sábado, 15 de diciembre de 2007

La belleza del otro (1)


Con demasiada frecuencia ansiamos ser el otro o la otra: envidiamos vidas ajenas, soñamos ocupar su lugar, sus mujeres o sus hombres, sus viajes, sus éxitos o su tranquilidad. Quizá al otro le pase lo mismo. Quizá es un deseo que está en nuestros genes desde lo más primitivo y que en su día contribuyó a la supervivencia de la especie. En su lado más positivo, este sentimiento nos podría mejorar. Pero, por lo general, este deseo nos hace insatisfechos de forma permanente aunque sepamos que el otro vive lo que le envidiamos como rutina y aspira a otras cosas que quizá tengamos nosotros. Hay demasiadas cosas en nuestra mente que nos condenan a ser infelices.

8 comentarios:

nerea dijo...

Sería bueno sí solo nos fijaramos en aquellas "cosas" que nos ayudara a mejorar a nosotros, es decir, sí la persona es mejor que nosotros en un "algo" y entonces decidieramos a mejorar ese "algo" nuestro, pero nunca es así. Sólo nos sirve para criticar, para desear lo ajeno y amargarnos por no tenerlo, para rendirnos pq "para que, no soy mejor, ni más guapa, ni más lista...". En vez de alegrarnos de los triunfos de otras personas e intentar los propios triunfos, lo que hacemos es maldecir a esas otras personas...

Besicos! (Qué tal estas?)

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

Debemos aceptar como somos, lo que tenemos y lo que podemos llegar a ser. ESo sí, siempre queda la esperanza de mejorar, pero sin convertise en un obsesión o condena.

un abrazo.

manuel-tuccitano dijo...

Interesante reflexión...yo en muchas ocasiones reflexiono sobre la siguiente frase "Te tengo envidia...pero sana"...no entiendo la envidia sanan..
Cuando se envidia algo...es por el deseo de tenerlo nosotros y si el otro lo puede perder mejor que mejor... Un saludo

jg riobò dijo...

Ser el otro o la otra, no es mi caso. Utilizo la vida del otro o la otra para imaginarme vivir su vida, sin tener que vivirla, como si leyera una novela.
No envidio pues. Vivo a través de él o ella.
La foto magnífica con esos reflejos de árboles.

Lazarillo en América dijo...

Yo siempre he sido el otro. Aún me pregunto si por supervivencia o por llevar la contra. En todo caso soy feliz. ;)

Pedro Ojeda Escudero dijo...

NEREA: estamos tan poco acostumbrados a no comprendernos a nosotros mismos y ni siquiera a mirarnos que estamos demasiado pendientes del otro. Besicos, Nerea. Tirando, a ver si llega Navidad y puedo recuperarme algo del cansancio y del estrés.

FERNANDO: Bienvenido a La Acequia. Te devolveré visita. Aceptarnos... qué difícil. Un abrazo.

MANUEL: Tienes razón, qué malo es sufrir de envidia. Saludos.

JAVIER: Te conozco, sé que dices la verdad y se nota en tu obra.

LAZARILLO: si lo has conseguido, en efecto, tendrás un grado de felicidad muy elevado. Un abrazo.

Gracias a todos por vuestros comentarios.

PILAR dijo...

Durante mucho tiempo, no me quería, y hasta no me aguantaba...fueron años muy chungos, verdaderamente esa es la palabra que mejor define para mi esa época que espero no vuelva...
chungos, chungos...
Poco a poco, no por arte de "birlibirloque", sino tal vez por la madurez?, por la transigencia? o porque coño?, sí, porque cumplí los CUARENTA, aunque yo diría que un poco antes empecé a quererme, y ahora me llevo de maravilla (tengo días malos también, eh?), y lo mejor de todo es que eso hace que en general me lleve bien con los demás.
Y, sinceramente, no envidio a los demás, porque tengo muy claramente asumido que mi vida es un regalo y es la que me toca, con sus cosas buenas y malas, y la de los demás allá ellos, también tendrá lo mismo. De verdad, es que esto lo tengo claro, clarito.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

PILAR: ese el principio de toda salud. Persevera.