jueves, 3 de mayo de 2007

El exceso: "La maldición de la flor dorada"



El exceso, como todo, tiene su momento. Y su dosis. La maldición de la flor dorada es una película que dará buenas entradas en los cines, pero inevitablemente tendrá malas críticas. No es una película para la gran historia del cine, sino para el espectador medio. De ella no saldrá nada nuevo (quizá alguna parodia), pero el público que guste de las grandes películas de acción con temática histórica, a la manera de los largometrajes que se hicieron hasta principio de los años sesenta, encontrará momentos de placer en la contemplación de este film de Zhang Yimou.
Al contar una intriga palaciega de la China imperial del siglo X, el director ha optado por el exceso. Especialmente en lo visual. El lujo del palacio, todo cubierto de oro, de los vestidos y los adornos de las mujeres, de las armaduras de los guerreros, el fuerte contraste de los colores, incluso el de la sangre. ¡Qué desbordada escena la aparición de los diez mil soldados del crisantemo -flor que da origen al título y que simboliza la rebelión- con sus armaduras doradas!
Por lo demás, el argumento también es excesivo, como los dramones decimonónicos, de los que no se escatima ningún elemento: intrigas, amores contrariados, ocultamiento de identidad, veneno, incesto, venganza, honor, etc.
A mí la película no me gustó, pero me arrastró en muchas escenas. No puedo evitarlo: sigo disfrutando de este cine, aunque ya me sepa los trucos.
Y Gong Li, una de las mujeres más bellas del mundo, que me sedujo para siempre en su papel (tan clásico, extraído con bisturí del cine en blanco y negro) de La caja china (1997), en la que tan bien supo dar la réplica a Jeremy Irons.
No la aconsejo. No la desaconsejo.

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