sábado, 17 de octubre de 2009

Ágora o una salida de la Postmodernidad (IV)


Ágora selecciona y trata el material histórico de acuerdo con una propuesta de interpretación del mundo presente basada en la lucha entre ilustración y fanatismo. Cualquier fanatismo religioso -cristiano, pagano, judío, etc.- destruye la convivencia pacífica y anula toda posibilidad de reflexionar sosegadamente sobre cualquier aspecto, desde la gobernación política de un estado hasta la vida familiar.

Además, Ágora propone, como tema esencial, que las creencias religiosas, cuando se instalan en el poder político o lo combaten, corrompen la política y dificultan toda posible convivencia, en un mismo espacio, entre gente de culturas, etnias y religiones diferentes.

Muchos han visto -incluida la misma publicidad de la película- que Ágora es un enfrentamiento entre ciencia y religión. Esto sólo es la epidermis: la dedicación de Hypatia a la astronomía sólo es una objetivación del tema central y una parte de la caracterización del personaje. Incluso cuando los humanistas del renacimiento e ilustrados del siglo XVIII idealizan a Hypatia, su mito defiende, precisamente, el camino de la separación ente la Iglesia -cualquier Iglesia- y el Poder político. Para mí, Ágora defiende el alejamiento del Gobierno de las creencias religiosas como tema que vertebra todos los otros aspectos de la película.

Por eso, Hypatia es descargada en la propuesta de Amenábar del sentido que la filosofía neoplatónica tenía en su momento para aproximar al personaje a una defensa actual de la ciencia como pensadora y de la convivencia entre todos como iguales a pesar de las diferencias aparentes como educadora.

De ahí la necesaria presencia del personaje del esclavo, Davo, que señala algunas de las contradicciones internas de Hypatia, que pertenece a un mundo en declive que aun conserva la esclavitud mientras reflexiona sobre la perfección del ser humano a través de la filosofía neoplatónica o sobre la equivalencia entre iguales. Davo es la clave de comprensión de este aspecto: igual que Orestes, se enamora de Hypatia y el amor lo perfecciona en un momento para dedicarlo a la ciencia o ofrecerse a ser castigado cuando no es el culpable, tanto como el desamor lo empuja hacia la violencia, a la que se entrega en parte como venganza al ser rechazado y en parte como una forma de olvidarse de sí mismo. Davo, como esclavo, aspira a algo que le está vedado socialmente: por eso abraza el cristianismo, que le ofrece la igualdad entre los seres humanos como creación de Dios (motivo marcado cuando reparte entre los pobres la comida que estaba reservada para su amos). Por eso participa de forma tan activa en el final de Hypatia. Davo es el elemento argumental necesario para indicar una debilidad en el personaje de Hypatia y hacerla menos perfecta de lo que parece, con lo que se produce un efecto de distanciamiento que es clave para entender la estética de la película, como veremos.

Lo mismo sucede con la entrega de Hypatia a la ciencia y la renuncia al amor pasional. Al descargar estos motivos del sentido filosófico inicial, queda, por una parte, una lectura moderna del personaje de Hypatia en clave de género: para ser científica y libre, una mujer tiene que sacrificar su sexualidad (como vemos, sobre todo, en las escenas relacionadas con la declaración amorosa de Orestes y la entrega del paño manchado con la sangre del período y en un diálogo en el que su padre habla de que el matrimonio significaría el final de la dedicación intelectual de Hypatia). De ahí la frialdad en el tratamiento del amor que han señalado algunos críticos y que no es, precisamente, una debilidad de la película, sino una fortaleza (que nos puede gustar más o menos): estaba requerida dentro de la propuesta inicial de Amenábar. Por eso, el espectador siente una ambigüedad a la hora de acercarse a este personaje: por una parte percibe la frialdad en la forma de expresar sus emociones (el espectador actual está demasiado acostumbrado a que el amor se trate de forma romántica y se sorprende y desorienta ante otras fórmulas de expresión, como cuando acude a la representación de una tragedia clásica) pero no puede dejar de sentirse atraído por esta mujer que se ha entregado a la ciencia libremente y que sólo muestra pasión por el conocimento. A ello contribuye también que Amenábar opta por hacer que la etapa final de Hypatia corresponda a una mujer de unos cuarenta años, entre las dos posibles. Y, por supuesto, que apueste por una actriz de una indudable belleza física, lo que inscribe esta Hypatia en el proceso de embellecimiento en el que participó también el pintor Rafael.

No hay nada inverosímil en el desarrollo de todo esto en Ágora. Como no lo hay en el planteamiento de la historia de Alejandría de aquella época. Es curioso cómo muchos que han criticado este aspecto de la película parecen no haberla visto o haberla visto demasiado condicionados por la publicidad -positiva o negativa- o los prejuicios.

Hypatia no condena sólo a los fanáticos cristianos: también lo hace con los paganos (cuya civilización, por otra parte, está en franca decadencia) y con los judíos. Incluso con la perspectivca escéptica de Orestes, incapaz de tomar decisiones correctas y libres. No son opciones válidas ni los que mantienen una estructura social basada en normas superadas, ni los estudiantes paganos que acuden a matar cristianos a la menor provocación, ni los fanáticos cristianos que no sólo quieren manifestar públicamente su credo sino tomar el poder y eliminar -incluso físicamente- a todo aquel que no piense como ellos, ni los judíos que extreman la venganza. Por esos mismos criterios está muy sutilmente manifestada en la película la crítica al escepticismo de Orestes -convertido al cristianismo por interés- y la falsa moderación de Sinesio -quizá el personaje más hipócrita de todos.

En la muerte de Hypatia en Ágora no sólo está marcado el aspecto religioso: también y, sobre todo, el político. Lo que sucede es que ambos están mezclados. Por varias razones: porque estaban mezclados en aquella Alejandría y porque Amenábar quiere marcar el peligro real de nuestro tiempo, en el que el fanatismo de las creencias comienza a evidenciarse en la toma de decisiones políticas.

De esta manera, el ágora, que debería ser un lugar de encuentro y consenso, se ve convertido en un espacio de violencia, fanatismo y destrucción del otro.

Veremos mañana algunos aspectos técnicos de la película.

20 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

He seguido con interés todas tus entradas sobre Ágora, pero sin embargo no deje comentario alguno (solo en la primera creo), pero es que no había visto la película...estoy de acuerdo contigo en todo lo que escribes. Ciertamente se puede ver al interpretación de la película desde muy diferentes aspectos...incluso desde la frialdad hacia el amor de la protagonista, mas enamorada de sus estudios que de cualquier persona (habrá quien vea ahí la ambigüedad o no del Director), en eso no voy a entrar.

Para mi que no solo Amenábar ha intentado dar una visión de la Alejandría de la época y de la vida de la astróloga- científica Hipatia, que sin duda se habrá documentado a base de bien - yo apenas encontré alguna semblanza-; Amenábar retrata en su película o compara aquella época con lo que vivimos hoy día a nivel mundial y en especial en España: la pugna Iglesia-Estado; Ciencia-religión; el peligro de los fanatismos religiosos y/ o políticos; la lucha razón-religión...podría seguir, pero convertiría este comentario en un auténtico post...

Espero con ahínco tu entrada sobre los aspectos técnicos.

Para mí que es una gran película, como todas las de Amenábar...saludos

Selma dijo...

Por haberla visto,te sigo con más pasión aún , vuelvo a vivirla...me callo.. y voy guardando..
GRACIAS, Pedro, un beso y hasta mañana...

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Se me quedó aqui, me imagino que la conocerás, si no...es digno de dedicarlo su tiempo.

http://www.agoralapelicula.com/

oliver sotos gonzález dijo...

Yo que creía que iba a ser esta la última parte, y mira por dónde nos vas a regalar una entrega más.

A mí me gustó mucho, me encantó, cuando la vi la semana pasada. Leyéndote me he enamorado de la película por completo.

También quiero agradecerte todas tus aportaciones a (casi todos) los aspectos que desconocía alrededor de la misma. Vaya un pedazo de reseña.

Sobre las críticas a la misma: malo es cuando todos piensan igual. Así que siempre es enriquecedor y fortalecedor que hayan opiniones dispares.

Un saludo, y ya estoy esperando los aspectos técnicos del film.

oliver sotos gonzález dijo...

Sobre el penúltimo párrafo, cuando hablo de críticas a la misma me refiero críticas a la película, no a la reseña. Supongo que se entiende, aunque yo no cuando la he vuelto a leer.

De nuevo un saludo.

Señor De la Vega dijo...

Señor Ojeda, su película estupenda, excelente guión, personajes y mensaje.
Ya le contaré lo que me parece la película de Amenábar el día que la vea.
Suyo, Z+-----

Aldabra dijo...

ESta tarde he visto la película y ahora vuelvo a tus entradas.

Estoy totalmente de acuerdo con lo que expresas, sobre todo en lo que cuentas acerca de la frialdad de Hypatia, a la que tú le dices fortaleza. También lo pienso así.

La pasión no sólo tiene que demostrarse en el amor e Hypatia es una mujer muy apasionada con la filosofía, su vida.

Sus contradicciones con respecto a la exclavitud, por ejemplo, la hacen más humana y la acercan más a cualquier otro mortal común.

Lo que nos muestra la película es una imagen totalmente real de las guerras actuales.

A mí realmente me ha emocionado profundamente.

biquiños y gracias por estas entradas tan clarificadoras.

Marina dijo...

Hola Pedro. No he visto la peli, mi marido y mis hijas aprovecharon que yo estaba en poca disposición de visitar cines y fueron ellos tres, yo la veré en mi ordenador... ya, sé que no debo porque me perderé todo de todo. Jamás lo hago, me apasiona el cine y debe ser en las salas de cine, pero ahora mismo es eso o nada.
Cuando la vea, leeré todo lo que has escrito y te comento.

Un bso

Silvi (reikijai) dijo...

La estrella alejandrina murió, pero su luz aún es visible. La esencia de Hypatia pervive a través de sus descendentes espirituales. La vida de acuerdo con el intelecto es el fin del hombre: en pos de ella vayamos, pidiéndole a Dios una sabiduría divina y reuniendo nosotros mismos, dentro de lo posible, la sabiduría de todas partes. Sinesio de Cirene, carta a Herculiano. Que tengas un lindo domingo.Besitos.
Silvi.

Merche Pallarés dijo...

Te superas en cada entrada sobre este tema. Amenábar ¡te debería pagar por la publicidad que le estás haciendo! Besotes, M.

Francisco O. Campillo dijo...

Sé que es un tema menor, pero creo que en LA ACEQUÍA es adecuada la pregunta:

¿Por qué escribís "Hypatia" y no "Hipatia"? En mi opinión, la segunda opción es más correcta en español.

Amenábar confiesa que conoció al personaje a través de la serie "Cosmos", a mi me ocurrió lo mismo. Así que he consultado el libro de Carl Sagan -yo tengo la edición de 1987- y allí, se la cita en varias ocasiones como "Hipatia".

sedemiuqse dijo...

Para mí esto que has narrado es la esencia, es lo que sentí al ver la película "El Peligro del Fanatismo, de las Razones".

En la muerte de Hypatia en Ágora no sólo está marcado el aspecto religioso: también y, sobre todo, el político. Lo que sucede es que ambos están mezclados. Por varias razones: porque estaban mezclados en aquella Alejandría y porque Amenábar quiere marcar el peligro real de nuestro tiempo, en el que el fanatismo de las creencias comienza a evidenciarse en la toma de decisiones políticas.

De esta manera, el ágora, que debería ser un lugar de encuentro y consenso, se ve convertido en un espacio de violencia, fanatismo y destrucción del otro.

Besos y amor
je

Kety dijo...

Apasionante tema, habrá que ver la película.

Un abrazo

Antonio Aguilera dijo...

La gripe y otros asuntos "colaterales", no me dejaron ver aùn la pelìcula.
Pero sì que he imprimido cada entrega tuya y la disecciono (o intento enterarme de todo) en casa, pañuelo en una mano y folios en la otra.

Extraordinario despliegue de sabiduría el que nos ofreces.
Para publicar como un ensayo en toda regla, si está por ahí el editor que vaya ya...

Ya te dije en el post de marras, sobre mi imposibilidad esta semana con El Quijote. Espero reincorporarme pronto...

Feliz Domingo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Querido Francisco: Hypatia es una fórmula culta del nombre y aceptable. En español, en efecto, puede escribirse Hipatia sin ningún problema. Además, Amenábar, en la ficha técnica, opta por "Hipatia". Recojo tu sugerencia y cambiaré el nombre por Hipatia por esta última razón: al hablar de la película debo aceptar el nombre del personaje. Gracias por tu atención constante hacia el idioma.
Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

FRAN, qué tiquismiquis eres... Vale, de ahora en adelante, Hipatia aunque es verdad lo que dice nuestro profe que es admirable tu atención al idioma... Besotes Hipatianos, o sea, castos y puros, M.

EL Pinto dijo...

Gracias amigo por pasar por mi blog.
Desde diferentes planteamientos, creo que coincidimos en el fondo social de la historia.
Creo que merece la pena seguir tus comentarios, por lo que seguiremos en contacto
Un fuerte abrazo

Cornelivs dijo...

Un abrazo, amigo Pedro, y feliz tarde de domingo.

pancho dijo...

Ágora es una parábola de la dirección que toman las cosas cuando los fanatismos, integrismos, y visiones intolerantes, excluyentes y uniformadoras que provienen de la incultura se asientan en unos dirigentes interesados, que arrastran a la población apelando a sus creencias. Desgraciadamente, de esto sabemos en este país bastante.

Uno siento un poco de orgullo de que el guión haya salido de mentes pensantes de tu propio país. Parece impensable que con el maltrato que se le da a la cultura desde muchos ámbitos, pueda surgir algo de esta calidad y profundidad. Además, parece un film americano por la espectacularidad de muchos momentos.

En definitiva, un peliculón más a añadir a la lista de su director. La música: grandiosa, a la altura del film.

Silvia_D dijo...

Andaba por aquí...

Besos de película ;)