miércoles, 18 de febrero de 2009

Fernando Portillo y la sensación de estar en casa


Hace unos días, comí con Fernando Portillo, al que tenía ganas de conocer personalmente. Tuvo la amabilidad de invitarme a un excelente cocido casero, de esos que hay que comer con pausa y orden y la conversación necesaria en una larga sobremesa: sopa, garbanzos y carne (un codillo que, por sí solo, bastaría para llenar una comida) y un buen café.

Fernando, memorialista, escritor, hombre dedicado a la música (el jazz, en Burgos, le debe mucho), el mundo de la comunicación y la literatura, que ha colaborado en su larga trayectoria profesional en varios periódicos y ahora lo hace en La Palabra, es un gran conversador, de esos en los que cualquier diálogo se convierte en verdadero intercambio de ideas y emociones y no una confrontación de monólogos.

Hablamos de blogs, de prensa, de cuestiones locales y de fuera, de literatura, de conocidos y desconocidos, del pasado y el presente. Y de proyectos. Fueron horas en las que yo me sentí muy a gusto, como si estuviera en casa, en esa casa que nunca he tenido de verdad después de que salí de la de mis padres: Fernando y su familia me acogieron con la naturalidad y el cariño de los que abrazan a alguien como si lo conocieran de siempre. Y lo hicieron en la casa en la que nació el mismo Fernando, puesto que antes uno nacía en el hogar y tenía más cerca sus raíces.

Desde hace muchos años, mi vida es una suma de quilómetros y paisajes, de habitaciones en diferentes ciudades, de mudanzas en las que los libros aguardan su destino en cajas. Se me ha ido royendo el tiempo, pero no el ánimo. No lo llevo mal porque me echo al viaje, a la manera del vilano, como quien sabe que es parte de su vida. Pero cuando se encuentra un hogar como el de Fernando, uno tiene la tentación de quedarse en él y que lo adopten.

36 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

desde luego te encontraste bien...tus palabras lo dicen todo y más.

Pd: oye que tal el chocolate con menta...???

Anónimo dijo...

Sólo viendo el paisaje de mi Castilla de la fotografía ya disfruto, en mi vida he hecho muchas mudanzas en los lugares anteriores dejaba, amigos, amores paisajes,calles mucho mar y llegaba al siguiente lugar lleno de ilusiones, y volver a empezar nuevos amigos, etc.Pero siempre he encontrado el lado positivo del muevo lugar y aunque se me van lo ojos cuando veo esos paisajes castellanos, también he hecho míos los del lugar que estaba. Siempre lo digo si volviera a nacer cambiaría pocas cosas de mi vida. Las mudanzas enriquecen. Y creo que a tí aunque nos muestres un lado un pelin infeliz también te han enriquecido las mudanzas, vamos como el Avecren.

Hernando dijo...

El Anónimo soy yo , el pesado de Hernando, ahora mismo miro lo que pasa.

Antón de Muros dijo...

Celebro desde la distancia ese encuentro que has tenido.

Yo también quisiera conocer en persona a algunos amigos con los que comparto el mundo de los blogs, pero parece que la ocasión se dilata...

Un abrazo.

Antón.

Cornelivs dijo...

Me alegro enormemente de que hayas tenido ese buen encuentro con ese amigo. Y comprendo esa tentación de quedarte...tambien a mi me ha sucedido en alguna ocasión.

Un abrazo.

Mamen dijo...

Qué bonitas palabras y qué bonito ese encuentro¡¡;)))

TE DEJO UN BESAZOZOOOOO ENORMMEEE¡¡

Jan Puerta dijo...

Apreciado Pedro…
Sin duda, Fernando a parte de un buen anfitrión es un personaje para sentarse y dejar que las palabras fluyan sin prisas. Con las pausas necesarias que se dan mientras se toma un buen café, una buena copa y si no hay ningún habano que se precie, sin duda unas notas jazzisticas recomendadas por la experiencia del interlocutor.
En mi andadura por estos mundos de blogs, he conocido a diferentes personajes con los cuales me hubiera gustado comer con ellos. La distancia sigue siendo un impedimento para hacerlo realidad. Pero no hay queja en todo, ya que gracias a este medio, el primer fundamento se esta consolidando. Uno es como escribe y las afinidades se vuelven manifiestas leyendo.
Lo demás… cuestión de tiempo.
Un fuerte abrazo a ambos.

REIKIJAI dijo...

Muchas veces extraño los olores, de la casa de mis padres, de los abuelos; el chocolate de los sábados, el tuco de los domingos, el te con las tías viejas. Le comentaba a un amigo en común(Cornelivs),que me gusta sentir en la mañana, el olor a pan tostado. Se que estoy en casa. También me toco viajar mucho, lo más importante era volver. Es hermosa esa forma de recibir y ese cocido, riquísimo…Pedro;también hubiese elegido quedarme.Te Dejo Un Beso Silvi.

Raúl Urbina dijo...

Fernando Portillo tiene que ser un tipo muy interesante para hablar con él. Su blog cada día me gusta más.
Es una delicia encontrarse en una casa ajena como en casa. Como te pasa a ti, a mí me da la impresión de estar siempre en ninguna parte. Como decía Pisani en una entrevista de Balzac.TV, "Yo soy extranjero siempre y en todas partes".

Nome Andrés dijo...

Abrir las puertas de casa es abrir las puertas del corazón.

impersonem dijo...

El corazón se alegra cuando encuentra una confortable hospitalidad como la que describes, una amena conversación como la que describes y del cocido y el codillo nada digo pues soy vegetariano; y me alegro del buen rato que pasasteis y que cuentas.

Lo de las mudanzas ya es otra cosa...aunque sumar kilómetros y paisajes enriquece las experiencias, el hogar, sea dulce, salado o soso, me gusta más.

Saludos.

María dijo...

Un placer haber comido cocido, y, sobre todo, en tan buena compañía, como tú lo has hecho, aderezado todo ello con una buena tertulia, me alegro que te hayas sentido incluso mucho mejor que en tu propia casa, y que no pierdas nunca nunca nunca el ánimo, ni la sonrisa, ni sobre todo, la ilusión, a pesar de los kms que recorras.

Tengo que decirte que, casualmente, hace aproximadamente hora y media, he tenido la suerte de haber conocido, gracias a su Director, el blog de "La Palabra".

Un beso.

Fernando Portillo dijo...

Gracias, Pedro. Una vez, hace mucho y no recuerdo dónde, escuché esta frase: "mi hogar está allí donde cuelgo el sombrero". Me pareció fabulosa como filosofía y como manera de sentir los lugares: una silla para sentarte, un clavo en la pared y tu sombrero. Y el resto es accesorio. Cada día lo voy sintiendo más así. Me gustaría poder salir andando un dia con las manos en los bolsillos y no echar nada de menos. Bueno, si, el sombrero, para poderlo colgar en alguna parte y sentirme en casa.
¡Y por supuesto, Jan Puerta y tú quedáis nombrados hijos adoptivos!

Merche Pallarés dijo...

¡Qué ilusión es conocer a los blogueros! A mi me encantó la Olla dónde os conocí a unos cuántos. A mi me encantaría invitaros a mi casa tambien y sentarnos alrededor de un cocido humeante. Me alegro mucho de que te sintieras como en casa, querido Pedro y, ya ves, quedas adoptado por FERNANDO PORTILLO.

Sí ¿qué pasó con el masaje de chocolate y menta? Besotes, M.

Myr dijo...

La amistad como el amor, tienen multiples formas. Es bueno y saludable poder contar con ellos.

Abrazos

Anónimo dijo...

Lo pintas tan bien que tendré que pasarme por el blog de Fernando, tendrá que perdonarme, pero no lo conozco. Parece una persona interesante. Un beso Isabel.

pablo miguel simón dijo...

Yo también tuve la suerte hace poco de cenar en familia, más numerosa (la suma de la suya y la mía) con Fernando. Todo lo que puedo decir es que las personas buenas y las buenas personas tienen en su casa motivos de sobra para sentirse a gusto, tal es la calidad humana de quienes allí habitan. Este mundo virtual es responsable también de tanto acercamiento entre nosotros, pues antes de coincidir en la red no contactábamos tanto, a pesar de la columna que escribe en el periódico. Su blog, me apunto el tanto de haber imaginado que el espacio le iba a ir "al dedo", me parece una delicia casi diaria que tiene hasta su punto medicinal para una amplia serie de indicaciones, puede provocar sonrisas internas o sonoras carcajadas y mover a la reflexión desde un metro más arriba de la dignidad. No está contraindicado y no produce otros efectos secundarios que la necesidad de volver a visitarlo.

Antonio Aguilera dijo...

Llegò hasta mi ordenador el aroma del cocido, aùn queda sabor en mi boca.
Sinestèsico relato; què darìa yo por gozar aunque fuera una vez al mes de un momento de esos.

Gracias por compartir ese momento, me he sentido muy a gusto en casa de Fernando con vosotros.

Goathemala dijo...

Amistad, conversación, literatura y buena mesa. Poco más se puede pedir.

Combates muy bien el desarraigo. Lo digo por mi propia experiencia.

Abrazos.

marga dijo...

Es cierto, hay lugares en los cuales nada más llegar sabes que estás en casa. Esa sensación de tener abrigado el corazón, que se produce difícilmente. (voy a ser sincera un buen guiso ayuda y mucho, a veces he sentido como una cueva se convertía, por arte de birlibirloque, en un palacio)
Hay sitios en los que nada más entrar sabes que has llegado a donde ibas y sin darte ni cuenta cuelgas tus armas en el perchero de la entrada, para sentarte a la mesa desnudo.

Francisco O. Campillo dijo...

No soy cotilla, pero me hubiese gustado observar vuestra conversación por un agujerito.
Bueno, por un ventanuco mejor, para haber podido abastecerme de condumio ;-)

Vampi666 dijo...

Un buen cocido y una mejor compañia, dos buenas tentaciones para querer quedarse. Me alegro mucho de que te sintieras tan bien.
Un besito

Selma dijo...

Esta es la magia de los Blogs, permitir el paso de visitar una casa "virtual" a una casa "real" y estar encantado hasta el punto de querer quedarse y no me extraña... a todos nosotros nos llega gracias a tus palabras, el olor del cocido y sobre todo lo entrañable del encuentro y el cariño que sentiste en la casa de Fernando y su familia...

Besos, Pedro.

Gabiprog dijo...

No se puede perder la sonrisa aunque las sensaciones de hogar estén en un petate, lo hemos llenado y cargado con él. Es nuestro.

Anónimo dijo...

Me entreno con el scrabble :)

Mordiscos!!

BIPOLAR dijo...

A veces, veo Labordetas en todas partes...

Aldabra dijo...

te comprendo, aunque tengo la gran suerte de que he podido construir un hogar para Senia y para mí. Cuando hay alguien más, como ahora, es estupendo, pero sino, el hogar sigue estando para nosotras, dándonos cobijo y calor.

biquiños.

p.d.: todo llega y también ha de llegar un día para ti, debes estar atento.

Anónimo dijo...

Irrumpió como un ciclón del Atlántico en La Acequia e inmediatamente se hizo querer. Me gusta lo que escribe porque suena diferente. Es como un soplo de aire fresco al columnismo. pancho

tejedora dijo...

Pedro: Son visitas que no se olvidan e incluso te sentirías como en casa. Deseo que se produzca una más o las que sean. Es bueno conocer a gente.

Un abrazo.

Blogofago dijo...

Para el Sr. Portillo:
http://www.goear.com/listen.php?v=2c90dc8
Wherever I lay my hat (that's my home) de Paul Young

No es la musica jazz del Portu, pero no esta mal :)

Mafi dijo...

El hogar va con nosotros pero desde luego hay gente excepcional que hacen a todo el mundo sentirse bien, es lo que hay que aprender. ;)

La Gata Coqueta dijo...

Es muy gratificante cuando se esta fuera de su casa, por las razones que sean y es recibido en un hogar con calor, nos hace sentir un poco de nostalgia por lo perdido en la infancia y no se puede evitar pensar constantemente de esos bellos recuedos que estan ya casi dormidos en el olvido.

Te deseo que tengas siempre estos encuentros tan ricos para el espíritu.

Un fuerte abrazo con todo el afecto del qe soy portadora en estos momentos para ti.

Bea dijo...

Que bueno es encontar otros hogares en los que uno se siente como en casa. Sweet home.

El Deme dijo...

Lo bueno de la vida es esa gente maravillosa con la que comes, ríes y hablas, esas personas que nos hacen sentirnos felices a su lado.

Kety dijo...

"me sentí muy a gusto, como si estuviera en casa, en esa casa que nunca he tenido de verdad después de que salí de la de mis padres":

Esta frase me ha llegado al alma como madre que tiene a su hijo lejos.
Pero tiene su lado positivo, .culturas diferentes, paises diferentes- o al menos eso quiero creer.

Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Hola a todos: Es difícil de explicar esa sensación que siente uno cuando entra en una casa por primera vez y se encuentra a gusto, acogido y querido. Eso me pasó en la casa de Fernando Portillo. Aquellos que habéis manifestado la intención de pasar por su blog para conocerlo, comprenderéis por qué lo digo. Un abrazo y gracias por vuestros comentarios y perdonad que esta vez no os responda individualmente.