jueves, 3 de enero de 2008

Árbol en niebla.


Desde ayer, un frente de nubes ha barrido las nieblas. Vengo de una ciudad en la que, de niño, las nieblas duraban semanas, con una visibilidad de unos pocos metros aureolados de vez en cuando por la luz débil de una farola. Ya no hay nieblas como aquellas. Salíamos a la calle abrigados por nuestras madres, como si fuéramos los pioneros expedicionarios al Polo Norte. Recuerdo cómo me gustaban aquellos documentales en blanco y negro en los que se los veía andar con la torpeza de los alunizados y los saltos de los fotogramas. Todavía hoy me gusta ver películas basadas en sus aventuras no siempre exitosas. Sobre todo me llamaban la atención aquellos que no volvieron y quedaron congelados hasta que meses después los encontraban, agarrados a sus diarios como si fueran el único testimonio de sus logros. ¿Qué se puede escribir cuando la muerte es cierta e inminente? ¿Mentir sobre los logros o decir la verdad, incluido el compañerismo o la lucha entre los miembros del grupo? Por otra parte, qué muerte no lo es.
Cuando vi este árbol sometido al ensimismamiento de la niebla, sin más color que el de su propia silueta asombrada, reviví aquellas sensaciones de la infancia y cómo me recuerdo, en aquel tiempo, refugiando las manos en los bolsillos y el rostro en la bufanda, anudada como sólo lo saben hacer las madres.

8 comentarios:

manuel-tuccitano dijo...

FELIZ AÑO, MIS MEJORES DESEOS PARA ESTE "ACEQUIERO"...que tu Acequía siga regando con rios de tinta estos relatos llenos de poesía...

Llevo tiempo reflexionando sobre el paso de la vida y si habré sido útil o no...como aquel que dijo "solo se que no se nada"...por eso sigo aprendiendo y recordando...Un abrazo..

Pilar dijo...

No me hables de la muerte.
No quiero convertirme en inerte.
No, que no quiero muerte.
No, que tengo miedo a la muerte.
Es la suerte o es la muerte.

Hoy, ahora, como nunca, tengo miedo a la muerte.
Ahora sí, en este preciso momento.

Es tan breve todo...
Tan pasajero...

A veces pienso que voy a morir joven.
¿Por qué? Será porque mi Peter Pan sigue volando o será porque sí voy a morir joven.
Muerte, vida.
Vivir muriendo,

pancho dijo...

A pesar del recuerdo de aquellos trágicos , gélidos documentales al límite sobre las hazañas de Amundsen y Peary en los polos , nuestro paseante se ha despojado de todo lo accesorio y prescindible, quedando reducido a una silueta incierta, pero suficiente para evitar el desvistamiento del cazador de las insólitas instantáneas.

______________ dijo...

Es lo que tiene el invierno, que viene envuelto en melancolía, en recuerdos, porque no es una estacón tan cruel como dicen, solo fría, pero tmabién tiene sus momnetos felices. Yo también recuerdo ir enfundado en ropa de abrigo, y la lluvia y la niebla. No sé quizas son menos niebla y lluvia con la edad.

Un abrazo,

Pedro.

fernando dijo...

ya cada vez hay menos niebla y todavía menos nieve. El cambio climático está llegando poco a poco.

un abrazo.

jg riobò dijo...

A mí el tema nieve, ventisca, frío helador ... me da pavor, no creo que sean circunstancias para poder vivir medianamente bien.

Francisco O. Campillo dijo...

A mi también me apasionan las historias de los exploradores polares. Y de todas ellas, me quedo con la aventura de Ernest Shackleton que junto a al resto de sus compañeros fue capaz de sobrevivir 2 años ¡dos largos años! en la Antártida abandonados de la civilización que se despedazaba en la Gran Guerra ¿Civilización?

El lema de Shackleton era éste:

"Nunca la bandera arriada,
nunca la última empresa"

Pedro Ojeda Escudero dijo...

MANUEL: Gracias por tus buenos deseos, que son también los míos para ti. ¿La utlidad de nuestra vida? a veces, querido amigo, siento que debemos procurar que nuestra descomposición sirva del mejor abono posible para esta maltratada tierra.

PILAR: Muerte y vida y muerte: nuestros límites.

PANCHO: hay que echar lastre, amigo.

______: con la edad todo pierde su magia, Pedro.

FERNANDO: aunque algunos lo nieguen.

JAVIER: pero me reconocerás que tienen su encanto poético... vistas, en efecto, desde la ventana, con un buen fuego y una taza de café caliente.

FRANCISCO: ¡dos años! En efecto, más tiempo perdieron los que se mataban en el continente.

Un abrazo a todos y gracias por vuestros comentarios.