viernes, 4 de enero de 2008

La creencia del miedo.


He paseado, a poco de amanecer, cuando la luz está más limpia, y me he parado a ver los perfiles de las cosas. Y de las aristas y los límites me ha surgido la duda sobre la triste Historia del ser humano. Cuando todo era miedo, construimos creencias y códigos para darnos seguridad ante el otro y una naturaleza indomable. Nos salvamos construyendo fosos y murallas y creíamos nuestras victorias propiciadas por los ídolos recientes. Si alguna vez nos sentimos fuertes y superiores, miramos con sentimiento apenado a los que nos rodeaban e intentábamos salvarlos de lo que pensábamos errores o miserias o atrasos con nuestras certezas, casi siempre hijas vanas de la soberbia. Sin embargo, también ha sido posible, en ocasiones, tender la mano al otro, sin más. Y acompañarlo.

10 comentarios:

jg riobò dijo...

En esta vida lo único que hay que hacer es acompañar al otro, y dejarse llevar por los mandatos que recibimos sin más, fluir en un sin cesar.
A veces no comprendemos, pero pasado un tiempo todo encaja.

pancho dijo...

Queda por ver si “el salvado” distingue la mano del que ayuda por interés (te quiero Andrés) del otro que lo hace de corazón, o del que lo hace por limpiar su mala conciencia de rico insolidario.

fernando dijo...

el miedo siempre ha perseguido al hombre. De ello han surgido mitos, creencias y todo tipo de leyendas para hacernos más fácil la vida. Sobre todo, se ha tenido miedo, se tiene y se tendrá a lo desconocido.

un abrazo.

manuel-tuccitano dijo...

...la religión es el opio del pueblo"...o lo que decía mi profesor de filosofía "es la borrachera de anís de garrafón...que cuando te das cuenta te revienta la cabeza"...Siempre inventamos e inventaremos caminos de salvación para lo insalvable......"tender la mano al otro sin más": que fácil decirlo, pero que dificil cumplirlo....Saludos

Lola Bertrand dijo...

Unas palabras llenas de filosofía y belleza.
Gracias por tu visita, y... tus fotos son muy originales, tienen oersonalidad.
Abrazos de mar
lola

Caelio dijo...

..tender la mano al otro, sin más...

Es gratis y reconforta a las dos partes. No es necesario pertenecer a ningún selecto club. El calor humano es lo que tiene, no conoce colores, ni ideas, ni creencias.

Bonita entrada, donPedro.

Francisco O. Campillo dijo...

Cada día creo menos, lo cual no es nada fácil. Sin embargo, sigo pensando que hay quien tiende su mano, sin más. Es de las pocas cosas que merecen realmente la pena.

Extraordinario post.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

JAVIER: tus palabras suenan místicas, quizá hay que rasear más en lo humano: el otro eres también tú, ni mejor ni peor. Me gusta lo de fluir, en el fondo es una definición de la vida.

PANCHO: tienes razón, qué difícil es el encuentro.

FERNANDO: en efecto, pero siempre habrá quien lo dé todo para adentrarse en ello. Esa es la diferencia entre el miedo y el valor.

MANUEL: en efecto, el temor a la muerte puede llegar a paralizar la razón y convertirse en disfraz de nuestras acciones. Habrá que intentarlo.

LOLA: Gracias pro tus palabras. Y qué bien suenan tus abrazos de mar.

CAELIO: hay que acogerse al calor de la compañía. Un buen abrazo.

FRANCISCO: y tú eres un ejemplo. Hay que seguir ese camino. Gracias.

Gracias a todos por vuestros comentarios, y un fuerte abrazo.

PILAR dijo...

Estar,
estar a tu lado,
estate a mi lado,
simplemente, estar.
El silencio de la compañía.
Es como estar en casa.
Acompañarse, ¡qué bien suena!
Quiero estar y que estés.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Tienes razón, PILAR: a veces, el silencio en compañía es mejor que las palabras. Hay personas que no saben apreciar esto.