don Quijote-, te vas haciendo menos simple y más discreto.).

Antes de presentarnos la nueva aventura, introduce una divertida parodia de los textos clásicos sobre la amistad (motivo muy común en la literatura del momento, como ya vimos en El curioso impertinente), como elemento bisagra que relaja la tensión temática de las páginas anteriores. Los modelos de amistad propuestos son Rocinante y el rucio de Sancho. Elaborada con perfección, llena de alusiones que lo mismo pueden tomarse de forma inocente que maliciosa y partiendo de la subversión que supone el hecho de que la amistad entre estos dos animales sea capaz de superar la de lo seres humanos. Los animales son ya tan inseparables como sus amos.

La segunda parte del capítulo nos sorprende: el lector pensaba, hasta ahora, que don Quijote era una anacronismo, que ya no existían verdaderos caballeros andantes por los caminos, llorando el amor de sus damas y retando a otros caballeros rivales. Es más: este era el punto de partida de la novela y de la construcción de don Quijote, que pretendía no sólo recuperar la perdida caballería andante sino hacer vivo lo libresco, realidad la fantasía a partir de lo ridículo de la idea del hidalgo dada su edad, su condición y su presente.

Pero Cervantes nos sorprende: cuando Sancho se duerme, don Quijote es testigo de la llegada de un caballero y su escudero. Aquél se arroja de su caballo, desesperado a causa del amor que siente por Casildea de Vandalia. El lector de la época pisa terreno conocido: éste que por ahora se llama Caballero del Bosque se comporta igual que los modelos imitados por don Quijote. Es más, don Quijote queda como un pálido reflejo ante la aparición del nuevo personaje, mucho más cercano al canon del caballero andante (tanto, que parece más irreal que el paródico). No hace falta mucho para que nuestro protagonista sepa qué es aquello, tan reconocible para él como leído cien veces:

El decir esto y el tenderse en el suelo todo fue a un mesmo tiempo; y, al arrojarse, hicieron ruido las armas de que venía armado, manifiesta señal por donde conoció don Quijote que debía de ser caballero andante; y, llegándose a Sancho, que dormía, le trabó del brazo, y con no pequeño trabajo le volvió en su acuerdo, y con voz baja le dijo:
-Hermano Sancho, aventura tenemos.

¿Qué significa esta aparición? Como comentamos al hilo de la lectura debemos pensar la recepción de alguien que no conoce la continuación y su perplejidad ante la aparición de algo que no se espera o su esperanza de confrontar a un caballero paródico con uno real. ¿Saldrá perdiendo don Quijote de la comparación?

Sin embargo, hasta el lector menos atento que haya llegado hasta aquí sabe ya cómo juega Cervantes. El contexto nos ha avisado, a través de la aventura con los comediantes, en que todo se disfraza. Ya lo vimos también en la Primera parte, en la que asistimos a un juego continuo de identidades fingidas extraídas de modelos literarios. Lo que sí es seguro es que Cervantes vuelve a la raíz de la propuesta de juego inicial: el mundo caballeresco. Y que lo hace por una vía que hasta ahora no había practicado, la de confrontar a don Quijote con otro caballero andante.

Veremos qué sucede con este Caballero del Bosque el próximo jueves, en el capítulo XIII, para el que se nos anuncia un juego paralelo muy teatral con la distribución del coloquio y la acción entre caballeros y escuderos. Para ello, Cervantes tendrá que salir de esta noche en la que se ha embarcado.

lunes 24 de agosto de 2009

Experiencia y vida, retratos quijotesco-unamunianos en Gredos y noticias de nuestro Quijote.

Si en la Primera parte del Quijote pudimos observar cómo Cervantes volcaba en ella gran parte de sus conocimientos adquiridos a lo largo de la vida, casi siempre lo hacía a través de la literatura. Usaba de la parodia genérica o diversos recursos narrativos para ir dejando aquí o allá motivos autobiográficos.

En esta Segunda parte actúa de forma diferente: se enfrenta a la narración con más consciencia y sabe que, por su edad, pocas oportunidades más le dará la vida para hacerlo. Por eso percibiremos que en las aventuras que corren los protagonistas, en el retrato del mundo español contemporáneo y en las opiniones sobre la vida, la política, la sociedad, la literatura, etc., Cervantes interviene para dejar en el relato la huella de lo vivido y meditado a lo largo de una vida que ha tenido aventuras y desventuras. De ahí cierta sensación de melancolía que nos irá creciendo por dentro en la lectura.

Retratos quijotesco-unamunianos en Gredos



Qué maravilloso regalo nos hace Manuel con estas fotos prometidas. Como no sabría explicarlo mejor que él, copio el texto que me envía con ellas:

"Lo prometido es deuda y ha llegado la hora de pagarla. Te dije que nos haríamos unas fotos leyendo el Quijote en el Calvitero, pero nos dimos cuenta de que don Miguel de Unamuno había subido a Gredos en 1911 y escribió, al bajar, el poema "En Gredos", que incluyó en sus Andanzas y visiones españolas, por lo que queríamos rendirle homenaje, también, llevando hasta allí, a los mismo lugares que visitó -subió desde Bohoyo por la garganta del mismo nombre, hasta el Venteadero, desde están hechas algunas de las fotos, "...cara al rocoso gigantesco Ameal, queí mientras doy huelgo a Clavileño..." -un ejemplar de su Vida de don Quijote y Sancho. Así que allí nos fuimos Antonio Gutiérrez Turrión y yo, con nuestro amigo Eloy (que nos hizo las fotos), a dar un paseo por las cimas del Circo y leer algunos párrafos del Quiojte y de los comentarios del Sr. Rector. Somos bastante unamunianos y nos atraía la idea de unir a Cervantes y a Unamuno allá arriba".

Manuel Casadiego y Antonio Gutiérrez Turrión son amigos y blogueros de Béjar, siempre de recomendable lectura. Mil gracias por estas fotos que unen a Cervantes, Unamuno y un lugar en el que parece todo hecho para pararse a leer y meditar.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Manuel Tuccitano comentó el capítulo X, con acierto, desde la capacidad de manipular a su amo que ha descubierto Sancho: lo acompaña, como siempre, con una ilustración antigua y una imagen divertida de su hija Inés, que ve en el Toboso el sueño de comida rápida de Sancho...

Antón de Muros ha viajado a Tandil y nos refresca las noticias de aquel lugar cervantino que nos diera Silvi en su día. Además, amplía la información con datos de productos típicos y reivindicación gallega de los apellidos cervantinos.

Abejita de la Vega comenta el capítulo X poniéndose en el lugar del pobre Sancho y su encrucijada, de la que saldrá, como sabemos, mintiendo. No os perdáis la ilustración: hacanea, hacanea. Después, se ha ido a refrescar a la sombra del Paseo de la Isla de Burgos y allí nos desvela qué tiene que ver Cervantes con el árbol de Júpiter. En su comentario del capítulo XI, señala los puntos esenciales y pone de relieve la incongruencia cronológica entre el tiempo narrado en la Primera parte y el de la Segunda. Ya vimos esto, pero quizá deberíamos volver a ello. No os perdáis su ilustración de sopa de arroyo... También comenta el aspecto más filosófico del capítulo, con apreciaciones bien exactas que os recomiendo.

El Sanchico, por alusiones, responde que él se ha marchado a Francia de viaje: no me extraña, viajero el padre, viajero el hijo.

Antonio Aguilera comenta el capítulo X con acierto, hasta en lo del bosque -por cierto, ¿alguien sabe si se conservan esos bosques de encina junto a El Toboso?- y se acompaña la entrada con la imagen de una edición de la obra en griego, gracias a Óscar. Del capítulo XI comenta muy bien una parte y remite a la novela en otra porque se le acababa el tiempo. Y Ojito nos regala una foto bien playera y quijotesca. No os la podéis perder.

Pancho comenta el capítulo X centrándose en el manejo que Sancho hace de la situación. Por ahora, ríe. Acompaña la entrada de una ilustración dieciochesca. Su comentario del capítulo XI es excelente y no se olvida ni de Rocinante.

Aldabra publica una aportación llena de recuerdos a nuestra lectura: se trata de dos esquemas escolares de la obra, que a muchos os llevará a años en los que la lectura de la obra era una oblicación ingrata. Suerte que tenemos ahora. Gracias, Aldabra.

Jan Puerta ve en el capítulo X la confirmación del cambio de Sancho Panza y su comentario viene ilustrado con la curiosa portada de un libro escolar de 1968 encontrado en un mercadillo y una curiosidad de La Vanguardia. En el capítulo XI confirma la continuación del dominio de Sancho sobre su amo. Acompaña su comentario con una curiosa imagen de un Quijote-Avon y otra reproducción de La Vanguardia

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jueves 20 de agosto de 2009

La Muerte siempre vence (Cap. 2.11).


De este capítulo siempre han interesado dos cosas: en primer lugar, el retrato verídico del mundo de la farándula; en segundo, su significado en la evolución del relato.

Son varias las obras de la época en la que se refleja cómo eran las compañías de cómicos y diferentes circunstancias de su vida. Pero Cervantes va más allá: funde de tal manera ese retrato con la historia del Quijote que en ningún momento parece digresión innecesaria o meramente curiosa.

En efecto, todo lo que se cuenta en este capítulo sobre este grupo de actores corresponde con la realidad de la época y demuestra lo bien que conocía este mundo Cervantes: existió un autor de comedias -así se llamaba al director de la compañía que solía ser también empresario y primer actor- llamado Angulo el Malo; hubo un auto sacramental titulado Las Cortes de la Muerte; era habitual que las compañías montaran los autos representados en las capitales en el Corpus, en los días posteriores, en otras localidades; la carreta de la Muerte aquí descrita era la usada por las compañías para trasladarse y servía también como escenario; los personajes y sus vestimentas son las que corresponden a este tipo de obras; lo que cuenta Sancho sobre la inmunidad de ciertos comediantes (especialmente algunas actrices) privilegiados por sus contactos, también, a pesar de la proverbial mala fama que tenían, etc. Todo ello ha sido bien documentado por los estudiosos.

Pero mal uso hubiera hecho de esta aventura Cervantes si se contentara con una pintura costumbrista. Lo que llama la atención es cómo juega en espejo y profundiza la temática de la obra. En efecto: un loco literario (don Quijote) se encuentra con la representación literaria de un loco (el bojiganga o moharracho) en el mismo plano de realidad que, como sucede en la pantomima teatral, parodia su caída de Rocinante cayéndose a propósito del asno de Sancho.

Don Quijote lleva muchas jornadas jugando a representar la fantasía caballeresca en un mundo que no la comprende y lo hace de forma desinteresada y ahora se encuentra con un grupo de cómicos que representan otra fantasía literaria -la de la Danza de la Muerte en la forma alegórica del auto sacramental- pero para ganarse la vida divirtiendo. Ambos grupos -el primero don Quijote y Sancho, el segundo los actores de la compañía-, con evidentes señales de su origen carnavalesco y popular, van disfrazados por los caminos, aunque con destinos diferentes: se han cruzado apenas un momento, pero en ese cruce surge por contraste entre ambos grupos un impacto en don Quijote y también en la mente del lector: uno sale de este capítulo con cierta melancolía, provocada sin duda por la extraña sensación de aquel carro de la Muerte. La alegoría del auto sacramental se traslada directamente al Quijote y viene a ponernos sobre aviso de que esta salida primaveral no tendrá un final complaciente. Más aún después de que en el capítulo anterior don Quijote haya quedado perplejo y tan meditativo que suelta las riendas de Rocinante: todo es ya ficción y parece que la realidad sólo puede percibirse a través de la literatura.

Por otra parte, la aventura, que ha comenzado con Sancho intentando consolar a su amo de la aflicción provocada por su mentira, incide en lo que hemos visto en ella: don Quijote ya no construye una realidad fantástica. En efecto, los ojos del caballero no le engañan: ve un Demonio, la Muerte, un Emperador, etc., porque así van vestidos los comediantes -este juego de apariencias es muy barroco- pero no duda en creer su versión cuando se identifican, porque insiste en aceptar la explicación racional de las cosas. El mundo ya es, en sí mismo, apariencia de realidad (mejor, de perspectivas de realidad, porque son varias las posibles) sin necesidad de ser trasformado: es uno de los cambios sustanciales con respecto a la Primera parte.

La resolución, que parte de motivos ya presentados en la Primera parte, no puede ser otra: don Quijote no acomete a los comediantes por no ser caballeros y Sancho se ha prometido a sí mismo no volver a sufrir los golpes de otras veces. Además, la Muerte siempre vence. Y dicen que iguala.

Veremos por dónde nos lleva el capítulo XII el próximo jueves.

lunes 17 de agosto de 2009

Transformación de Dulcinea, retrato playero con Quijote y noticiass de nuestra lectura.

En esta lectura, hemos hablado, y mucho, de Dulcinea. Es curioso todo lo que puede llegar a interesar un personaje ausente. Dulcinea, inicialmente, era la construcción literaria necesaria para completar el personaje del caballero andante que fabrica el hidalgo manchego. Según lo que ha leído en sus libros, no puede haber caballero sin dama a la que ame a la manera del amor cortés.

En la Primera parte, cuando decide imitar a Amadís, don Alonso puede a su personaje y tiene un momento de debilidad al confesar a Sancho quién está detrás de Dulcinea: se trata de Aldonza Lorenza, moza de un pueblo vecino. ¿Esperanzas del viejo hidalgo? Esta caída hacia la realidad desmonta toda la construcción amorosa caballeresca de don Quijote y muestra su lado más humano y frágil a Sancho que éste usa para describirla tal y como debía ser Aldonza. Al pobre don Quijote le cuesta mucho transponer esa descripción al mundo ideal para poner las cosas en el sitio en el que creen deben estar.

Pero en la Segunda parte, mientras que Dulcinea es necesaria para la novela, Aldonza no. Y de ella se olvidan intencionadamente ambos personajes en un juego que despista al lector y que ha provocado páginas de los especialistas cuando la solución es más sencilla de lo que parece. Ambos necesitan olvidarse de la moza real porque ambos tienen cosas que ocultar: don Quijote no puede mostrar más ese lado humano porque significaría el final de su aventura -estaríamos ante otra novela, no la que quiso escribir Cervantes-; Sancho porque provocaría que su amo se enterara de la verdad, lo que también supondría el final de la aventura. Recordemos cómo protesta ante la posibilidad de que en el libro del que ha dado noticias Sansón Carrasco se contara la historia tal y como sucedió.

No. Cervantes ha decidido no profundizar en ese aspecto de Dulcinea porque quiere que su novela se prolongue hacia aspectos externos a la parodia caballeresca: no quiere que la narración se limite por ese lado, sino que se amplíe al contrastarla con la realidad de la España de principios del siglo XVII.

De ahí que El Toboso se convierta en un laberinto nocturno imposible de recorrer por ambos personajes: deben abandonarlo cuanto antes. Queda así El Toboso como una piedra de toque para lanzar hacia adelante el relato. Y Dulcinea encantada para el resto de la novela, porque ambos personajes tendrán muy en cuenta lo que ha pasado aquí en lo que queda. Y sufrirán las consecuencias.

El personaje de Dulcinea ha llamado la atención tanto, que ha provocado textos en los que se la hace aparecer con logros muy dispares, casi siempre malos. Sin embargo, os propongo la lectura de un breve texto de Azorín, que escribió mucho sobre Cervantes y que tiene un pequeño tesoro recorriendo la ruta del Quijote, y que no os decepcionará.


Retrato playero con Quijote

Desplazados al paraíso es un blog recomendable que respira la vitalidad de su autora, Pilar, quien participa en nuestra lectura desde el inicio, como recordaréis, puesto que es una de las más antiguas comentaristas de La Acequia. Ahora está de vacaciones y disfruta con la lectura del Quijote en la playa. Y desde allí, como muestra, nos envía esta imagen. ¡Gracias, Pilar!

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Noticias de nuestra lectura

Problemas con la conexión a Internet me han impedido completar la información de esta semana: prometo cumplir con los que quedan el próximo lunes. Os pido disculpas.

La afición al Quijote es tan peligrosa que incluso cuando se sale de viaje, no se puede uno despegar de ella: comprobadlo en el relato de Mosca cojonera, que se ha ido a Francia.

Abejita nos regala otra imagen de objeto quijotesco: se trata de un marcapáginas que necesita opinión, podéis darla en su entrada.

Kety sigue regalándonos muestras de su poesía y ahora hace viajar a don Quijote hasta Carcasona.

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jueves 13 de agosto de 2009

Yo nací para ejemplo de desdichados o Dulcinea encantada por Sancho (Cap. 2.10).


Este capítulo es uno de los más importantes para comprender la Segunda parte. En él se cruzan, definitivamente, las líneas de la evolución de nuestros personajes y se construye gran parte de la temática y del argumento de la continuación de la novela.

La sutileza técnica de Cervantes es tal que no provoca todos estos cambios como novedad, lo que iría en contra de la propuesta narrativa del Quijote: son elementos que crecen a partir de situaciones ya vistas en la Primera parte pero que allí pasaban un tanto desapercibidas porque la fuerza y novedad de la fantasía de don Quijote y su comportamiento extravagante era tal que los ocultaba ante los ojos del lector: quizá, por eso mismo, Cervantes, consciente de dónde quiere llevar la narración, les da preferencia ahora. De hecho, el fortalecimiento de esta evolución obliga a volver sobre la Primera parte y hallar cómo en ella ya se apuntaba lo que ahora vemos confirmado.

En efecto, en la Primera parte Sancho se había encontrado en una situación muy similar a la de este capítulo: hallar a Dulcinea para hacerle llegar un mensaje de don Quijote, mientras éste espera en actitud de caballero (allí imitando a Amadís, aquí sobre su caballo) y el relato de aquel falso encuentro presenta un esquema inverso al de ahora: allí era Sancho el que afeaba la descripción de Dulcinea, mientras don Quijote la idealizaba al estilo de los relatos caballerescos.

Situación similar, pero no igual. Aquí se oculta y desmiente, explícitamente, que don Quijote conoce a Aldonza Lorenzo, a partir de la cual se crea a Dulcinea, y el mismo Sancho parece ignorarlo. Ambos tienen sus motivos: el caballero porque ya no la necesita y sería contraria a su propia ficción, por lo que debemos tomar como debilidad humana la confesión de Sierra Morena; el escudero porque si se acordara de Aldonza, le sería sumamente fácil hallarla en el Toboso y exponerse a las burlas de la moza y las iras de los naturales, que tanto teme como conocedor de la forma de tratar a los forasteros en estas cuestiones en los pueblos españoles ( Y ¿paréceos que fuera acertado y bien hecho que si los del Toboso supiesen que estáis vos aquí con intención de ir a sonsacarles sus princesas y a desasosegarles sus damas, viniesen y os moliesen las costillas a puros palos, y no os dejasen hueso sano?).

Pero hay otro motivo mayor: el del mismo narrador, que no interviene para recordar lo dicho en la Primera parte, porque demorarse en identificar a Dulcinea llevaría la narración por unos lugares no queridos y la haría cerrarse sin que don Quijote completara su viaje. La narración no podría continuar con un don Quijote desairado por su amada. No interesa para la novela el encuentro en este momento; menos a la vuelta, porque, sencillamente, Dulcinea se ha convertido en una construcción mental, necesaria para completar la figura del caballero andante pero sin ninguna vinculación con su realidad previa. La entrada en el Toboso y este capítulo es lo que nos dicen: Dulcinea debe seguir como personaje ausente de esta novela. Hacerla aparecer haría que el Quijote fuera otra novela bien diferente y con menos horizonte, pues no saldría de la parodia de la literatura fantástica y del paisaje manchego mientas que por donde se conduce ahora la historia es más lejos. Veremos, el próximo lunes, la importancia de este personaje ausente.

La evolución de Sancho se certifica en el divertido monólogo en el que se desdobla, técnica heredada de la poesía popular y del teatro de la época. En el fingido diálogo, Sancho avanza hacia la formulación de su engaño: hará pasar a cualquier labradora por Dulcinea. En estas palabras vemos su cobardía (teme enfrentarse a la verdad y a los naturales del Toboso), su inteligencia para sobrevivir construyendo una mentira sobre otra mentira (el encantamiento de Dulcinea sobre la mentira de la carta entregada) y su convencimiento de que puede dominar a don Quijote. Sancho ha adquirido el suficiente conocimiento del mundo caballeresco de su amo como para intentar usarlo a su favor.

Se equivoca Sancho al actuar como un receptor convencional de literatura caballeresca tradicional enfrentado al Quijote -sutil lección narratológica de Cervantes-, porque igual que él ha evolucionado, también lo ha hecho su amo. Este error le traerá consecuencias no esperadas.

Por supuesto que don Quijote ya no es el mismo que el del inicio de la Primera parte. Por un lado, está más fatigado física y mentalmente y ha salido al mundo, en esta ocasión, más a contemplarlo con los ojos de su fantasía que a cambiarlo: su acción ahora es más psicológica y ve el mundo real para comprobar el desnivel que hay con el soñado. Don Quijote ya no ve cosas extraordinarias, sino sólo a tres labradoras sobre tres borricas. La insistencia de Sancho, unida a su condición de personaje -aun es don Quijote, no don Alonso- le hacen reinterpretar el mundo como antes lo hacía cuando Sancho insistía en ver molinos, ventas o rebaños donde él veía gigantes, castillos o ejércitos. Es decir, debe echar mano de los argumentos que antes usaba para convencer a otros para convencerse a sí mismo. Pero es curioso cómo en este capítulo no se explica lo que ha pasado porque Dulcinea esté encantada, sino porque son sus sentidos los que lo están: es don Quijote el encantado, no Dulcinea. Como todos los demás (Sancho) pueden ver a Dulcinea y él no, no puede más que concluir que es el más desdichado de todos los hombres. Después hablará de una Dulcinea encantada: poco a poco saldrá de su perplejidad y será consciente de que ha sido su compañero de aventuras el encantador.

Como esta cuestión del encantamiento de Dulcinea reaparecerá a lo largo de la Segunda parte, veremos cómo irá cobrando nuevos matices, en algunos de los cuales llegaremos a comprobar que don Quijote se ha dado cuenta del engaño, pero no ha podido más que mantener la ficción caballeresca por el bien de su aventura y quizá por la perplejidad de ver cómo a su alrededor suceden cosas -o así lo afirman los otros- que antes sólo pasaban en su mente. Una complejidad psicológica del personaje que lo engrandece como creación literaria y que provoca la dificultad de su análisis simplista. Ha sucedido algo inevitable que ya vimos apuntado desde que en Sierra Morena se le presentara la princesa Micomicona: ahora son los demás los que construyen la fantasía a don Quijote porque éste ve casi siempre la realidad.

El pasaje en el que nuestros protagonistas se encuentran con las tres aldeanas es uno de los más divertidos y complejos de la novela. En él se cruzan tres perspectivas diferentes (las aldeanas, caracterizadas con recursos que provienen de la presentación tópica del rústico en la literatura incluso con la utilización de un lenguaje artificial como el sayagués y que se creen burladas por dos señoritos y reaccionan ofendidas como si fueran conscientes de la tradición poética de las serranillas -está todo tan sutilmente tejido de literatura sobre literatura que hasta estas mujeres lo saben-; Sancho, que juega como intermediario entre la realidad y la construcción caballeresca a la manera en la que lo hacía su amo en la Primera parte, pero que no deja de reírse de la situación como si fuera también un observador externo; don Quijote, perplejo, entre lo que ve y lo que le dicen que sucede, comprometido entre la realidad y su construcción fantástica que le otorga el carácter como caballero, lo que le deja sin reacción inmediata posible), pero también un juego de lo real y fantástico que continúa la Primera parte pero dándole matices nuevos y un sutil entramado de intertextualidad -con otros textos, con el mismo Quijote- del que no hace falta ser totalmente consciente para disfrutarlo. Ésta es otra habilidad técnica de Cervantes: proponer varios niveles en los que pueda tener éxito el texto, sin necesidad de conocer hasta el mínimo detalle del proceso de escritura.

Todo ello tendrá una enorme influencia en lo que sigue, como veremos en el capítulo XI, el próximo jueves.

lunes 10 de agosto de 2009

Sobre las frases apócrifas del Quijote y la iglesia de El Toboso, con imagen cedida por Kety y noticias de nuestra lectura


Todas las obras clásicas generan frases y episodios apócrifos y que han tenido fortuna a pesar de lo fácil que puede ser comprobar si están o no en el texto al que se adjudican. Así, durante mucho tiempo, se puso a prueba a los que presumían de haber leído el Ullysses de James Joyce citándoles episodios que no estaban en la novela. Como ahora nadie la lee, todo parece apócrifo en ella.

También sucede con frases célebres. Hay tres que siempre me han llamado la atención. Una se dice del Don Juan Tenorio de Zorrilla, pero que no está en la obra: Los muertos que vos matáis gozan de buena salud (que parece provenir de una traducción de la obra de Corneille Le menteur, traducción a su vez de La verdad sospechosa de Alarcón, en la que tampoco se encuentra). Nunca he entendido que se adjudique a uno de los textos más representados del teatro español y que tanta gente sabía de memoria.

Otras dos frases se atribuyen al Quijote aunque no están en él: Ladran, luego cabalgamos y la que se construye a partir de la situación del capítulo de la semana, Con la iglesia hemos topado. Ésta es una variante que deforma la que sí pronuncia don Quijote: Con la iglesia hemos dado, Sancho. Junto a la popularidad de la frase corre su interpretación: del edificio de la iglesia con el que se encuentran don Quijote y Sancho en su vagar por El Toboso se pasa a la Iglesia como institución. Ya no es, por lo tanto, que nuestros protagonistas, buscando el palacio de Dulcinea hallen la iglesia del pueblo, sino que la Iglesia les sale al paso y les corta el camino.

A pesar de que la referencia literal de la frase es precisamente al edificio que, como en casi todos los pueblos de España, sirve -por su situación o por su importancia y tamaño- para orientarse en el mapa urbano de la localidad, cabe ir un poco más allá en la intención cervantina, pero quizá no tanto como la interpretación esotérica del Quijote pretendió en el siglo XIX y parte del XX.

Para ello, basta contextualizar la frase: en el capítulo anterior hemos comentado una alusión irónica a las reliquias de los santos que debe interpretarse en clave erasmista. Se trataba, como recordamos, del debate planteado por Sancho sobre si es mejor el camino de la santidad que el caballeresco. Ahora, un poco antes de topar con la iglesia, Sancho afirma, como Santo Tomás, que no creerá hasta que no toque con las manos, cuando don Quijote identifica un bulto grande -que será la iglesia- con el palacio de la dama. Como junto a las iglesias se encontraban los cementerios, en boca de Sancho se pone un nuevo giro al significado del hallazgo:

-Hallemos primero una por una el alcázar -replicó don Quijote-, que entonces yo te diré, Sancho, lo que será bien que hagamos. Y advierte, Sancho, que yo veo poco, [o] que aquel bulto grande y sombra que desde aquí se descubre la debe de hacer el palacio de Dulcinea.

-Pues guíe vuestra merced -respondió Sancho-: quizá será así; aunque yo lo veré con los ojos y lo tocaré con las manos, y así lo creeré yo como creer que es ahora de día.

Guió don Quijote, y, habiendo andado como docientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo:

-Con la iglesia hemos dado, Sancho.

-Ya lo veo -respondió Sancho-; y plega a Dios que no demos con nuestra sepultura, que no es buena señal andar por los cimenterios a tales horas, y más, habiendo yo dicho a vuestra merced, si mal no [me] acuerdo, que la casa desta señora ha de estar en una callejuela sin salida.

Ir, casi a tientas, por el palacio de una dama que no existe y encontrar el edificio de la iglesia es suficiente juego irónico. que provocaría la sonrisa inteligente de cualquier lector atento de principios del siglo XVII. La explicación no es tan fácil como los que leen siempre a Cervantes desde la ortodoxia y pretenden que el pasaje no quiere decir nada ni tan complicada como los que ven en su figura un nuevo Cristo e interpretan aquí cómo la Iglesia impide la consecución de todo logro de una verdadera religión. Cervantes no podía llegar a esa intención porque, entre otras cosas, es una construcción ideológica posterior a él: corresponde a quienes así le leen en el siglo XIX. Siempre me han extrañado estas dos tendencias lectoras que nacen coetáneas la una de la otra: ni el Quijote es un texto inocente de mera diversión ni una clave secreta de todos los conocimientos.

Como Cervantes nunca se queda con un sólo hilo del ovillo, da un paso más en el que, sin decir nada más que lo que sucede constata una realidad social: el control que la Iglesia tiene como institución de toda la vida social de la España del momento. Acabamos de ver que el centro del laberinto de El Toboso es la iglesia del pueblo, que sirve como lugar en el que orientarse. En la respuesta que les da el labrador con el que se encuentran, percibimos que esa centralidad está instalada en un ámbito de mayor eficacia, porque ya no es sólo un edificio, sino el control del censo y la calidad de los habitantes:

en esa casa frontera viven el cura y el sacristán del lugar; entrambos, o cualquier dellos, sabrá dar a vuestra merced razón desa señora princesa, porque tienen la lista de todos los vecinos del Toboso

Este control se hacía, en especial, a través de los libros de bautismo y defunciones, regulados definitivamente en tiempos bien cercanos a Cervantes, por lo que era un tema de actualidad. En ellos, además de la fecha de bautismo, figuraban datos tan valiosos al historiador actual como a las autoridades religiosas de entonces y que, sin duda, sirvieron tanto como forma administrativa del censo parroquial como una forma de constatar la pertenencia ortodoxa a una institución aliada del poder político y que se confundía con él. Los que tienen cierta edad recordarán cómo hasta hace unas décadas, en España, aun era muy importante que el párroco extendiera un certificado de buena conducta, así que podemos imaginar lo que suponían estos registros en tiempos de Cervantes.


La iglesia de El Toboso, gracias a Kety

Kety nos ilustró hace unos días con un reportaje gráfico sobre El Toboso. De aquella entrada suya, con su permiso, traigo aquí la la foto de la iglesia mencionada por Cervantes, para que nos sirva de hilo y podamos salir con bien del laberinto. ¡Gracias Kety!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

El Sanchico duda de que don Alonso tenga novia en El Toboso, como nos lo cuenta Ele Bergón gracias a la Abejita, pero aprovecha que su padre piensa hacer fortuna para pedirle Internet en casa. Eso sí: no pierde oportunidad mientras mira las estrellas veraniegas... Después, Abejita comenta el capítulo con unas oportunas fotos para ponernos en situación nocturna. En su entrada señala, con buena perspectiva, la contradicción entre lo dicho en este capítulo por don Quijote sobre si había visto o no a Dulcinea y lo que había dicho en la Primera parte.

Jan Puerta escribe una excelente entrada con los dos motivos del capítulo: la mentira de Sancho y la iglesia encontrada... No os perdáis el cobre chileno de su amigo y la noticia de la Vanguardia que publica como imágenes.

Manuel Tuccitano hace un excelente resumen de la aventura nocturna de nuestros protagonistas, con el acertado recuerdo infantil del miedo que provocan los ladridos de los perros por la noche. Y lanza el primer mordisco a la frasecilla que comentamos al inicio de la entrada. No os perdáis las imágenes, sobre todo la ilustración de su hija Inés: un alado viaje.

Pancho comenta el capítulo en un tono zumbón e irónico que me gusta mucho y os recomiendo. Y no os perdáis las ilustraciones, que ha tenido que buscarlas y adaptan el Quijote a nuestro tiempo...

Antonio Aguilera comenta el capítulo en un ir y venir de Federico García Lorca a Cervantes. No se le escapa esta guerra entre don Quijote y Sancho, a ver quién pilla al otro en la mentira. Y Ojito busca a Dulcinea, ya veo que la busca...
Juan Luis publica un poema escrito por Kety Morales -¡cuánto hemos de agradecerle en esta entrada de hoy!- en el que vemos a don Quijote y Sancho por tierras extremeñas: no podéis perdéroslo.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

jueves 6 de agosto de 2009

El Toboso, de noche (Cap. 2.9).


En contra de todas las normas y del sentido común, don Quijote y Sancho entran en el Toboso a media noche, cuando todos los vecinos duermen y sólo los perros guardan las calles. Cervantes ha preparado muy bien esta entrada nocturna, haciéndolos dar vueltas por los alrededores dos días. No quería que sus protagonistas lo hicieran a la luz del día: constatar que Sancho lo ha engañado en materia tan grave hubiera supuesto el final de la aventura; entrar de día provocaría la algarabía y la burla de los vecinos, que conocerían a un hidalgo del pueblo de al lado y lo verían extravagante; no podían correr el riesgo de encontrarse tan pronto con alguien que los reconociera por el libro.

Por último, hacerlos entrar de noche en el Toboso provoca una huella imborrable en el lector: el ambiente está tan bien retratado que los vemos dar vueltas por las calles de la localidad, solitarias y nocturnas, mientras hablan de palacios y aldeanas.

Este ambiente tan preparado por Cervantes ha dado lugar a mil interpretaciones, incluso las más peregrinas, sobre la intención oculta del pasaje (sobre todo a partir de la ironía cervantina sobre la posición estratégica de la iglesia en el plano del pueblo -Con la iglesia hemos dado, Sancho- que puede esconder un cierre burlesco a lo que hemos visto en el capítulo anterior en el que el escudero parecía preferir la vida de santidad a la caballeresca, que se remata en éste con la intencionada alusión al pasaje bíblico en el que Santo Tomás necesita tocar el cuerpo de Cristo para reconocerlo y creer en su resurrección y al hecho de que quien sepa todo lo relativo a los habitantes sean el cura y el sacristán: hablaremos de esta frase y estas cuestiones el lunes) que, para mí, tiene como principal función la que le otorga su posición en la narración como bisagra para que Sancho se vea tan apretado en su mentira que fabrique una historia que se prolongará durante toda la Segunda parte y que desvela cómo ha crecido su personaje y cuán fatigado está ya su amo. No caerá Sancho, sin duda, en la mentira piadosa sino en la egoísta: lejos de la vida de santo que pretendía pero quizá cerca de la falsedad que provoca la mercadería de la santidad.

En medio de esa noche, aparece un joven forastero que, antes del amanecer, marcha a trabajar las tierras de un labrador rico de la localidad. Es una breve aparición, pero inteligentemente pintada: cuadro costumbrista y social. Canta un romance, no es del pueblo y trabaja para otro: veremos pocos personajes del Quijote trabajando en el sector primario, a pesar de tanto salir al campo.

Todo -la desorientación en una localidad que parece cobrar aires de laberinto; la posibilidad de que les encuentren al amanecer merodeando las calles como maleantes- ayuda para que Sancho convenza a su amo de ser prudente y salir del pueblo. Veremos si encuentran o no a Dulcinea en el capítulo X, el próximo jueves.

lunes 3 de agosto de 2009

Los matices de Sancho, un regalo de Silvia y noticias de nuestro Quijote

Una de las novedades en la Segunda parte es, sin duda alguna, la profundización en la caracterización de los personajes. De todos: protagonistas y secundarios. La mirada de Cervantes se ha hecho mucho más certera de lo que ya era y usa los más pequeños matices (lingüísticos, gestuales, etc.) para caracterizar a los personajes de una forma mucho más compleja y psicológica que en la Primera parte. Usa, además, un tipo de caracterización en la que el narrador parece no intervenir, puesto que deja que sean los mismos personajes los que, con sus palabras, con sus acciones, nos trasmitan la información necesaria. Ya se hacía en la Primera parte, pero en ésta alcanza una maestría técnica que asombra.

Así, por ejemplo, lo que hemos visto con Sancho desde que apareció en el segundo capítulo: ingenuo y malicioso, cariñoso y con ambiciones, etc., hasta el punto de que el mismo narrador lo desconozca y crea algún pasaje como apócrifo. Se nos ha enriquecido tanto este labrador, que se ha pasado tan decididamente al sector terciario, que maravilla cómo ha meditado Cervantes en su personaje hasta el punto de ampliarlo desde dentro. Recordemos, por ejemplo, cómo parece mandar en Teresa, su mujer, de acuerdo a las convenciones culturales del momento pero ya hemos visto que la relación tiene matices diferentes a los que el mismo Sancho proclama. También que por la mezcla de ambición propia y exigencia de su mujer está a punto de malograr su salida con don Quijote.

En el camino al Toboso observamos cómo crece su caracterización a través de sus mismas palabras, sin esconder sus defectos (algo malicioso y con asomos de bellaco, se califica) que él piensa que pueden ser tapados por su simpleza. Tal conocimiento de sí mismo le hacen más complejo de lo que él mismo afirma: no es tan simple la persona que así se conoce, como veremos.

De la misma manera, afirma con rotundidad ser un buen católico: por ello, es enemigo de los judíos y cree en el efecto de todo tipo de reliquias. Sin embargo, como veremos, nada le impide compartir comida con quien no debería hacerlo, en aras de la amistad.

Construye Cervantes personajes con matices que los hacen humanos, intentando alejarse de maniqueísmos que encajarían mal en la propuesta narrativa que se lleva entre manos. No es tan simple Sancho como afirma, aunque su participación en la fantasía de su amo y su fidelidad a él -no sin altibajos- provocan que el lector no lo rechace, a pesar de que no sé yo si lo quisiera como vecino.

Un regalo de Silvia


Silvia, que ya ha colaborado activamente en esta lectura con aportaciones desde Argentina de gran interés, como recordaréis, me remite ahora este regalo: qué maravilla. Cuántas cosas buenas genera esta locura nuestra. ¡Mil gracias, Silvia!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Kety descubre Quijotes hasta en Berlín: no os perdáis la anécdota. Después, no ha podido contenerse: ha ido a su pueblo natal, el Toboso (¡nació en la Calle de Dulcinea!) y nos trae un hermoso reportaje gráfico para nuestra lectura que bien puede servir de homenaje a ese pueblo-ciudad. ¡Mil gracias, Kety!

Abejita publica en envío de Ele Bergón con las últimas noticias del Sanchico, que entre baño y baño, nos cuenta cómo no hay forma de parar a don Alonso cuando se sale por el mundo. Después, Abejita inicia el comentario del capítulo semanal indicando todas las incidencias de forma oportuna, en especial la trama técnica del capítulo: y con unas fotos que nos recuerdan la mentira de Sancho... Lo finaliza con la meditación sobre la fama que centra el capítulo.

Pancho incide en el juego espacio-temporal del capítulo de esta semana y estudia, sobre todo, las alusiones religiosas que contiene el diálogo de caballero y escudero: cuánta prudencia debió usar Cervantes. No os perdáis la nueva entrega de grabados quijotescos.

Manuel Tuccitano comenta con todo acierto el tratamiento de la fama en el capítulo de la semana. Y lo ilustra con una foto graciosa, que os invito a no perderos, y una nueva entrega de grabado.

Jan Puerta se fija, en especial, en dos elementos: la importancia del diálogo y la seguridad de don Quijote. Y qué foto la suya de esta entrada: don Quijote y Sancho modernos, sin duda. Qué retrato de pareja. Y para que se vea cómo retrata carácter y no sólo rostros, véase el alma de este Rocinante, esperando la tercera salida, sin duda.

Antonio Aguilera, a pesar del calor, da con las claves del capítulo, incluida la equina. Y no dejéis de ver la foto de Óscar para conocer a Dulcinea.

Alatriste ha escrito una magnífica entrada que no os podéis perder. Por una parte, ayuda a identificar la venta en la que suceden gran parte de los acontecimientos de la Primera parte del Quijote, por otra favorece la denuncia de una situación incomprensible en la España actual y que merece ser difundida para evitarla.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.